El Tratado Constitucional está en un impasse, el calendario de futuras ampliaciones plantea importantes tensiones internas, el crecimiento económico europeo en el tercer trimestre de 2005 se ha situado a un decepcionante nivel del 1,8%, la inversión privada europea en I+D sigue a la cola de las mayores economías del mundo y las importaciones energéticas de la Unión Europea alcanzan el 50%, amenazando una recuperación económica ya dificultada por la dependencia de un petróleo cada vez más caro. Y mientras tanto, los tipos de interés suben, asfixiando aún más las ya debilitadas economías domesticas.
En estos momentos, de incertidumbre, debemos recordar que las dificultades, los retos a los que nos hemos enfrentado los europeos en el último siglo no han sido menores y los hemos superado con éxito. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos daban a Europa por destruida para siempre, la firme voluntad de unidad, cooperación y solidaridad entre los países europeos permitió reconstruir rápidamente el continente. Todo ello fue posible porque los europeos dijimos SÍ A EUROPA, venciendo todos nuestros miedos, odios fraticidas y egoísmos nacionales.
El éxito del proceso de transformación de Europa hacia su unidad política, en este nuevo mundo interdependiente y de potencias emergentes, es clave para el futuro de nuestras sociedades. El despertar de Europa a esta realidad llena de desafíos e interrogantes es apasionante, pero no hay garantías de éxito si no impulsamos la Unión Europea política. La falta de compromiso con el proyecto europeo nos conducirá hacia la marginación histórica en un mundo interdependiente con nuevas potencias emergentes que reclama sólidas y dimensionadas estructuras políticas y económicas. Este nuevo mundo multipolar exige a los europeos una renovada superación de las fronteras e intereses estrictamente nacionales para poder afrontar, con garantías de éxito, los nuevos desafíos globales.
Por ello, EUROBASK defiende la necesidad de MÁS EUROPA como solución para, desde el respeto a la diversidad y las identidades nacionales, construir una nueva sociedad europea del siglo XXI cohesionada, activa e ilusionada, capaz de promover la innovación política, social y económica de un proyecto que surgió en 1951 y que ha proporcionado más de 50 años de paz, prosperidad económica y libertad a los europeos, pero que no responde actualmente a las expectativas y esperanzas de la ciudadanía europea. Por ello, es necesario incorporar las críticas a la construcción europea, pero sin que éstas oculten los impresionantes logros alcanzados y las incalculables posibilidades de actuación y éxito futuro que la Unión Europea nos ofrece a los europeos.