Durante su intervención ante las comisiones de Transportes e Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo, la eurodiputada Oihane Agirregoitia ha reclamado a los comisarios europeos de Transporte y Energía que antepongan infraestructuras y conexiones ya acordadas
05NoviembreLa eurodiputada jeltzale, Oihane Agirregoitia, ha urgido este miércoles a los comisarios europeos de transporte, Apostolos Tzitzikostas, y de energía, Dan Jorgensen, a dar prioridad, en el nuevo mecanismo Connecting Europe Facility (CEF en sus siglas en inglés) que entrará en vigor a partir de 2028, el instrumento dedicado a la financiación de infraestructuras europeas, a los proyectos ya acordados y aprobados y cuyo despliegue avanza con retraso.
“Estos retrasos hacen imposibles las conexiones transfronterizas. La Comisión Europea dispone de muchos estudios que nos dicen que estas conexiones tienen impactos positivos en el Producto Interior Bruto (PIB), en la generación de empleo y, por lo tanto, de riqueza. Necesitamos que presionen y que ayuden también donde lo necesiten a los Estados para que exista un compromiso real político y de financiación”, ha manifestado Agirregoitia como ponente de la comisión de Transportes de la Eurocámara del mecanismo.
“Como sabemos que la financiación no llega para todo lo que pedimos es que los fondos del programa se destinen a proyectos de la Unión Europea frente a terceros países. Estamos en un momento muy crítico. Entendemos que la financiación debe estar dirigida a mejorar la conectividad en Europa y a mejorar precios de la energía porque nuestra gente se merece energía más barata y buenas conexiones”, ha añadido la jeltzale.
Jorgensen y Tzitzikostas han comparecido conjuntamente este miércoles ante los eurodiputados y eurodiputadas de las comisiones de transportes e industria, investigación y energía del Parlamento Europeo para presentar el contenido de la nueva propuesta llamada a apoyar el desarrollo de infraestructuras de transportes y energía, eliminar cuellos de botella, mejorar conexiones transfronterizas, impulsar la competitividad y la transición a una economía sostenible con un paquete de 81.428 millones, de los cuales unos 34.000 millones se proponen para transporte.
En su intervención, Tzitzikostas se ha comprometido a apoyar todos los proyectos en curso y a liminar los cuellos de botella, particularmente en las conexiones transfronterizas. El comisario ha mencionado el año 2030 como “fecha clave” para completar los tramos transfronterizos. La presentación ha coincidido con la publicación de un nuevo plan de acción del Ejecutivo comunitario para acelerar el despliegue de la red ferroviaria de alta velocidad en la Unión Europea e impulsar inversiones en combustibles renovables y menos contaminantes para aviación y marítimo.
El plan, que fija del año 2040 a más tardar como fecha de conclusión, pone el foco en conseguir una red europea más rápida, más interoperable y mejor conectada, con un tiempo de viaje entre París y Madrid, a través del corredor ferroviario atlántico que atravesará Euskadi, de 6 horas. Bruselas sostiene que hay que eliminar los cuellos de botella transfronterizos, como puede ser el de Irún-Hendaia, mediante plazos vinculantes que se fijarán para el año 2027y la identificación de opciones para alcanzar velocidades más altas, incluso superiores a los 250 km/h cuando sea económicamente viable.
Además, plantea una estrategia de financiación coordinada, con Estados miembros, industria e instituciones financieras, y mejorar las condiciones para las inversiones privadas por medio de un entorno normativo más atractivo y mejorando los sistemas transfronterizos de venta de billetes y reservas. Por ejemplo, facilitar la compra de billetes para viajes combinados de distintos operadores.
“Sobre el papel está muy bien. Todo lo que sea acelerar el desarrollo de una red ferroviaria que acumula demasiados retrasos y es crucial para conectarnos con Europa es positivo. Pero necesitamos más inversiones en conexiones y un presupuesto europeo ambicioso. La Comisión Europea habla de que finalizar la red que ya está planificada costará 345.000 millones y si queremos que sea capaz de funcionar a velocidades más rápidas, con velocidades por encima de los 250 km/h, unos 546.000 millones para 2050. Así que necesitaremos dos cosas: inversiones y voluntad política real por parte de los Estados miembros para pisar el acelerador”.