AL poco de llegar a Palestina, uno aprende a diferenciar si los pueblos sitos a un lado u otro del muro pertenecen a Israel o Palestina. Aquellos con edificios muy juntos, grandes bidones negros para el agua en los tejados, sin servicio de recogida de basuras regular... pertenecen a Palestina. Para paliar la falta de espacio y autorizaciones a la construcción de nuevos edificios, crecen hacia arriba, en precario. Por el contrario, las colonias de Israel se asientan en los mejores terrenos, en las colinas, cerca de los recursos acuíferos, existe planificación urbanística, espacios verdes, accesos perfectamente asfaltados... y siempre dejan un gran espacio entre la colonia construida y el muro para futuras expansiones.
A lo largo del muro existen numerosos check points, en los que hay que identificarse y los controles para entrar en Israel son exhaustivos. Suponen una limitación de movimiento inimaginable. Tal y como nos han relatado varios palestinos, les están robando hasta su tiempo: para ir al colegio, a trabajar, al hospital... Y, en esta vida el tiempo es lo único irrecuperable.
Jerusalén, ciudad importante para judíos, cristianos y musulmanes, está dividida en: Jerusalén Este, zona israelí; y al Oeste, la Jerusalén palestina.. Se está sacando a palestinos de sus casas para dárselas a familias israelíes, quienes lo primero que hacen para demostrar la colonización es colocar banderas de Israel en las ventanas. También impresiona ver a dos jóvenes israelíes dirigirse paseando al muro de lamentaciones a rezar, con una ametralladora bien visible.
En Hebrón hay carreteras en las que los palestinos no pueden circular en vehículos a motor, otras les están vetadas incluso para andar y en otras no pueden abrir comercios. El resultado es una ciudad fantasma, que ha perdido su importancia comercial. Mientras las colonias crecen, los palestinos se ven obligados a dar grandes rodeos para moverse de un lado del pueblo al otro...
Qalquilia es una ciudad agrícola al noroeste de Jerusalén. El muro ha separado el pueblo de las tierras de cultivo. Los soldados israelíes abren durante media hora por la mañana la puerta de acceso a los terrenos y a la tarde durante otra media hora para poder volver a casa.
Mención especial merecen los beduinos, por la situación que vienen padeciendo. Los terrenos de pasto se han reducido drásticamente para hacer carreteras que facilitan la vida a los colonos, que además se han hecho con el control del agua, impidiéndoles utilizar los ríos que han usado durante décadas.
También han tenido problemas para la construcción de una escuela ante la negativa de Israel a darles el permiso de construcción pertinente. Por lo que la hicieron con cooperantes internacionales, de noche, y en un tiempo récord.
Estas situaciones que no son más que una pequeña muestra de las dificultades con las que se encuentra la población palestina en su vida diaria, nos hacen afirmar que se está produciendo una vulneración constante de los derechos humanos del pueblo palestino, por parte de Israel.
Israel tiene una estrategia muy bien diseñada para hacerse con un mayor control de los actuales territorios palestinos. Se está expandiendo en Jerusalén hacia el Oeste mediante la creación de colonias. De esta forma conseguirá hacerse con toda la franja que dividirá Cisjordania entre norte y sur, debiendo pasar por la zona israelí, en el centro. Las limitaciones de movimientos, la imposibilidad de construcción, la separación del muro... pretenden que los palestinos abandonen voluntariamente su tierra, pero todavía quedan activistas palestinos dispuestos a denunciar las injusticias y a resistir.
Nos gustaría haber podido visitar Gaza, pero el ejército israelí no autorizó la entrada de nuestra delegación. Estamos seguros de que no quieren que observadores internacionales podamos constatar el bloqueo al que está sometida la franja a fin de que no lo podamos contar.
Esto es, en resumen, lo que hemos podido ver y vivir, y que queremos trasladar a la opinión pública, porque lo único que le queda a Palestina es que no nos olvidemos de ella. Ha sido la petición reiterada por distintos grupos con los que nos reunimos durante nuestra visita: "Cuando volváis a casa, no nos olvidéis". No lo haremos.