A Iñigo Urkullu se le nota relajado y satisfecho. Accede sin problemas a la petición del fotógrafo para retratarle en la azotea de Sabin Etxea, a donde, confiesa, no ha subido nunca antes. Tras un primer tramo de empinada escalinata y otro en el que hay que tirar de escalera de mano, el premio merece la pena. Las vistas de Bilbao son impresionantes desde el tejadillo alfombrado de cantos redondos
- ¿Cuánto ha tenido que ver el pacto con el PNV en la remodelación del Gabinete Zapatero?
- Lo que ha tenido que ver ha sido la consecuencia del pacto, la pervivencia del Gobierno hasta el final de legislatura. Eso hacía ineludible la necesidad de un cambio.
- No ha puesto ningún 'pero' a la crisis de gobierno, como han hecho el resto de fuerzas parlamentarias. ¿Se nota ya la sintonía?
- No. En la interpretación de los cambios yo coincido en que son gestos de cara a los sindicatos, y en clave interna del PSOE y de mayor coordinación. Además hay una capacidad de conocimiento de la realidad vasca, con el nuevo ministro de la Presidencia.
- ¿La incorporación de Ramón Jáuregui permitirá engrasar aún más las relaciones PSOE-PNV?
- Para engrasar la relación PSOE-PNV no creo que sea necesaria la figura de Jáuregui. Nosotros ya tenemos una relación con el PSOE y, además, para el desarrollo y gestión del acuerdo está previsto el trabajo de las comisiones de seguimiento y bilateral. Más parecería que su labor fuera de empaste entre el PSOE y el PSE, que no sé si será así.
- ¿Duda de su buena sintonía con el PSE?
- No lo sé. Lo que sí sé es que el PSE se ha quejado estos días de que se han pasado líneas rojas. Lo que indica que la relación entre el PSOE y el PSE necesita de algún engrase.
- ¿Son optimistas respecto al cumplimiento de lo pactado?
- Espero y deseo que no sea conflictivo. El compromiso tiene un calendario tasado en 2010 y 2011 y confío en que el debate sea leal en cuanto al cumplimiento del Estatuto en su letra y en su espíritu.
- Usted y sus compañeros siempre han dicho que no se fiaban de Zapatero. ¿Ahora sí?
- Hay un acuerdo firmado.
- ¿Pero se fía o no?
- No trabajo con eso. Tengo un texto firmado y un calendario que puedo presentar a la sociedad. Veremos qué credibilidad ofrece el PSOE. La nuestra está más que demostrada.
- Por cierto, ¿qué sentido tiene fajarse para completar el Estatuto y luego negarse a celebrarlo?
- No hemos celebrado nunca nada que se interprete como día del Estatuto. Hay, además, una proposición no de ley que fija que se celebrará de forma oficial a partir del año que viene. Se pretende una nueva edición del Día del Estatuto cuando todavía está sin cumplir. Habrá una representación institucional en el acto convocado por el lehendakari ,pero como PNV preferimos seguir trabajando por el cumplimiento estatutario y poder celebrar en su momento que ha sido completado.
- ¿Qué camino emprenderá entonces el PNV?
- (Sonríe) Treinta y un años antes de hoy ya dijimos, cuando el Estatuto se presentó a referéndum, que no era el objetivo final de un partido como el PNV, que reivindica el cumplimiento y la profundización en los derechos históricos del pueblo vasco. Para cuando se culmine el Estatuto, o si vemos que no hay voluntad de cumplirlo, ya estamos trabajando en una iniciativa política, económica y social que es 'Ados'.
- Admita que eso queda ahora en segundo plano.
- No. En el contexto de la Europa occidental del siglo XXI, aspiramos a ser cada vez menos dependientes y más capaces de autogobernarnos sin cerrar las puertas a la voluntad de la sociedad vasca. El Estatuto no es nuestra estación término y la Constitución tampoco. Cada texto jurídico ha de adecuarse a la realidad de cada momento y, por eso, no aspiro a fijar un escenario más allá de una generación.
- ¿Por qué le molesta que se diga que han vuelto a la senda del Estatuto cuando pretendieron hace bien poco superarlo?
- Porque había un bloqueo y era necesario reformarlo. No lo hemos abandonado nunca. El Nuevo Estatuto Político (plan Ibarretxe), presentado ante las Cortes Generales en febrero de 2005 y aprobado por una mayoría absoluta del Parlamento vasco, nunca me cansaré de decir que era una reforma del Estatuto de Gernika.
- ¿Son conscientes del riesgo de unir su destino al de Zapatero, de tener que compartir algunas medidas francamente impopulares?
- No hay ninguna contrapartida en la que, de entrada, tengamos que empeñar nuestro voto. Tenemos las manos libres. Como PNV no tenemos ningún compromiso. Y medidas impopulares son todas aquellas que hay que adoptar para afrontar una crisis económica con garantías.
- ¿Y en el ámbito interno se entiende su paso al frente?
- Es difícil que en el seno del partido sepamos conjugar la cabeza y el corazón, pero hemos hecho mucha pedagogía. Eso nos ha llevado a reconocernos como un partido responsable y constructivo. Teníamos una oportunidad que no podíamos desaprovechar solo por habernos visto desplazados a la oposición.
- ¿Y no será que ya lo han rentabilizado con el torpedo a la imagen del lehendakari López?
- Sinceramente, no ha sido ése el objetivo. Entiendo que se hagan tesis, pero si algo nos ha dolido es que el lehendakari haya dicho que el PNV debía un año a los parados de este país cuando luego ha aplaudido el acuerdo.
- De sus conversaciones con Zapatero, ¿le ha quedado la impresión de que está dispuesto a arriesgarse de nuevo para lograr la paz?
- Zapatero es consciente, por todo lo que hemos hablado él y yo, de que las circunstancias que se están dando hacen que pueda aprovechar este tiempo como una oportunidad para la paz. Eso sí, siempre y cuando quien tiene que dar los pasos los dé.
- Un paso en falso sería costoso.
- Hay que subrayar la cautela y la prudencia pero también la determinación.
- ¿Zapatero le ha garantizado que va a explorar el camino de la paz?
-No, lo que hemos hablado es que otros tienen que dar pasos. Y si se dan, hay un espacio de oportunidad.
Pasos insuficientes
- Pero el propio presidente dijo que los movimientos de la izquierda abertzale no iban a ser en balde. ¿Se lo había dicho a usted?
- Lo que hablemos lo mantengo en la reserva. Tampoco nosotros negamos que hay una dinámica diferente. El presidente sabrá interpretar lo que en el mundo de la izquierda abertzale se está moviendo para poder decir que los pasos no serán en balde. Pero lo primero es decir que son insuficientes.
- ¿No es contraproducente hacer guiños antes de que se muevan?
- Es compatible. Se puede decir: 'no es suficiente, pero por ahí podéis ir bien'.
- ¿Se están moviendo las cosas más deprisa de lo que creían?
- Diferencio siempre entre ETA y la izquierda abertzale. No tengo datos de lo que está pasando en ETA. Sí creo que a la banda cada vez le queda menos espacio. Y en relación a quien representa a la Batasuna ilegalizada no entraré en la disquisición de si es por voluntad o necesidad, pero sí da la impresión de que es consciente de cuál es la situación y desde esa consciencia está avanzado en un discurso público de apuesta por las vías políticas. De manera insuficiente hasta el momento, pero espero que tenga su desarrollo en los próximos meses.
- ¿Estará la izquierda abertzale en las elecciones municipales?
- Si lo comparamos con la imagen de un reloj, la izquierda abertzale está a menos cinco.
- ¿Está usted más convencido de que esto va en serio hoy que el 5 de septiembre, cuando ETA emitió su primer comunicado?
- No. Fíjese que no pienso que seamos menos escépticos, sino que, por haber mostrado escepticismo cuando lo mostramos, hemos marcado el terreno. Tenemos que ser tajantes ante ETA y francos con la izquierda abertzale. No es que nos quieran convencer, sino en qué medida podemos ayudar nosotros a que ellos den los pasos.
- ¿Le decepcionó la entrevista de Otegi?
- No hay novedades, es un discurso para hacer pedagogía interna en su propio mundo. Pero a mí me resulta decepcionante que hable de los mediadores internacionales para justificar su avance y no tome en consideración a la propia sociedad vasca que es la que está diciendo 'tenéis que moveros'. Y me resulta triste que no diga que no tiene que haber ningún atentado, en vez de que la izquierda abertzale se opondría si lo hay. A mí no me tiene que vender ninguna moto Otegi.
- ¿Se han vencido las resistencias internas en ese mundo?
- Da la impresión de que hay una mayoría que entiende cuál es la situación.
- ¿Qué le evoca la imagen que dibuja Otegi de Batasuna y el PSE tomando café?
- Me evoca algo que deseo, que eso pase como consecuencia de una normalidad en la convivencia política. Y algo que entiendo lógico de alguien que se declara socialista como Otegi. Es importante saber que detrás de la izquierda abertzale que se define independentista hay un objetivo ideológico que es el socialismo. Su objetivo es suplir al PNV. Y a partir de ahí se aclarará el panorama, porque su ámbito de relación natural será pactar con el PSE.
- ¿Y ustedes con el PP?
- No, en absoluto. Nosotros queremos liderar el nacionalismo y también la cohesión social.
- ¿El PNV ha leído el tándem Rubalcaba-Jáuregui en clave de final de ETA?
- Rubalcaba puede jugar con un 'plan A' y con un 'plan B'. Sigue siendo ministro del Interior y le corresponde dirigir la acción policial y la política penitenciaria, pero siendo vicepresidente primero puede tener otra función si se mueven más cosas en el sentido que queremos que se muevan.
- ¿Definirían su estrategia como de palo y zanahoria?
- Del PSOE en su conjunto. No puedo olvidarme del papel de otros, como Jesús Eguiguren, de los que de vez en cuando se dice que son jugadores sueltos, cuando las cosas van mal. Pero si van bien, hay que sacar pecho.