En cuestiones futbolísticas, a falta de nuestra selección, Holanda ha sido y sigue siendo mi selección. Y mi modelo de país. Es cierto que también está pasando por turbulencias e incertidumbres de la que nadie es ajeno. Pero sigue siendo modelo, porque junto a otros de mis modelos, Dinamarca y Alemania, están siendo capaces de abordar los grandes debates que marcan la agenda de todo el mundo y de la que Euskadi tampoco puede mantenerse al margen. Me refiero concretamente a la reforma de pensiones y la reforma laboral.
En Euskadi, hasta el momento, apenas ha existido debate y , sobre todo, el debate se retrasa a la espera de que el nuevo marco nos facilite la solución a las contradicciones y las legítimas y lógicas discrepancias que existen dentro del conjunto de la sociedad vasca. La legítima reclamación de un marco propio de relaciones laborales y la consecución de ese objetivo, vital para nuestro autogobierno, no nos servirá, sin embargo, para escaparnos del debate, servirá para retrasarlo a lo sumo. Pero a la espera de ese escenario, mejor será que se afronte con valentía y sin mucha dilación un debate de características mundiales y clave para el devenir del futuro de nuestras sociedades. Todos están en la tarea, incluido el Partido Comunista Cubano.
Es cierta la denuncia y la crítica dura que hacen los sindicatos vascos del pillaje perpetrado por los bancos y la gran patronal. En esto coinciden con el discurso del primer presidente norteamericano que ha sacado adelante la reforma sanitaria. Cabe recordar la dialéctica empleada por el máximo representante del modelo económico, causa según los sindicatos de la tragedia que vivimos, cuando puso en marcha su plan de estímulo económico y cuando salió a rescatar la industria automovilística. En eso hay máxima coincidencia, entre el tono y el discurso de Obama y los sindicatos vascos. Pero tampoco eso es suficiente y sirve de poco a la hora de evitar el debate. Las causas están analizadas y el diagnóstico es ampliamente compartido. Pero que ello no se convierta en algo recurrente para el discurso, pero a la vez ineficaz a la hora de aplicar las soluciones reales.
No es el lugar ni el momento para analizar en profundidad lo que de positivo y de negativo conlleva el nuevo concepto de la flexiseguridad. Es otro debate. Nadie duda de las grandes diferencias culturales, sociales y políticas entre la realidad vasca y la holandesa o la danesa. Nada se puede trasladar matemáticamente ni nada es aplicable de manera mimética. Pero, si aspiramos a ser pueblo con posicionamiento en Europa debemos de mirarnos mucho más en el espejo nórdico y menos en el español.
Es preocupante la interiorización de los patrones, del modelo, de la cultura, del discurso español a la hora de abordar tantos y tantos debates, y en este contexto tanto la reforma de pensiones como la reforma laboral no son una excepción. Sí a la sociedad del bienestar, si a los derechos sociales, pero también sería deseable que en el discurso de los agentes vascos comenzaran a despuntar otros conceptos, que dejaran de ser tabú, la competitividad o la formación continua o la existencia de distintos contratos. Nada es eterno ni inamovible, ni los contratos.
Es el discurso de los sindicatos alemanes, holandeses o daneses que entendieron que la competitividad no es patrimonio de la gran patronal que ha cometido los pillajes. En la competitividad, sin ser la panacea, podemos intentar hacer frente a la precariedad y a los graves problemas que arrastramos en el ámbito laboral. Sin intentarlo, todo permanecerá igual. Como aspiraban los republicanos nortemericanos, deseosos de que todo siguiera igual.
Abogamos en nuestros discursos por el sistema de alquiler de vivienda, pero, siguiendo el modelo español, en la práctica actuamos como españoles y la propiedad se convierte en nuestro máximo anhelo. Aspiramos al puesto de trabajo desde la perspectiva de la propiedad para toda nuestra vida, cuando los tiempos obligan a que habrá que acostumbrarse a cambiar cada cierto tiempo de trabajo y para eso habrá que formarse continuamente. Es la fórmula holandesa, danesa y alemana. La que mejores resultados está dando y la que mejor está respondiendo a la crisis económica.
Menos España, y más Holanda. Para ser soberanos hay que alejarse de España y hay que avanzar en la cercanía al centro y Norte de Europa. Hay que desprenderse de modelos que no son válidos y fracasados. Los modelos están al Norte y no el Sur de Europa. Y en el mundial de Sudáfrica animaré como siempre a mi selección, la de Holanda.