La desorientación, ya sea espacial, temporal o total, suele ser consecuencia del sufrimiento de un importante traumatismo, golpe de calor o cuadro depresivo. Esto, expresado en términos médicos, tiene una sintomatología parecida en el ámbito de lo político. Si echamos un vistazo a la trayectoria reciente del PP y el PSE en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, el diagnóstico es de desorientación profunda con principios de delirio y el factor desencadenante de esta situación no puede ser otro que el acuerdo para la investidura de Patxi López.
Bajo el barniz de sonrisas y el triunfalismo coyuntural que estos días exhiben ambos partidos, su pacto está ocultando un traumático intento de unir fuerzas antagónicas en el resto del Estado. Esta nueva entente es un repentino golpe de calor frente a la gelidez preelectoral y, visto lo visto, amenaza con desatar todo un cuadro depresivo en las ejecutivas locales popular y socialista. Sencillamente, no saben qué hacer. ¿Hay que mantener el tipo y jugar a la confusión hasta que el clima político facilite una futura moción de censura en la Diputación? ¿o conviene redoblar la beligerancia para no enturbiar las expectativas ante las elecciones europeas?
A escala municipal este estado político de desorientación se está traduciendo en un cruce de mensajes que en cuestión de minutos van desde el tono más agrio hasta la invitación al "buen rollito". El último episodio lo hemos tenido en el disparatado intercambio de comunicados de prensa sobre el fallido proyecto de la estación de autobuses. En todo este panorama, ¿qué valoración podemos realizar desde el PNV?
En principio no deja de sorprendernos cómo en diversas cuestiones tanto populares como socialistas tratan de atribuirse un supuesto apoyo nacionalista a modo de arma arrojadiza. Mientras el alcalde dice mantener sus preferencias a la hora consensuar determinadas políticas, el señor Maroto parece obsesionado por aislarlo desde la oposición. Todo esto, que quieren parecer cantos de sirena hacia el Grupo Nacionalista, más bien son señales de cetáceos con miedo a quedarse varados. Es lo que sucede cuando se carece de un rumbo político fijo.
El PNV puede presumir de no haber dado ningún golpe de timón y mantener una línea coherente con los planteamientos que defendimos en los últimos comicios locales. Nuestra sintonía es con la ciudadanía, no con ninguno de estos dos partidos. Nuestra preocupación es Vitoria-Gasteiz, y no las consecuencias de determinada coyuntura electoral. Nuestro compromiso es superar el estancamiento en muchas de las cuestiones estratégicas de la ciudad, especialmente en una coyuntura de crisis como la actual, no entregarnos a una dinámica de bloqueo sistemático.
Fruto de esta manera de entender el servicio a la ciudadanía son los dos últimos acuerdos presupuestarios suscritos con el equipo de gobierno socialista, así como los acuerdos de inversiones extraordinarias que alcanzamos la pasada legislatura con un gobierno del PP. Ello no nos viene impidiendo ejercer una oposición contundente en aquellos aspectos que han merecido nuestra denuncia. Cuestiones como la limpieza de las calles, la saturación de los servicios sociales, la trayectoria errática del Plan de Movilidad o la mala programación de las obras de equipamientos deportivos son varios ejemplos recientes.
En último término, es el resultado de la acción de gobierno lo que permitirá al PSE renovar apoyos cuando sea necesario. Del mismo modo, son las demandas de la ciudadanía y no otro tipo de estrategias las que deberían guiar un ejercicio de oposición responsable por parte del PP. Cuando ambos grupos municipales abandonan su rumbo para entrar en batallas y juegos que no les corresponden es cuando muestran la actual desorientación. Por el bien de Vitoria-Gasteiz sólo cabe esperar que esta política de cetáceos no les lleve a embarrancar.