Al reflexionar sobre las causas que dieron lugar al nacimiento de los partidos nacionalistas de los pueblos sin Estado y de lo innegable del cambio de aquellas causas y circunstancias que los originaron estimo que hay que apuntar sobre los retos que el futuro depara a estas naciones sin Estado y la adecuación y reflexión que necesariamente los partidos nacionalistas deberán de prever para responder a dichos retos. Nacionalismo y proyecto de futuro debe de ser un binomio en constante tensión dialéctica, pues cada vez podría resultar menos fácil que muchos nuevos ciudadanos, provenientes de aquí y allá, se identifiquen con el complicado, largo y duro pasado de la sociedad vasca. El hilo de esta argumentación nos conduce a afirmar que sí puede haber muchas personas de muy diferentes perfiles, procedencias, ascendencias y circunstancias varias que se podrían identificar con un proyecto abierto e ilusionante de futuro vasco, y acabar haciendo suyo también el llamado patrimonio vasco de lengua, cultura, instituciones y sentimientos. Por ello, entre otras cuestiones, es indispensable para el nacionalismo democrático vasco mantener una fuerte componente social pensada en las personas y proyectada al conjunto de la ciudadanía. Los partidos nacionalistas nacieron para defender los intereses de los ciudadanos de unas zonas geográficas con una historia, cultura y lengua propias que les configuraban como realidades nacionales diferenciadas, y que no veían cómo esos intereses se canalizaban y adquirían reconocimiento en el Estado donde pertenecían. Y que cuestiona intocables tabúes, como los propios ámbitos de decisión estatales. Pero realmente no todo sigue igual. La estructura demográfica, social, económica y cultural ha cambiado, las mutaciones en la composición y estructura del cuerpo electoral son enormes, y lo serán aún más en un futuro cada vez más cercano.
No nos podemos aferrar a códigos y valores de otro tiempo, no se trata de cambiar por cambiar, no se trata de abandonarlo todo al compás de la coyuntura. Se trata de, conservando lo sustancial y útil de las ideologías que sustentan a los actuales partidos políticos nacionalistas, sintonizar con el nuevo pulso ciudadano y canalizar los nuevos intereses de los ciudadanos y establecer mecanismos y vocabularios más acorde con los tiempos. Las circunstancias y el entorno están cambiando, los flujos de migraciones, la cultura y los influjos de la sociedad global no ayudan a veces a explicar qué significa ser un partido nacionalista como un algo asumible y comprensible por ciudadanos de procedencias diversas, pero también por ciudadanos oriundos que puedan considerar que la cuestión nacional, o bien está ya resuelta satisfactoriamente, o bien, se trata de un tema no prioritario en una escala de valores universales. Ante esto a los partidos nacionalistas no nos es suficiente la razón de los sentimientos y de la historia, sino que debemos conectar con la nueva sociedad civil, conectar con los herederos de una nueva trayectoria e incorporar los nuevos efectivos humanos nacidos de las diferentes migraciones con códigos y referentes exportables al mundo por la ventana que suponen los medios de comunicación. De ello depende que siga viva la defensa activa de una lengua, de una cultura, de unos códigos, de unos referentes propios.
El nacionalismo democrático vasco como forma de aproximar la política a los ciudadanos, como afirmación de una personalidad colectiva para abrirse con seguridad al mundo y como defensa de lo propio sigue y debe de seguir siendo válido. Es el reto. Es por ello un error estratégico dejarnos arrebatar vocablos como libertad, democracia, esfuerzo, progreso, cambio, renovación, solidaridad y defensa de la persona.
Se trata de construir y de progresar juntos. Nacionalismo es la suma integrada de razones históricas, emociones, sentimientos y voluntades, pero también, pragmatismo para solucionar los problemas y necesidades cotidianas, y firmeza, flexibilidad y realismo en la toma de decisiones para negociar, pactar y acordar entre diferentes y poder así seguir liderando Euskadi en beneficio siempre de toda la sociedad. Un nacionalismo solidario con las demás naciones y personas. Ya lo afirmaba José Antonio Aguirre, primer lehendakari de Euskadi en plena clandestinidad: "Las libertades del Pueblo Vasco no son incompatibles con la libertad de los demás, los vascos ansiamos la liberación de España y esperamos confiadamente que se cumpla de manera eficaz y organizada aquel deseo de continuar al lado de los pueblos peninsulares la lucha en todos los órdenes manteniendo nuestra estrecha unión con Cataluña y Galicia y llegando mediante pacto a la articulación de nuestra acción con la representación de la democracia española en la forma más cordial y esperanzadora para las reivindicaciones de todos". Libertad solidaria, autogobierno para GalEusCa, progreso y democracia social como ansias transversales. Adecuación a lo nuevo.
Me permito parafrasear letras de canciones de Ana Belén y Víctor Manuel, que a su manera definen, es su parecer, lo que (no) es la patria, lo dicen mirando tanto a unos como a otros, a los de aquí y a los de allá, yo personalmente me sumo a la íntima intención de su balada... "Cuando hablen de la Patria, no me hablen del honor, ni del valor, no me cuenten batalla ganadas cara al sol, ni jueguen con el sable, ni tachen de traidor al que la lleva dentro, pegada al corazón, y no anda por la calle con ella en procesión. Cuando hablen de la Patria no olviden que es mejor sentirla a nuestro lado que ser su salvador y que no importa el color ni el sexo ni la raza del que luchó. Por repetir su nombre no te armas de razón... aquí cabemos todos o no cabe ni Dios". Y hablando de cómo y con quién construir un solar en el que quepamos todos y todas, y hablando de cómo y con quién seguir construyendo Euskadi, nación vasca autogobernada que se proyecta autónoma pero profundamente solidaria al futuro... "Alcemos una muralla juntando todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus manos blancas". Ciertamente para hacer esta muralla yo solicito el concurso de todas las manos, la de los negros con sus manos negras y la de los blancos con sus manos blancas, una muralla que vaya precisamente desde la playa hasta el monte, desde el monte hasta la playa, desde, como cantaba Imanol en su potente Lau Haizetara... Donostiatik Iruñara, Baionara, Gasteizera, Bilbora eta Euskadi osora.
Pues eso, palomas blancas y negras, laureles verdes, claveles y rosas rojas coronando armónicamente, ellos y ellas, la muralla abierta de una nación que busca con renovado tesón, democrática y solidariamente su legítimo sitio en un concierto que inevitablemente será nuevo y diferente. Murallas que unen, murallas que nos unen, murallas abiertas que no nos separan. Xabier Lete lo cantaba así: "Gu ere zerbait bagera eta gauden tokitik, hemendik bertan saia gaitezen ikusten: amets eroak baztertuz bertan, sasi zikiñak behingoz erreta, bide on bat aukeratzen. Gu sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak, burruka horretan iraungo duten zuhaitz aldaxka gazteak. Beren aukeran jabe eraikiz, eta erortzean berriro jaikiz, ibiltzen joanen direnak: gertakizunen indar ta argiz gure ametsa, arrazoi garbiz, egiaztatuko dutenak".