Opinión
01Diciembre
2008
01 |
Opinión

Se hace camino al andar

Opinión
Diciembre 01 | 2008 |
Opinión

El presidente del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Urkullu, intervino el 2 de diciembre del año pasado en un acto del partido en un escenario verdaderamente paradigmático, el Palacio Euskalduna. Un escenario construido sobre un solar testigo por un lado de años de riqueza y dinamismo económico y de, por otro lado, recesión, decaimiento y desplome empresarial. Un solar testigo de cómo hay que actuar, reaccionar y acertar, cuando ciclos vitales, económicos esta vez, periclitan, finiquitan y se abren a otros con expectativas indefinidas. Siempre he considerado el Palacio Euskalduna, el cobrizo de su estructura, el “huts”, que diría Oteiza, de su auditorio como el ejemplo y la concreción de que mirar al futuro es fundamental, de que no olvidar el pasado es muy importante, y sobre todo de lo acertado de con humildad saber de dónde venimos para saber a dónde nos dirigimos y reaccionar en consecuencia.

Iñigo Urkullu habló de los eslabones de una larga cadena que conforma la historia del Pueblo Vasco. Recordó a esos miles de mujeres y hombres que a lo largo de 113 años de vida del PNV han hecho posible que el nacionalismo vasco democrático institucional haya sido desde la transición política la columna vertebral y la centralidad de la sociedad vasca. Miles de mujeres y de hombres que nos han dejado el testigo de una herramienta a trabajar para alcanzar el objetivo por el cual nació el PNV: el objetivo de la construcción nacional de Euskadi y su soberanía como pueblo libre de mujeres y de hombres libres, el objetivo de ser dueños de nuestro presente y futuro a través de la acción política y del respeto a los derechos humanos, a la diferencia y a la pluralidad, sin imponer, sin sojuzgar y con la verdad por delante. Añadía Iñigo Urkullu que el PNV nació como reflejo de la sociedad vasca, una sociedad a la que acompañó, y sigue acompañando, en sus sucesivos cambios; un partido que ha venido identificando los desafíos a futuro y que siempre ha trazado el perfil de la ruta por donde seguir.

Es cierto, el Partido Nacionalista Vasco nació como agrupación de aquellos vascos que, más allá de la no aceptación del despojo político e institucional practicado en el siglo XIX en nombre de la nación española, afirmaron el ser nacional del Pueblo Vasco y se unieron para la consecución de los derechos políticos inherentes a tal condición. Han pasado de aquello 112 años, más de un siglo y mutaciones de todo tipo. Con el paso del tiempo no todo sigue igual: el ciudadano ha cambiado, la sociedad ha cambiado, la estructura demográfica, social, económica y cultural ha cambiado también. Las transformaciones en la composición y estructura del cuerpo electoral son enormes. Las circunstancias políticas mundiales y el propio entorno personal y social, próximo y lejano, del ciudadano definitivamente están cambiando muy significativamente: la globalización, los flujos de personas, las migraciones y los intercambios interculturales.

Eso es así y ante esta realidad, debemos seguir conectando con la nueva sociedad civil que se está gestando. No se trata de renunciar a nada de lo sustancial, no. De lo que se trata es, acorde con los tiempos, y conservando lo sustancial y útil, de continuar canalizando los nuevos intereses e inquietudes de los nuevos ciudadanos de la nueva calle. Es más, la razón por la cual surgió el PNV se revalida de nuevo hoy y aquí: es la defensa y la afirmación en positivo de una personalidad colectiva, la vasca, que se abre solidaria al mundo.
Ciertamente el compromiso de seguir sintonizando esa voluntad política con los intereses actuales de la ciudadanía vasca es un reto apasionante. Pero para ello, estoy convencido, este partido deberá seguir siendo el “imán atractivo” de los cambios sociales en Euskadi, asumiéndolos y adaptando su acción política en sintonía con las necesidades que las propias transformaciones generan. El futuro nos pide compromiso, ideas frescas y audacia para arriesgarse a la hora de seguir marcando la singladura en pos de la construcción de la nación vasca. En definitiva, coraje para buscar nuevos caminos, caminos necesarios que hay que desbrozar para seguir andando, para seguir haciendo camino día a día.

Un camino que para serlo deberá basarse en la suma de las voluntades de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro Pueblo. O si no, no habrá camino que valga. Un camino que deberá crear las condiciones para que sigamos escribiendo de nuestro puño y letra nuestro presente y nuestro futuro. Un camino que pasa por la mejora de la democracia, del funcionamiento de nuestras instituciones, por ser conscientes del futuro mestizaje que ya está aquí, un camino que pasa por la acogida a los nuevos vascos, por interpretar en clave de acierto las preocupaciones reales de la sociedad y de sus elementos más jóvenes, un camino que pasa por hacernos atractivos en el aliento a las reivindicaciones nacionales vascas. Un camino que pasa por la desaparición de ETA, y por la deslegitimación social y política del matonismo político, por la búsqueda de la Paz y de la normalización política. Hablo de un camino que con todas sus limitaciones e imperfecciones desemboca en Europa. Un camino que se hace al andar colectivo.

Pienso que en la Euskadi de hoy, la única interpretación pragmática, posible y razonablemente realista de la soberanía y la territorialidad vasca (es decir la interpretación actualizada de la “Burujabetza” y del “Zazpiak Bat”), debe, sin renuncias a metas ideológicas ninguna, responder y estar a la altura de la voluntad ciudadana, a los marcos cambiantes en cada momento y a las nuevas realidades que se conforman. Hoy en la Euskadi de a finales del 2008 estoy convencido de que un principio básico para los nacionalistas vascos como es el reconocimiento del derecho a decidir, pasa por el compromiso mutuamente fijado con el Estado a ejercer este derecho por la vía del pacto y el principio de consentimiento de que esta decisión debe integrar las distintas sensibilidades existentes en Euskadi. Por eso creo como nacionalista vasco que la capacidad inteligente de negociar, la necesidad de pactar, la astucia de integrar, así como la bilateralidad efectiva, la lealtad y el reconocimiento mutuo son las precisas llaves del futuro para Euskadi. Por mi parte no quedará por no recordarlo una y otra vez.

Será hora de parar la noria y montarse en el tren del futuro y de la historia compartida. Dispuestos a reconocer que es legítima la opinión del otro, y desde la diferencia aceptar procedimientos comunes de resolución del conflicto, de la búsqueda de un futuro sin violencia y sin que nadie renuncie a su proyecto político. Realmente, aquí y ahora, no veo más que mayorías políticas lo más transversales y plurales posibles respetuosas siempre con el sentir mayoritario de la sociedad vasca y que además concite mayores adhesiones que las anteriormente logradas. No veo otra receta posible, factible, ejecutable y realizable fuera de los ámbitos de la lírica. No vislumbro desde el respeto a lo construido hasta ahora otra propuesta mejor, ni otra partitura diferente, ni otro camino alternativo a recorrer. Soy de los que creo, junto con muchos más, que no hay manera de construir ninguna sociedad moderna que no sea en base en un acuerdo o consenso mínimo entre sus principales corrientes constitutivas. No se puede construir Euskadi unos contra otros. Ciertamente no hay camino, se hace camino al andar. Aunque algunas veces nos dé la impresión de que lo hacemos demasiado lentamente.

COMPARTE