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Julio 21 | 2008 |
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Baztarrika: "Nosotros no imponemos el euskera, lo que hacemos es no impedir su uso"

Prefiere ser más bombero que pirómano. Con los pies en el suelo, Baztarrika no quiere echar leña al fuego del debate lingüístico y lleva a cabo su tarea sin excesos, pero sin dejaciones, en un delicado terreno en el que siempre parece propicio para que alguien prenda una llama

bilbao. "Un cambio lingüístico no se produce de la noche a la mañana, es un proceso de generaciones donde lo importante es avanzar sin retroceder", reflexiona en voz alta Patxi Baztarrika. "Si alguien pretende decir que se puede revitalizar el euskera a base de dos leyes y dos decretos y pulsando un botón, o no sabe de lo que está hablando o está engañando a la ciudadanía", dice revalidando sus tesis.

Con la última encuesta sociolingüística en la mano, la botella del euskera se puede ver medio vacía o medio llena. Kontseilua la ve vacía, ¿con qué ojos la mira el viceconsejero
?

Cualquiera que no quiera negar lo evidente reconocerá que la sociedad vasca está consiguiendo llenar la botella poco a poco. Euskadi es hoy una sociedad más bilingüe que la que era hace 15 años, con seis puntos de crecimiento. Este avance es especialmente remarcable si tenemos en cuenta que hay un 5% de población inmigrante y una tasa de natalidad baja, lo que significa que la sociedad está envejeciendo. Considerando que es en la población más joven donde está habiendo más crecimiento de población bilingüe, es decir, una población minoritaria, es más subrayable el crecimiento. Pero hoy la transmisión básica del euskera se produce en la familia y cuando la pareja es vascohablante está garantizada al 100%. Cosa que no sucedía hace cinco años. Además vamos aún más allá. El euskera es más utilizado en todos los ámbitos.

Sin embargo no se registra la misma progresión en su uso.

El euskera ha crecido con absoluta claridad. Hay 137.000 más bilingües que hace 15 años. Hoy 200.000 personas son euskaldunberris. Pero la clave radica en que el uso del euskera que hacemos los bilingües no es mayor que el que hacíamos hace 15 años porque donde más ha crecido el uso es en los servicios públicos. Mientras, en las relaciones con la familia y los amigos no se ha producido ese incremento.

Parece un fenómeno paranormal. ¿Por qué sucede?

Porque ha cambiado el perfil. Hace quince años, sólo había un 15% de jóvenes entre 16 y 24 años que eran bilingües, mientras que ahora ya son el 55%. Como esta población ha adquirido como segunda lengua el euskera, tienen más facilidad para utilizar el castellano. Además hoy más de la mitad de los vascohablantes vive en municipios donde hay pocas oportunidades de uso del euskera. Si a eso le añadimos que tampoco parece haber aumento la lealtad hacia la propia lengua… Todos estos factores explicarían el fenómeno.

Afirma usted que no se puede revitalizar el euskera a base de leyes, ¿qué sentido tiene, entonces, el decreto regulando su uso en los comercios?

Los decretos y las leyes no están reñidos con la necesidad de alimentar incesantemente la adhesión a la lengua. Yo lo que digo es que las mejores leyes son ineficaces si no se asientan en la voluntad de la ciudadanía. Pero la voluntad tampoco es suficiente y hay que disponer un marco legal adecuado y políticas activas. Por eso en Navarra sólo ha aumentado un 1,3% y en Iparralde se ha retrocedido doce puntos. El decreto que regula el uso del euskera en determinados ámbitos de consumo es absolutamente razonable porque se asienta en la progresividad, en colaboración con las empresas y los comercios afectados mediante una convocatoria de ayudas de 600.000 euros. Estoy convencido de que es un decreto que establece un sistema de regulación acorde con la voluntad de la ciudadanía.

Pues para ser acorde con la voluntad popular ha creado un revuelo importante.

Es que el alboroto creado no ha surgido desde el sector afectado. Es más un ruido mediático y político con el que se ha proyectado a la sociedad mucha publicidad engañosa que no se corresponde con la realidad. Se ha demonizado, manipulando los contenidos y diciendo que ésto afecta al conjunto del comercio cuando el pequeño está exento. Afecta al 6,5% de las superficies comerciales, a un 35% de cuota de mercado. Afecta a las grandes empresas con más de 250 trabajadores, con una facturación anual de más de 50 millones de euros… La oposición ha dado una imagen distorsionada de la realidad.

¿Los comerciantes están satisfechos?

Sí porque ellos no viven el euskera como un problema sino como una oportunidad de negocio. Son conscientes de que hoy casi el 60% de la población de menos de 20 años es bilingüe y la proyección de futuro es que va a serlo cada vez más. Los sectores más dinámicos saben que tienen que apostar por más bilingüismo porque eso les va a permitir prestar una atención más personalizada y se va a convertir en una mejor oportunidad de negocio.

El PSE asegura que el decreto contradice el consenso propuesto por el Consejo Asesor del Euskera.

Aquí no estamos obligando a nadie a utilizar el euskera, lo que estamos diciendo es que tienen que estar en disposición de atender tanto en euskera como en castellano. Porque este es un decreto que pretende garantizar los derechos lingüísticos que los consumidores tienen reconocidos en la ley desde el año 2003. Es un decreto que no pretende perseguir ni presionar a nadie, sino regular el ejercicio de los derechos reconocidos. Además, el decreto no sólo se centra en las relaciones con el público, también se fija en las obligaciones de carácter escrito, en que el paisaje escrito se haga en las dos lenguas oficiales en todo lo referido a rotulación, catálogos, carteles, facturas, etc.

¿Un trabajador veterano castellanohablante podría ser sustituido por uno euskaldun?

No, porque no tratamos de imponer el uso del euskera. Yo mismo estaría en contra de eso, igual que estoy en contra de que se imponga el uso del castellano. Se trata de garantizar que sea posible usar el euskera o el castellano en determinadas relaciones de servicios. Pero me llama mucho la atención que cuando se trata del uso del castellano eso forme parte del orden natural de las cosas, pero cuando pretendemos regular el uso de la dos lenguas oficiales entonces se empiece a hablar de exigencias y de imposiciones.

Les acusan de que están ustedes imitando el modelo de inmersión catalán.

El modelo que se está aplicando no tiene nada que ver con el modelo catalán porque son dos realidades sociolingüísticas diferentes y nosotros tenemos los pies en el suelo. Además, me gustaría que en lugar de andar siempre poniendo peros y expresando temores se hicieran propuestas de futuro, porque en el desarrollo del euskera no se necesitan guardianes lingüísticos y el castellano tampoco necesita abogados defensores.

¿Qué pretenden con el Plan de Normalización que afecta a los funcionarios? ¿No es, en cierta medida, un modo de obligarles a que se sumen al carro del euskera?

No. Estamos regulando el uso de las dos lenguas oficiales en los servicios del Gobierno vasco. Somos absolutamente contrarios al darwinismo lingüístico y somos partidarios de la democracia lingüística. No pensemos que la utilización de la lengua hegemónica es lo absolutamente normal e indiscutible. Aquí tenemos dos lenguas y la ciudadanía tiene derecho a relacionarse con la Administración en cualquiera de las dos. Ha sido precisamente atendiendo a los criterios señalados por el Tribunal Constitucional cómo se ha establecido para qué puestos de trabajo es requisito el conocimiento de las dos lenguas. Si se pide el conocimiento, eso debe llevar asociado su uso como lengua de trabajo porque de esa manera se garantizan mejor los derechos lingüísticos de la ciudadanía. Esta regulación es progresiva y hecha a ras de suelo. Nosotros lo único que decimos es que empecemos a utilizar el euskera no sólo para traducir, si no también cómo lengua de trabajo.

¿Por qué hay 3.000 funcionarios que estando capacitados no usan el euskera?

Porque no se ha regulado el uso. Todos estos años se ha hecho un esfuerzo importante para que los funcionarios tengan una competencia en euskera. Ahora es el momento de sacar rendimiento a ese esfuerzo que han hecho los trabajadores y la propia sociedad. Además estaríamos cometiendo una injusticia social porque estaríamos discriminando a esas otras personas que no han podido acceder a ese mismo puesto porque no han acreditado saber euskera. Pero eso no es una imposición. Eso es como si contratas a un informático y le pides que arregle un ordenador y dices que le estás imponiendo su trabajo. La piedra angular de los planes de normalización ha sido, hasta ahora, ir mejorando el número de empleados con competencia lingüística. Eso nos ha permitido conseguir suficiente masa crítica para poder llevar a cabo estas políticas en estos momentos.

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