Opinión
01Junio
2008
01 |
Opinión

Movilidad e identidad, dos retos en uno

Opinión
Junio 01 | 2008 |
Opinión

Una identidad sentida y vivida en positivo significa que para ser lo que somos no necesitamos negar lo que no somos. Se trata de superar formas meramente reactivas de identificación y estrategias estériles de mutua negación. La identidad puede y debe formularse sin exclusión de otras pertenencias o identidades, ha de ser plenamente compatible con el valor del encuentro. Daniel Innerarity

El espacio ha adquirido una nueva dimensión. Una nueva dimensión para con las distancias y para con los tiempos. Una nueva caracterización social con la correspondiente incidencia a la hora y manera de afrontar nuestras vidas. Es cierto que este cambio no ha comenzado ahora mismo, pero no es menos cierto que sí está sufriendo un acelerón muy acusado. Con las identidades y con los sentimientos de pertenencia ocurre otro tanto. Hay cosas que están cambiando. Nada nos es ajeno. Nada de lo que ocurre en el llamado exterior se nos hace ajeno. No nos es ajeno formar parte de la UE, ni que ésta aumente progresivamente en número de países en su debate de estirarse o no hasta la Turquía de Oriente. Todo ello nos afecta, y de lleno. Seamos conscientes o no lo seamos. Tanto en las identidades como en las nuevas coordenadas donde se está dando la nueva movilidad. Seguramente los responsables de logística habrán tomado buena nota de las características de los nuevos miembros más orientales de la UE, geo-economistas polemizan sobre el grado de influencia que podrá tener un tipo de ampliación u otro sobre la periferización del Arco Atlántico, responsables políticos miran con lupa los nuevos riesgos de posibles deslocalizaciones de empresas hacia territorios donde los gastos de producción son menores. Responsables de diferentes estamentos con implicaciones en infraestructuras reflexionan sobre la imperiosa necesidad de optimizar las que tienen y de apostar por otras nuevas y diferentes. Las miradas hacia la intermodalidad y la búsqueda de métodos alternativos se acentúan con nuevas prisas.
Con los sentimientos de pertenencia quizás nos suceda algo parecido. Podrán alterarse los conceptos de sentirse europeos, se solaparán identidades, la complejidad de las sociedades aumentará, el mestizaje ampliará su variedad y los sociólogos elucubrarán nuevos y desconocidos escenarios. Y ya que el solapamiento de las identidades no tiene por qué suponer la anulación de ninguna, (yo, si quiero, podré seguir siendo íntimamente vasco en una Europa en continua mutación), cualquier variación en la ya compleja composición de la UE podrá superponer, quizás, a mis sentimientos de pertenencia actuales, otros. Lo que ocurra allá lejos tendrá un efecto mariposa en mí, sin que por ello lo global, sin que por ello lo grande, me anule, sino que me refuerce.

De la misma manera que lo global necesita de lo local, así mismo y desde un punto de vista de la movilidad de las personas, del transporte de mercancías y de la logística en general, además de las características de nuestro contexto concreto, lo que ocurra fuera nos condicionará, nos influenciará, nos hará reaccionar y movernos, nos obligará a adaptarnos y a adecuarnos a la nueva realidad. Y ello no nos hará olvidar lo más pequeño, ni lo más local, ni lo nuestro, sería imposible olvidarnos de nuestros problemas y de nuestras posibles soluciones o alternativas a nuestro quehacer cotidiano.

Lo que está ocurriendo allá fuera en lo que respecta al incremento de la movilidad de las personas, en lo que respecta al aumento del transporte de las mercancías y a las nuevas necesidades logísticas, más allá de lo que de manera similar ocurre acá dentro, lleva a concluir, aquí y allá, que nuevas iniciativas conformadoras de nuevas alternativas y de nuevas soluciones son necesarias. Así por ejemplo, un Eje Ferroviario Atlántico Norte-Sur es una necesidad estratégica, una línea de Alta Velocidad, Lisboa o Sevilla, Madrid, Vitoria, Bayona, Burdeos, París hasta llegar a la frontera belga es vital como parte de las soluciones alternativas a los actuales problemas de tráfico y congestión en las redes viarias existentes. Y ello, obviamente, no nos puede hacer, ni nos lo hace, olvidarnos de “nuestras” infraestructuras más locales, de nuestras infraestructuras provinciales, de las de recorrido corto o incluso de las urbanas o de las peri-urbanas. Todas son parte de un todo y se necesitan mutuamente. Ninguna de ellas se vale, ni tiene del todo sentido, solamente por sí misma.

Precisamente por eso mismo la “Y” tiene sentido, no tan sólo en sí misma, que también la tiene, sino también en su carácter de eslabón, por sus conexiones hacia la meseta, hacia Finisterre y el Mediterráneo, hacia Aquitania, nuestra puerta hacia la amplia Europa, y tiene sentido en lo que respecta a la logística en su sentido más amplio, en lo que respecta a la movilidad de las personas y al transporte de mercancías. La ”Y” tiene sentido no tan sólo porque vertebra todos los territorios vasco entre sí por encima de las diferentes administraciones y estados, sino porque adquiere un plus de sentido al relacionarse con los vecinos, porque se abre, por que se conecta por encima de las fronteras. La “Y” es parte estratégica de algo más amplio. Une por encima de las fronteras. Y por ello no nos ajeno lo que se decida al otro lado del Bidasoa. Nos toca directamente. Nuestra conexión con el resto de Europa y del estado es, y nos es, sencillamente, clave. Clave para vascos, prioridad para la UE y positivo para Francia y para Península Ibérica.

Atrás quedan las fronteras, atrás los aldeanos ombligos que basados en filosofías localistas y de estrechas miras construyeron anchos de vías diferentes a ambos lados del Bidasoa. Pocas veces tan pocos centímetros han supuesto tanta absurda separación y dificultad para el transporte y la movilidad, pocas veces en la historia 23,3 cms, de más o de menos, han supuesto tan profundas y múltiples consecuencias en los modos de vida y en la personalidad e identidad de las personas, vascas todas, a un lado y otro del Bidasoa. La mentalidad de quien optó por la diferencia para preservar lo suyo es hoy objetivamente una dificultad a superar. Hoy las diferencias, lo local, la identidad más íntima, el sentimiento de pertenencia más intransferible se cultivan con la apertura, con la asunción del otro, con la relación, con el intercambio y con la comunicación. Como afirma Daniel Innerarity “Hoy podemos estar seguros de que la identidad es más fuerte cuando más abierta, integradora y respetuosa es de sus diferencias interiores”.

La resolución de los problemas de la congestión del tráfico rodado, del transporte de mercancías y de la movilidad de las personas, verán la luz de la mano de una logística que asuma la relación, la coordinación, la apertura y el saber del otro. Una logística negadora de la incomunicación, que se basa en una visión moderna, subsidiaria y que apuesta por lo nuevo, por lo intermodal y lo sostenible. Creo que darnos a conocer más allá de nosotros mismos nos es vital, tenemos que acertar y saber decir que somos, que estamos aquí y que nos queremos relacionar. Esa es la apuesta de la Nueva Red Ferroviaria Vasca. Esa es la apuesta transfronteriza de la “Y”. Ni el futuro de las infraestructuras, ni el futuro de Euskadi pasa porque nos empeñemos en construir estructuras semejantes a las que se encuentran en crisis. El futuro pasa por diseñarlas para un mundo que viene en formulaciones de convivencia, movilidad y cooperación.

Y con la misma claridad con la que afirmamos que es vital abrirnos al exterior, tanto en las relaciones de identidad, de pertenencia como de apuestas alternativas de transporte y de nuevas infraestructuras, será bueno percibir y asumir que también tenemos que optimizarnos y valorarnos a nosotros mismos. Identidad, sentimiento de pertenencia, transporte, movilidad y logística tienen un doble reto: valorar, cuidar y optimizar lo pequeño -lo llamado “nuestro”- para salir a pecho descubierto al exterior sin temor a ser engullidos. Salir al exterior a esa Europa que se extiende hacia el Oriente a decir que somos quienes somos, que tenemos lo que tenemos, que somos parte del problema y que somos parte también de la solución y que entre todos, los de aquí y los de allí, por encima de las viejas fronteras, y en la colaboración estamos escribiendo un futuro que será para nuestros nietos y nietas absolutamente diferente a lo conocido, vivido y sufrido por nuestros mayores. Es la complementariedad de lo pequeño, que sumando construye lo grande. Complementariedad en cuanto a infraestructuras, complementariedad en cuanto a identidades que se solapan y se articulan en espacios de actuación compartidos. Estoy convencido que en el futuro, ya hoy mismo, la identidad como vascos, el sentimiento de pertenencia a diferentes ámbitos y el desarrollo de la movilidad y el del transporte irán de la mano. Convencido que identidad y movilidad son dos retos que interaccionan inevitablemente en un “uno” local-global.

COMPARTE