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El Diario Vasco

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Mayo 04 | 2008 |
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Baztarrika: "Nadie debería excluirse del debate sobre el futuro del euskera"

El Gobierno Vasco ha puesto en marcha, a través de la Viceconsejería de Política Lingüística, un proceso de reflexión y debate sobre el euskera que tiene como objetivo establecer las bases para la política lingüística de principios del siglo XXI. Se materializará en el marco de una comisión especial del Consejo Asesor del Euskera y, en su dimensión pública, a través de la página web www.euskadi.net/euskara21. El viceconsejero Patxi Baztarrika desea que sea «el debate más amplio y abierto que se ha producido en los últimos años en torno a la política lingüística».

- ¿Por qué resulta necesario ese debate? ¿Por qué ahora?

- Porque, gracias a los apoyos institucionales y sociales que ha tenido en los últimos 25 o 30 años, el euskera ha vivido un proceso de recuperación que ha arrojado resultados francamente positivos, pero todavía queda un camino largo por recorrer. Un camino más largo que el recorrido hasta ahora, porque la recuperación del euskera sigue siendo una asignatura pendiente. Podemos mirar al futuro con la fuerza y el vigor que nos da la experiencia de estos 25 años, pero para poder hacerlo también con rigor necesitamos un debate que nos permita identificar y consolidar los avances e identificar los errores que se hayan podido cometer, porque un proceso de estas características siempre tiene costes. Pero, sobre todo, la situación del euskera ha cambiado -entre otros aspectos, en el nuevo perfil de los vascohablantes- y tenemos que adaptarnos a nuevas circunstancias. Y la respuesta a todas esas cuestiones debe ser producto del mayor consenso y del mayor acuerdo posible entre todos los que integramos la sociedad vasca. Tenemos que reflexionar conjuntamente si de verdad creemos que el euskera es patrimonio de todos y, por lo tanto, a todos nos corresponde la tarea de desarrollar y revitalizar su uso.

- ¿Se puede sobreentender que hasta ahora el debate y el consenso no han sido suficientes?

- Yo no comparto esa crítica. Las políticas lingüísticas que se han aplicado en Euskadi han contado con un nivel de consenso muy importante, pero el consenso no es una cosa que se adquiere una vez y se conserva para siempre, sino que hay que fortalecerlo y renovarlo, y creo que para hacer frente al futuro necesitamos un nivel de consenso mayor que el que tenemos en la actualidad. No es que no se haya debatido, pero creo que sí ha faltado estos años un debate capaz de implicar activa y positivamente a las diferentes sensibilidades. A mi juicio, uno de los déficits más importantes que tenemos en la sociedad vasca en relación al euskera es que una parte -no todos, afortunadamente- de los que se desenvuelven en la lengua hegemónica, que es el castellano, viven de espaldas al euskera a y los mundos que crean y viven en euskera, de lo que van haciendo, de sus vivencias... Y eso afecta negativamente a la convivencia entre las lenguas y a la convivencia del conjunto de la sociedad, porque un requisito básico y fundamental de la convivencia es que los que conviven se conozcan. Hay que hacer un trabajo de acercamiento entre esos dos mundos, es imprescindible generar y ganar confianzas entre ellos.

- En ese acercamiento, ¿todos tienen el mismo trecho de camino por recorrer?

- Teniendo en cuenta que el mundo que vive en euskera, el mundo bilingüe, no vive de espaldas al castellano sino que vive también en castellano, es evidente que el mundo que vive de espaldas al euskera tiene que hacer un mayor esfuerzo de aproximación.

- ¿Propiciar el acercamiento es uno de los objetivos de este debate?

- Efectivamente, porque queremos que contribuya a acabar con esa ruptura, a derribar ese muro de incomunicación posibilitando que todos participen dando su opinión, contrastando posiciones y, al final, transaccionando, acordando, consensuando.... Por eso hemos querido convocar a toda la sociedad a que participe en el debate sobre un tema que es de su incumbencia y que no debe delegar en terceros, que es lo que muchos han hecho hasta ahora. El euskera no incumbe solamente a los bilingües, a los euskaltzales o a los nacionalistas. Incumbe al conjunto de la sociedad, sean cuales sean sus características lingüísticas o su sensibilidad política. Muchas veces, cuando se habla de lo negativa que resulta la ideologización y la politización del euskera, algo que yo suscribo, se olvida que también es extraordinariamente negativo que el hecho de que algunos traten de apropiarse del euskera como elemento diferenciador sea utilizado por otros como excusa para desprenderse de la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros en la revitalización del uso del euskera y la delegue en terceros como, por ejemplo, el sistema educativo.

- ¿Cómo convencería a quienes no sienten la necesidad de asumir esa responsabilidad?

- Les diría una vez más que en la medida en que consigamos una mayor igualdad entre el euskera y el castellano conseguiremos una mejor convivencia y una sociedad más cohesionada. Y todos tenemos que entender que para eso lo que tenemos que revitalizar es el euskera, porque es absurdo pensar que el castellano pueda estar necesitado de políticas de promoción y protección. De hecho, si lo estuviera se aplicarían, pero no es el caso. Aquí y ahora, quien tiene problemas para vivir en la lengua de su elección -y lo que debe prevalecer en un contexto de convivencia entre lenguas es la opción lingüística individual- es el que elige el euskera. Eso genera una incomodidad, y que una parte de la sociedad se sienta incómoda en un tema tan sensible como el de la lengua es un problema de todos. Es cierto que muchos se han sentido más cómodos tratando el tema del euskera como si fuera algo sobre lo que sólo ellos pudieran tomar decisiones, pero no es menos cierto que muchas veces se han encontrado con que no tenían más remedio que hacerlo así porque otra parte de la sociedad se ha desentendido completamente. Los bilingües que tenemos dificultades para vivir en euskera tenemos que entender y asumir que es una tarea que requiere tiempo, pero la otra parte tiene que asumir que no debe caer en la comodidad de considerar el euskera una cuestión de vascohablantes, que también le toca entender como tarea propia la creación de más espacio para el euskera, que tiene que moverse de sus posiciones para encontrarse con el otro. Estamos convencidos de que vale la pena plantearse con ilusión ese objetivo común y compartido y trabajar para que esta sociedad sea menos desigual también en lo lingüístico.

- A juicio de algunos, el ritmo de revitalización del euskera es demasiado lento. Otros opinan que se ha corrido demasiado. ¿No teme que el debate se convierta en un cruce de agravios?

- Espero que no. En esto, como en todo, se trata de encontrar el equilibrio. A los primeros les diría que no hay medidas o pasos significativos que la mayoría de la sociedad quiera dar y no se estén dando, y que no se puede correr más que lo que la sociedad quiere y puede correr. A los segundos les recordaría que la tarea que tenemos pendiente para conseguir la igualdad de las dos lenguas oficiales es la revitalización del euskera, y que eso es algo que no se puede conseguir sin incomodidades. Quien diga que eso es posible o no sabe de qué habla o está engañando. De lo que se trata es de acordar qué incomodidades estamos dispuestos a aceptar como sociedad, partiendo de la base de que hay que llevar a cabo políticas flexibles, pragmáticas y moderadas, pero al mismo tiempo lo suficientemente activas para poder avanzar. Y para avanzar son mucho más importantes la voluntad y la adhesión de la ciudadanía -que se alimentan con acuerdo y consenso- que las leyes o los presupuestos.

- ¿En el debate caben todas las posiciones, incluso las que niegan la necesidad de revitalizar el euskera, o hay mínimos que no considera apropiado cuestionar?

- Es importante que los ciudadanos digan lo que tienen que decir al respecto con total libertad, sin temor a que nadie sea declarado enemigo del euskera porque cuestione algunas políticas o a que sea descalificado como talibán del euskera porque las considere insuficientes. Existen actitudes contrarias al euskera, claro, pero son minoritarias, porque la inmensa mayoría de la sociedad ha demostrado con hechos que es favorable a la recuperación del euskera. Adelanto, no obstante, que con las posiciones beligerantes en contra del euskera difícilmente se puede conseguir el consenso que consideramos imprescindible y que es lo que se quiere potenciar con este proceso de reflexión.

- Insiste a menudo en lo negativo que resulta ideologizar y politizar el euskera, pero con frecuencia son los partidos los que lo llevan a ese terreno. Y, sin embargo, este debate no se va a plantear en foros netamente políticos.

- En absoluto queremos sustraer el debate del euskera del debate político, porque si algo necesita el euskera es política, pero con mayúsculas, no política partidista. Que planteemos un debate social no es contradictorio con el debate que se tiene que llevar adelante en el plano político... Confío en que los responsables políticos de este país estén a la altura de las circunstancias, como lo estuvieron en 1982 cuando se aprobó la Ley de Normalización del Euskera. Y estar a la altura significa ser capaces, pese a las discrepancias, de renunciar a utilizar el euskera para sacar ruido político y abordar su futuro desde el interés común, con una actitud clara de compromiso.

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