Josu Erkoreka
14
Marzo
2008
Opinión

PSOE y PP, sobrerrepresentados

Josu Erkoreka
14
Marzo
2008
Opinión

Izquierda Unida obtuvo en las pasadas elecciones generales un total de 963.040 votos y dos escaños en el Congreso de los Diputados. No han faltado sesudos analistas que se han apresurado a denunciar la injusticia que sufre este partido y, en contextos informativos gráficos, pretendidamente muy profesionales, se ha llegado incluso a culpar de ello a la sobrerrepresentación de la que supuestamente gozamos los partidos nacionalistas.
Es recurrente esta argumentación, presuntamente dirigida a promover una reforma electoral que habría de poner fin a la discriminación que padece Izquierda Unida, aunque la experiencia viene demostrando que tal denuncia nunca trasciende el ámbito de los medios de comunicación, ni termina de traducirse en un proyecto de ley para su debate y aprobación por las Cortes Generales.

Las voces justicieras se alzan con mayor fuerza tras cada escrutinio, y los cuadros de resultados electorales ofrecidos por los medios audiovisuales reflejan en colorines la evidente desproporción entre votos obtenidos y escaños alcanzados que, desde 1996, viene cercenando elección tras elección la representación política de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados.

Efectivamente, un simple golpe de vista es suficiente para apreciar que mientras Izquierda Unida apenas ha conseguido dos escaños con más de 960.000 votos, el BNG ha logrado dos con algo más de 200.000; CiU diez con 770.000 y el PNV seis con 300.000. Siendo esto cierto, sorprende sin embargo la dificultad con la que tropieza el elector por llegar a captar, con otro simple golpe de vista, que el PSOE y el PP, con más de once y diez millones de votos respectivamente, han conseguido 169 y 154 escaños. Es decir, con once y diez veces más votos que IU, obtienen una representación 84 y 76 veces mayor en escaños.

Izquierda Unida tiene razón cuando se queja de que su representación final no es proporcional a los votos conseguidos. Pero aunque su lamento tenga alguna base, no hay fundamento para sostener que partidos como EAJ-PNV, CiU, BNG o NaBai estén sobrerrepresentados. Los que realmente gozan de sobrerrepresentación, en detrimento de IU, son PSOE y PP.

No es ésta una opinión partidaria e insolvente, sino una afirmación basada en estudios serios. Entre otros, el realizado por Josep Mª Reniu Vilamala ('La formación de gobiernos minoritarios en España', 1977-1996. Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid, 2002) es contundente: «Si consideramos los efectos de la fórmula electoral D'Hont sobre la reducida magnitud de las circunscripciones españolas obtenemos que su aplicación favorece, así, a los partidos más grandes; castiga sin representación, o la dificulta notablemente, a los pequeños partidos de apoyos electorales dispersos por todo el ámbito estatal, y es ajustada para los partidos regionalistas o nacionalistas».

Otra cosa es que desde determinadas posiciones ideológicas se considere inaceptable que las formaciones políticas específicamente vascas, catalanas o gallegas incidan en la política española. Pero ésta es ya otra cuestión. No de sobrerrepresentación, sino de tolerancia y respeto al pluralismo y la diversidad que estas formaciones representan. Seguro que todo resultaría más sencillo si no existieran estos partidos pero, por la misma razón, también sería más fácil llegar a acuerdos si sólo hubiera un partido o, simplemente, si no hubiera elecciones.

Además, la sobrerrepresentación, que la Ley Orgánica del Régimen Electoral General en vigor confiere a PSOE y PP, no se produce únicamente en el conjunto del Estado sino también cuando menos en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca. Los datos históricos demuestran que el coste en votos por cada escaño es normalmente inferior para el PSE y el PP que para el resto de formaciones políticas. Concretamente, en las seis últimas elecciones generales convocadas en el periodo 1989-2008, el PSE consiguió sus diputados vascos a una media de 50.202 votos por escaño; seguido por el PP, con 52.677 votos/escaño; EAJ-PNV, con 55.243 votos/escaño; y EA, 90.090 votos/escaño, en el periodo 1989-2004. Por su parte, IU-EB llegó a necesitar 116.133 para lograr un diputado vasco en 1989.

En resumen, no hay duda alguna de que Izquierda Unida es la formación política actualmente menos favorecida por el modelo electoral vigente, pero tampoco hay duda de que los partidos nacionalistas, periféricos o como se quiera llamarlos, no son los beneficiarios del sistema. Más bien al contrario, los datos demuestran que si hay partidos sobrerrepresentados, en detrimento de Izquierda Unida, éstos son PSOE y PP.

Una última y necesaria matización. Aclarado que los partidos nacionalistas no están sobrerrepresentados y demostrado que la desproporcionalidad que actualmente sufre Izquierda Unida es en beneficio de PSOE y PP, de todo ello no cabe llegar a la conclusión de que la fórmula electoral vigente es por sí misma injusta con Izquierda Unida. Con el mismo sistema electoral, IU fue capaz de pasar de los cuatro escaños que obtuvo el PCE en 1982 a 7, 17, 18 y 21 escaños en las siguientes cuatro convocatorias. De hecho, tampoco es del todo riguroso que IU necesitara el pasado 9 de marzo de 450.000 votos para obtener escaño, sino que con cerca de 300.000 consiguió dos en Madrid y Barcelona, y que con los 600.000 restantes, diseminados en casi medio centenar de circunscripciones provinciales, no alcanzó los mínimos exigidos por la ley vigente.

Evidentemente se podría retocar el sistema para adecuarlo al momento actual de Izquierda Unida. Pero la cuestión de fondo es si un sistema electoral debe o no ser cambiado cada poco tiempo, en función del devenir particular de un partido u otro. Y ése es ya otro debate. Un debate harto peligroso. Porque, puestos a cambiar, nadie se imagina que los posibles retoques que se hicieran en hipotético beneficio de Izquierda Unida fueran en detrimento de PSOE y PP.
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