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Convivencia se dice... elkarbizitza

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Enero 20 | 2008 |
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Si el insulto es la categoría más pobre del lenguaje, habría que bucear mucho en lo más profundo del diccionario para encontrar un término que aplicar al artículo Basque inquisition: How do you say sheperd in euskera? publicado en estas mismas páginas por Keith Johnson. Un artículo en el que impunemente se vierten afirmaciones, tales como que el euskera es una lengua "pobre" que necesita tomar prestado de otras lenguas palabras como "democracia" o "independencia", o que la política lingüística llevada a cabo por las instituciones vascas "discrimina el castellano", obligando a los ciudadanos a aprender euskera, una lengua que "no cuenta ni con un millón de hablantes", mientras que "el español tiene 425 millones de hablantes".
No conozco al Sr. Johnson. No sé cuáles han sido sus fuentes ni sé cuál es su grado de conocimiento sobre la sociedad vasca y el euskera. No sé si su artículo ha sido inducido o ha sido escrito motu proprio. No sé si lo ha hecho de buena o mala fe, quiero pensar que no lo ha hecho de mala fe. Lo que sí sé son dos cosas: una, que no ha contrastado sus informaciones, ni mucho ni poco, nada, con el Gobierno vasco, cuando su artículo descalifica absolutamente la política lingüística de este Gobierno; y dos, que la realidad le desmiente. Los vascos y las vascas no vivimos en ese agujero negro que sólo existe en su imaginación, ni nos consumimos en el infierno de su hoguera. Somos un pueblo, eso sí pequeño, que cuenta con uno de los índices de desarrollo humano más elevados del mundo, un pueblo que une raíces y proyección universal, y que considera el bilingüismo como un valor y el multilingüismo como una ventana abierta al mundo.

No está de más recordar que en Euskadi tenemos dos lenguas oficiales, dos, y que la Constitución española en su artículo 3 dispone que "las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus estatutos" y que "la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección". Como desarrollo de este precepto constitucional, el artículo 6 del Estatuto de Autonomía del País Vasco establece que "el euskera, lengua propia del pueblo vasco, tendrá como el castellano carácter de lengua oficial en Euskadi, y todos sus habitantes tienen el derecho de conocer y usar ambas lenguas". Además, el propio artículo sexto atribuye a las instituciones vascas la obligación de "garantizar el uso de ambas lenguas (…) y regular las medidas necesarias para garantizar su conocimiento". Un Estatuto de Autonomía que es ley orgánica aprobada por las Cortes españolas y refrendada vía referéndum por una amplia mayoría de los ciudadanos vascos.

En sintonía con lo dispuesto en este marco legal, la política lingüística desarrollada por las instituciones vascas durante los últimos 25 años ha tenido un doble objetivo: reconocer y garantizar los derechos lingüísticos de los ciudadanos, y regular las obligaciones de los poderes públicos para hacer posible una aplicación real y efectiva de esos derechos. Una política cuya piedra angular es la Ley 10/82 de Normalización del Uso del Euskera, ley que contó con un amplio consenso socio-político y que fue sancionada por sentencia del Tribunal Constitucional en 1986. ¿Se está apelando acaso a la insumisión institucional, a que las instituciones vascas incumplamos las disposiciones legales vigentes aprobadas por las Cortes españolas y refrendadas democráticamente por los ciudadanos vascos?

Marco legal y adhesión social: éstos han sido, pues, los dos pilares de la política lingüística de las instituciones vascas, y en ningún caso la imposición. Una política abierta, democrática y respetuosa con el castellano, una política basada en la libre adhesión y en el compromiso activo, no en la imposición. Sin perjuicio, lógicamente, de que toda política lingüística sea discutible y de que en un proceso social de 25 años, como es el de normalización del uso del euskera, siempre hay aspectos que podrían y deberían ser mejorados y actualizados.

En este contexto, el artículo publicado evidencia dos cosas: ignorancia y desprecio. Ignorancia, porque los préstamos son una prueba de la vitalidad y salud de cualquier lengua. Sirva como ejemplo la constatación de que las palabras del inglés empire, stupid, idiot, arrogance, superficiality, frivolity, language son préstamos del latín. Y science, democracy e independence son también palabras utilizadas como préstamos por el propio inglés y por tantas y tantas lenguas del mundo, ya que, de hecho, prácticamente la totalidad del lenguaje científico del inglés procede del latín o del griego.

Ignorancia… y desprecio. El artículo rezuma una concepción monolítica y uniformizadora, porque en él no sólo se desprecia el euskera, se desprecia la pluralidad y la diversidad lingüística, que son seña de identidad del universo del siglo XXI, un universo en el que el monolingüismo es excepción. Se predica la ley de la selva, la ley del más fuerte. Y eso es darwinismo lingüístico, un concepto en el umbral de la reacción y el totalitarismo.

Nosotros, los ciudadanos vascos, vivimos en las antípodas de esos planteamientos. Durante los últimos 25 años las instituciones vascas, legítimas representantes de la voluntad popular, hemos liderado un proceso que está permitiendo situar al euskera en la senda de la normalización, porque entendemos que el objetivo de toda política lingüística ha de ser precisamente ése, el de la normalización y la convivencia entre las lenguas. La gran mayoría de los vascos aspiramos a una sociedad vasca bilingüe, aspiramos a un bilingüismo real y efectivo, a una verdadera igualdad de oportunidades de uso que permita utilizar también el euskera en todos los ámbitos de la vida social y vivir en euskera a quien así lo desee.

Aspiramos a vivir, no sólo, sino también en euskera. No militamos en el monolingüismo, ni en el monolingüismo euskérico ni en el monolingüismo castellano. No nos encontrarán en las trincheras de la imposición, la incomunicación o la exclusión. Tampoco trabajando en contra de nada ni de nadie, porque amamos y respetamos el castellano, que también es lengua de Euskadi. Nos encontrarán, eso sí, trabajando a favor de un bilingüismo que considera el euskera y el castellano como patrimonio común, cuyo desarrollo es tarea de todos, lo que, teniendo en cuenta la situación actual de desequilibrio, implica una política activa y positiva en apoyo de la lengua minoritaria y minorizada. Una política concebida y puesta en práctica desde el respeto al castellano y desde la firme convicción de que el bilingüismo es un valor y la convivencia lingüística un activo para la cohesión de la sociedad vasca.

Para nosotros, para las instituciones vascas y para la gran mayoría de los vascos y vascas, el euskera y el castellano son lenguas que nos unen y no lenguas que nos separan. Lo único que genera exclusión y división, las únicas chispas de esa hoguera imaginaria provienen de actitudes y discursos como los que subyacen al artículo publicado el pasado seis de noviembre, actitudes y discursos pobres y reaccionarios, contrarios a la convivencia y a la igualdad, y que afortunadamente tienen muy pocos adeptos en la sociedad vasca.

No quisiera finalizar este artículo sin traer a colación la siguiente cita: "Ninguna lengua puede ser descalificada por el número de sus hablantes (…). La tarea difícil es rescatar y consolidar el euskera, no proteger al castellano y a sus usuarios de la supuesta revancha lingüística: en esto, como en todo, el respeto fomenta el respeto, mientras que la intransigencia suscita intransigencia (…). Las lenguas no se odian entre sí, sólo los fanáticos que las manejan". Su autor no es ningún supuesto inquisidor fundamentalista euskaldun. Son palabras escritas hace años por Fernando Savater. Yo, las suscribo plenamente.

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