Opinión
30Octubre
2007
30 |
Opinión

Pactar o no pactar con el PSOE

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Octubre 30 | 2007 |
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Cada vez que escucho a alguien del PSOE hablar de acuerdos entre vascos antes de dar cualquier paso (por ejemplo, lo que propone el lehendakari) me da como escalofríos. Y eso que, para más inri, yo defiendo que los acuerdos entre demócratas sean lo más amplios posibles. Claro que hay algunas premisas que no podemos perder de vista.
Seguramente, mi idea de democracia no es la misma que la de Patxi López, Ramón Jáuregui o María Teresa Fernández de la Vega. Yo entiendo que no hay ciudadanos de primera y de segunda, que todos los votos son iguales y que no hay voto con veto. Los socialistas dicen que la democracia o es transversal (siendo ellos parte indispensable de la transversalidad), o lo que decidan los ciudadanos vascos al margen del número no tendría valor. Es cierto, además, que esa tesis es de aplicación siempre unilateral. Es decir, las mayorías transversales no se aplican jamás cuando ellos tienen mayorías numéricas. Sólo sirven para los nacionalistas vascos.

Hay un hecho histórico incontestable: la Constitución española de 1978 fue aprobada en la CAV. Es un hecho cierto. Tan cierto que lo fue sólo por el 30 por ciento del censo, con una abstención que superó el 50 por ciento del mismo censo y que el nacionalismo vasco quedó (y sigue) al margen del llamado consenso constitucional lo que, según Juan José Linz, explica la escasa legitimación del sistema constitucional español en Euskadi.

La cosa parecía arreglarse con el conocido hoy como Estatuto de Gernika. Los partidos representantes de la mayoría en la CAV acordaron transversalmente un texto. El texto que, a pesar de todo, no fue aceptado en su integridad en Madrid y sufrió el cepillado de Alfonso Guerra y Fernando Abril Martorell. Aún así, el Estatuto fue aprobado en referéndum (obteniendo un respaldo sustancialmente mayor que el de la Constitución), aprobado por las Cortes generales y refrendado por el rey. Mayor solemnidad y respaldo, imposible. Pues bien: el Estatuto de Gernika (ley orgánica 3/1979) en partes esenciales: gestión del régimen económico de la Seguridad Social (Art.18.2 b), investigación científico técnica (Art. 10)... sigue sin cumplirse. Por el camino, a través de leyes orgánicas y de bases (por ejemplo, la ley orgánica del Poder Judicial, impulsada por el PSOE), se ha ido desfigurando el pacto transversal de Gernika.

En este punto, hay otras dos cuestiones que no pueden olvidarse. El 23 de febrero de 1981 hubo un intento de golpe de estado que, entre otras cosas, degeneró en la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico) pactada entre el PSOE y la derecha de entonces (UCD) y que representó el primer gran golpe contra el acuerdo transversal de Gernika. Pero, representaba algo más: la constatación del poco valor de los compromisos firmados, en este caso, por el PSOE.

A partir de entonces, la autonomía (en este caso, las competencias del Estatuto), fue utilizada como moneda de cambio por el Gobierno central de turno. Así, que el PNV le aprobaba esta o aquella ley, pues se soltaba la competencia en saneamientos y golosinas. Esta política de zoco, unida al persistente bloqueo de esas competencias esenciales, ha contribuido a devaluar el sistema autonómico vasco (con un aumento exponencial del independentismo desde entonces: más de veinte puntos). Además y en parte como consecuencia de lo anterior, treinta años después, la Constitución de 1978 no ha logrado superar el déficit de legitimación sino que está considerada como una imposición de los otros por la parta de los nacionalistas vascos. Se puede decir que el marco que a unos se han dado a otros se lo han impuesto.

En 2001, además, se produjo un hecho definitivo. Ante la posibilidad de un gobierno de los socialistas con la derecha, más de 600.000 ciudadanos votaron la opción del nacionalismo democrático.

Pero, en este periodo, además, los socialistas no han tenido empacho en romper otros acuerdos de mayor o menor trascendencia. Desde el Pacto de Bayona (1945) y el pacto de gobierno del 1946, con el fin de acabar con el Gobierno vasco en el exilio y dar relevancia al Consejo General Vasco (un instrumento preconstitucional de actuación muy limitada) que iba a presidir Ramón Rubial gracias a los votos de la derecha (UCD), quebrando para ello otro pacto, el del Frente Autonómico (1977). Todo ello sin olvidarnos de su salida del gobierno tripartito del lehendakari Arndanza y, antes, de la Diputación Foral de Araba.

Visto lo visto, ¿qué hace interesante un acuerdo con el PSOE?

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