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2007
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Xabier Agirre (El Mundo)

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Agosto 20 | 2007 |
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«EB no puede pretender abandonar la empresa y seguir cobrando dividendos»
Tras recuperar la Diputación de Álava para la causa nacionalista, Xabier Agirre quiere gobernar para todas las sensibilidades. Sus reiteradas invitaciones al resto de partidos a dialogar y alcanzar acuerdos ponen de manifiesto que ha tomado nota de la pluralidad ideológica del territorio y, por ello, tratará de llegar a pactos con todos los grupos políticos de las Juntas Generales. También con el PP, con ANV e incluso con Ezker Batua, formación que pagará su traición permaneciendo en los bancos de la oposición, una situación que, sumada a la de Gipuzkoa, supone una brecha en un tripartito vasco que, pese a todo, Agirre reivindica.

Pregunta.— Tras dos complicados procesos de designación, si calificamos a Miguel Sanz de presidente por accidente ¿usted sería diputado general por sorpresa?

Respuesta.— Hombre, es verdad que entre la generalidad de los alaveses sí que hubo una cierta sorpresa, nadie se esperaba el resultado que al final aconteció. Pero no es menos cierto que a nivel de partido ya sabíamos cómo se iba a desarrollar el tema. En ese sentido para nosotros hubo menos sorpresa.

P.— Iñaki Gerenabarrena estaba convencido de que Xabier Agirre sería diputado general porque descartaba que pudiera haber un pacto PP-PSE. ¿Tampoco tenía usted ningún temor?

R.— Tanto como convencidos creo que no lo estábamos ninguno porque en el último momento, incluso en aquel receso de veinte minutos, me consta que funcionaron los móviles, echaron humo, para intentar un pacto. Sin embargo, nosotros teníamos confianza. Iñaki tenía hablado el tema tanto con el PP como con el PSE y le dijeron que no había acuerdo. Sabíamos cuál iba a ser el desenlace final

P.— Llamó la atención en su discurso la reiterada invitación a todos los grupos a llegar a acuerdos. ¿Minoría obliga?

R.— Es una obligación, pero también es una vocación. Durante toda la campaña, y también en mi discurso de investidura, he dicho que me gustaría implantar en la casa otra forma de hacer política, alejada de la crispación y el enfrentamiento. Creo que la sociedad no está crispada, son los políticos quienes lo están. Y digo que es una vocación porque queremos practicar el diálogo político con todas las formaciones que están en las Juntas Generales. Nosotros jamas hemos practicado la exclusión política con ninguna formación. No obstante, también es cierto que nuestra situación, con 17 junteros de 51, es decir, un tercio de la Cámara, nos obliga necesariamente a llegar a acuerdos con otros partidos. No hay que olvidar que la estabilidad de las instituciones se puede conseguir de muchas maneras y en diferentes momentos.

P.— ¿También contempla acuerdos con el PP?

R.— Yo no excluyo a nadie, a ninguna formación; y estoy seguro de que habrá temas en los que coincidiremos, ¿por qué no?

P.— ¿Espera receptividad?

R.— Eso habría que preguntárselo a ellos, pero creo que en temas absolutamente normales, sin excesiva carga política o de confrontación ideológica, podremos llegar a acuerdos. Espero que no haya problemas en cuestiones que sean para propiciar el bienestar de todos los alaveses y alavesas.

P.— ¿Y con ANV?

R.— Lo mismo. yo no voy a practicar la exclusión de ANV. Hay que recordar que es un partido que nace en 1930, como una escisión del PNV; es un partido legalizado desde el año 1977 y es el único o de los pocos partidos políticos que de manera expresa repudiaN la violencia en sus Estatutos. Además es una formación que ha concurrido legalmente a las elecciones. Por todo ello, para mí es un partido completamente operativo con el que tendremos que dialogar y, quizás, llegar a acuerdos.

P.— ¿Cómo concuerda esta voluntad de diálogo con la persecución a que miembros de ANV están sometiendo a miembros de su partido por ejemplo en Ondarroa o Mendexa?

R.— Si, bueno, lo que pasa es que cuando se pretende protestar frente a situaciones injustas con métodos más o menos violentos se deslegitiman ellos mismos. Yo creo que hay otras formas de hacer frente a esa situación de exclusión en determinados ayuntamientos y circunscripciones que no tienen por qué ser violentas.

P.— ¿Y si continua la presión?

R.— Hombre, esto no ayudaría a conseguir acuerdos, pero en principio, por lo que se refiere a nuestra situación en las Juntas Generales, yo reitero nuestra disposición al diálogo.

P.— Los acuerdos más rentables, para ambos, serían con el PSE, que también está en minoría en el Ayuntamiento. ¿Dará una trato preferente a las conversaciones con este partido?

R.— Sí, pero no sólo por un puro aspecto de necesidad. Y quiero recordar que el día en que llegué a este despacho ya tenía una invitación del alcalde de Vitoria para entrevistarnos en septiembre y hablar de lo que él mismo denominó ‘temas de interés común’. En segundo lugar, el propio secretario general de los socialistas alaveses, Txarli Prieto, en una comparecencia pública a los pocos días de la celebración del pleno, decía que quería pasar página y que hacía votos por ese intercambio de apoyos entre ambas instituciones. Lógicamente, con el primer partido que vamos a hablar será con el Partido Socialista.

P.— ¿Podrían llegar a formar gobiernos conjuntos?

R.— El propio señor Prieto hablaba de apoyos externos, y estoy de acuerdo, creo que no es conveniente forzar las máquinas en estos momentos. Creo que es absolutamente razonable el planteamiento que él hacía, consistente en un intercambio de apoyos en la Diputación y en el Ayuntamiento. Aunque aún tenemos que hablar, creo que la fórmula debe ser ésa.

P.— ¿A qué atribuye el repentino desmarque de Ezker Batua?

R.— Esto es como lo del ejecutivo que abandona una empresa y después quiere seguir cobrando dividendos de la empresa de la que se marchó; y me refiero a aquello que dijeron de que a pesar de todo lo que había pasado podrían entrar en el Gobierno Foral. En política cada partido toma legítimamente sus decisiones y establece sus estrategias, y unas veces le salen bien y otras no tan bien. Esto es lo que le ha pasado a Ezker Batua.

P.— De lo que se deduce que no les perdonará fácilmente este feo ni se plantea incorporarles en un futuro al equipo de Gobierno

R.— No sé si es una obligación o una virtud, pero yo, perdonar, por supuesto que sí. En política, cada formación adopta sus decisiones, pero lo que no me parece lógico es que entren a formar parte de este gobierno. Insisto, tú no puedes irte a la competencia y pretender seguir cobrando dividendos de aquel al que has abandonado. Pero al margen de esto, con EB coincidimos en un montón de temas, incluso a nivel político, y espero que a futuro podamos mantener esos puntos en común.

P.— ¿Cómo puede afectar la situación de las diputaciones de Álava y Gipuzkoa al tripartito vasco?

R.— Yo creo que todos los líderes políticos de las formaciones que forman parte del Gobierno vasco han cantado las excelencias del tripartito y hacen votos por que pueda continuar. Hay aspectos muy importantes que siguen uniendo al tripartito, e incluso ahora, con Aralar, al cuatripartito. Son dos cuestiones fundamentales. La primera es el principio ético, en el sentido de respetar todos los derechos humanos de todas las personas y también sus derechos políticos y civiles. Y un segundo principio, que es el principio democrático, la convicción de que la sociedad tiene derecho a ser consultada y a expresarse democráticamente. Son dos puntos fundamentales que nos siguen uniendo.

P.— El presidente del PNV, Josu Jon Imaz, no le otorga validez más allá de 2009. ¿Y usted?

R.— Si nos siguen uniendo esos principios, yo sí apuesto por esta formula a futuro para el Gobierno vasco. Pero creo que dependerá más de ellos que de nosotros. Nosotros no hemos sido nunca los que han puesto ningún tipo de traba al tripartito, ni hemos cometido ningún tipo de deslealtad. En Álava, ahí está el puesto en la Mesa de las Juntas Generales de EB gracias a nosotros o la Alcaldía de Labastida, también gracias a nosotros. Ellos son los que tendrán que hacer esa apuesta decidida por continuar en el tripartito.

P.— Una de sus primeras decisiones fue quitar la bandera española de los despachos. ¿Retirará también la de la fachada?

R.— En primer lugar, no me gustaría que el tema de las banderas volviera a ser un elemento de crispación social, eso no lo quiero bajo ningún concepto. Tampoco me gusta que la colocación de las banderas sea algo que se haga por imposición de una sentencia del Supremo. Hay una Ley de Banderas que se ha venido cumpliendo, aunque es verdad que la interpretación de esa ley no se hace de la misma manera en Madrid que aquí. En cualquier caso es algo que no debe servir para la confrontación política. Y en cuanto a las banderas de los despachos, quienes estuvieron antes que nosotros trajeron la bandera española porque ésa será su sensibilidad, y nosotros las hemos retirado porque tenemos otra sensibilidad. Pero no es por hacer ningún menosprecio a ningún tipo de enseña. Creo que el despacho de cada diputado es un ámbito muy personal en el que puede poner lo que quiere.

P.— ¿Y la de la fachada? ¿Seguirá siendo la única institución nacionalista que la mantenga?

R.— La sentencia del Tribunal Supremo en principio atañe a todas las instituciones. Creo que en este tema no podemos ir de francotiradores tomando decisiones personales. A mi me gustaría que la decisión final fuera comentada y acordada entre todas las instituciones

P.— ¿Y hasta entonces?

R.— Hasta entonces, ahí va a seguir.

P.— El PNV está en pleno debate para su renovación. ¿Podrá consensuar una ponencia y lograr un proceso pacífico?

R.— Yo desearía que no se repitiera lo que ocurrió hace cuatro años. Es más, creo que las dos cabezas visibles de aquella confrontación, Josu Jon Imaz y Joseba Egibar, han manifestado ya que lo importante en este tema no son las personas sino el establecer claramente una ponencia política que marque una estrategia de partido para los próximos cuatro años. Creo que esto es lo importante, aunque también lo sea quién vaya a pilotar esta estrategia política. Yo sí hago votos porque el proceso sea pacífico. En cualquier caso, el que haya distintas sensibilidades dentro de un partido político lejos de ser algo problemático es síntoma de salud democrática. Probablemente otras formaciones políticas solucionan estas cosas con un cuaderno azul o con afirmaciones como aquella de que el que se mueve no sale en la foto; pero nosotros no somos así. Y esto puede generar tensiones pero también la posibilidad de debatir internamente, y esto es algo absolutamente enriquecedor y profundamente democrático.



«Niego la mayor, el Gobierno vasco no ha perjudicado a Álava porque gobernara el PP»



P.— Le han criticado que todos los miembros de su Gobierno, menos tres, son vizcaínos. ¿Qué les responde?

R.— Creo que hacer este tipo de afirmaciones casi raya la xenofobia local. Yo siempre he defendido que en Álava vivimos alaveses de Álava, alaveses de Bizkaia, de Zamora o de Extremadura. Para mi todos son alaveses y me parece que hacer ese tipo de distinciones no es de recibo, y menos aún por parte de formaciones que no han tenido ningún empacho en presentar al propio Manuel Fraga Iribarne como candidato a alcalde de un ayuntamiento vasco. Creo que se han pasado, pero yo en cualquier caso, vuelvo a lo mío, a un nuevo estilo de hacer política, y por eso no voy a entrar en rifirrafes con quien plantea este tipo de cosas, que me parece que están completamente fuera de lugar. Y por otra parte, algunos de esos que dicen que son vizcaínos llevan más de cuarenta años residiendo en Vitoria, son alaveses de pro.

P.— Álava ha denunciado históricamente una supuesta discriminación por parte del Gobierno vasco. ¿Le beneficiará que su Ejecutivo tenga ahora su mismo color político?

R.— Yo niego la mayor. No es verdad que por parte del Gobierno vasco se haya perjudicado a Álava. El caer en la tentación de que cuando están los del mismo color político en una institución, entonces sí apoyamos, y si están otros no, no, obedece más a actitudes políticas del anterior equipo de la Diputación. Y aquí me remitiría a muchos ayuntamientos alaveses que no eran del PP, a ver cómo han pasado estos ocho años. Nosotros no vamos a hacer esto, nunca lo hemos hecho.

P.— Al menos sí evitará enfrentamientos como los vividos, por ejemplo, con la Ley de Aportaciones.

R.— Hombre, creo que la Ley de Aportaciones generó más conflicto dentro del propio Partido Popular que entre la Diputación y el Gobierno vasco. Recuerdo manifestaciones muy nítidas tanto del señor Rabanera como del diputado de Hacienda, Juan Antonio Zárate, que se abstuvo en el Consejo Vasco de Finanzas, diciendo que esa Ley traía la estabilidad financiera al territorio alavés para los próximos años, y que de los fondos que se creaban Álava iba a ser la beneficiaria neta. Otra cosa es lo que la dirección del Partido Popular dijo públicamente, supongo que porque creían que ese podía ser un elemento de confrontación durante la campaña electoral. Hombre, sí es verdad que ahora vamos a hablar entre amigos, sin decir que antes fuera entre enemigos, y eso siempre facilita las cosas. Pero en ningún caso va a haber un plus porque la Diputación sea ahora nacionalista y antes fuera del PP; ese estilo lo han practicado otros, nosotros no.

P.— ¿Cuál es su prioridad para esta legislatura?

R.— Prioridades tenemos muchas pero pido paciencia. En septiembre, los diputados forales comparecerán en las comisiones para expresar nuestro programa. Pero si tuviera que apuntar dos prioridades que tengo muy interiorizadas serían, una, el intentar cambiar el estilo de hacer política, alejarnos de la crispación y del rifirrafe, y otra de mis obsesiones es el conseguir que Álava sea un territorio equilibrado. Y ello significa que todo alavés, independientemente de su lugar de residencia, pueda disfrutar de la misma calidad de vida.

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