Anasagasti: "Me río de mi ensaimada"
Deslavado del bronceado ma-llorquín gracias al raquítico verano vasco, Iñaki Anasagasti disfruta del "impasse" estival en el Senado con un pie en un pueblecito de la costa vizcaína y otro en Sabin Etxea. Entre una cosa y la otra, saca tiempo para salpimentar Marivent y darle un bocado. En su salsa, vamos.
-Y digo yo, ¿no habría preferido ser Cayo Anasagasti, senador en la antigua Roma?
-Senatus populusque romanorum. Mandaban mucho; pero no había video, televisión, Internet...
-¿Qué tal el socialista vasco Javier Rojo como líder de los patricios?
-A pesar de que nunca le oirá alabar a nadie del PNV, reconozco que lo hace bien. Aunque con la polémica del Rey me pegó un rejonazo de cuidado.
-Bueno, le llamó «vago» e «impresentable». ¿Qué esperaba?
-No me refería tanto a él -aunque podía haber dejado de regatear para ir a Tenerife cuando se quemaba, o a Barcelona, porque ése es su trabajo-, sino a los "marichalares", los "urdangarines" y a una familia que crece y crece. El Legislativo no puede controlar esos gastos y yo me rebelo ante esa opacidad. ¿Pero aquí tocarle al Rey es como tocarle a tu madre!
-Le veo reculando...
-Al contrario. Voy a escribir un libro con los "blogs" a favor y en contra que he recibido.
-Uno de ellos dice que, a cuenta del «cuento del nacionalismo vasco», ni usted ni el resto de peces gordos del PNV tiene que preocuparse en lo que a asientos de consejos de administración se refiere. ¿Un bribón?
-Sólo he estado en el de ETB, que nos pagaba dietas. La crítica de ese señor me recuerda a aquello que decía Franco: «Vosotros, haced como yo, no os dediquéis a la política».
-¿Cuál ha sido la mejor idea que ha tenido en su vida?
-El Alderdi Eguna.
-¿Y su mejor gol?
-Plantear en un debate parlamentario que la mujer estaba discriminada en la Constitución española a cuenta de las infantas.
-Y dale. ¿No será que le gustaría ser el Rey?
-Ja, ja. De mi casa. Y ya lo soy.
-A Letizia, ¿le amnistía?
-No me gustó su trabajo cuando Urdaci era jefe de informativos de TVE. Por algo la puso, claro. Era muy de la situación aznariana.
-A través de usted su partido abrió las puertas de la Moncloa al presidente Aznar. A toro pasado, ¿se fustiga un poco?
-No, porque el Aznar de aquella época era bastante potable. Con él logramos eliminar la mili, la figura de los gobernadores civiles... Fíjese, era más fácil negociar con él que ahora con Zapatero. Eso sí, con Lizarra y la mayoría absoluta se volvió Míster Hyde.
-¿Y su hijo, del Real Madrid! ¿Y si luego se hace del PP?
-Le echaría unas broncas de cuidado, ja, ja. No creo. Le estoy lavando el cerebro y se está acercando al Athletic.
-Entre nosotros: ¿Alguna vez se desmelenó?
-Una vez cogí una borrachera de aúpa. Nos invitaron a comer en Mundaka con txakoli, vino, whisky, coñac... Cuando me levanté creí que estaba en Marte.
-Le califican de imperturbable y correoso. ¿De qué se olvidan?
-De que soy constante, leal, irónico y con mucha mala leche cuando hay que tenerla.
-¿También tiene humor para hablar de su... "ensaimada"?
-Lo único que me fastidia es que mi mujer y mi madre se meten conmigo cuando lo oyen. Yo me río de la "ensaimada".
El príncipe de Caigüire
-Por consejo de Arzalluz se ha imaginado en calzoncillos a Suárez, González, Aznar... ¿Cómo los lleva Zapatero?
-Sí, pero con los largos, no con esos slips asquerosos que llevan algunos. A Zapatero le conocí a ras de suelo y no me ha hecho falta. Era muy normal y reflexivo.
-¿Y ahora?
-Como a todos, le ha picado el virus de La Moncloa. Es un tipo impenetrable, improvisador y con un instinto político asesino. No se casa con nadie y es muy celoso de que nadie le haga sombra.
-Atiza, qué miedo. Verá, «las viviendas de Euskadi son tan caras como en California», asegura un experto en la materia. ¿Y el soberanismo, dicen, no puede esperar?
-Ja, ja. Puede esperar todo. Verá, yo creo que, pese a Madrazo, la vivienda va a bajar.
-Nació al borde de las Antillas. ¿Me explica qué tiene de caribeño?
-Mis primeras palabras fueron "aitana maracutana", una canción criolla. Nací en un casa con cocoteros. Era muy rubio en un sitio con muchos negritos e indios. Me llamaban el príncipe de Caigüire, mi barrio en Cumaná, Venezuela. ¿De caribeño? No me tomo las cosas tan en serio como aquí. En Euskadi se dramatiza mucho.
-¿Y lo nota en la bilirrubina?
-No crea. Aunque ver a una venezolana recatada bailando un buen joropo...