Bilbao: "A algunos parlamentarios les cortaría los discursos"
LUCÍA MARTÍNEZ
-¿Está casada?, ¿tiene hijos?
-No, soltera y no tengo hijos.
-¿Tiene pareja?
-No, es muy difícil siendo presidenta. La cosa se pone complicada, ja, ja.
-¿Qué es lo que más le divierte de su trabajo?
-Que a través de las nuevas tecnologías podemos innovar y transformar las instituciones.
-¿Lo más tedioso?
-Algunas jornadas interminables.
-¿Cuál ha sido un momento malo?
-No sé si es porque soy una persona optimista o por qué, pero no recuerdo un mal momento... Lo fue el de la elección. Me encuentro satisfecha.
-¿Un buen momento?
-Me ha hecho ilusión cerrar este periodo de sesiones diciendo que hemos visto todos los asuntos que teníamos en el Pleno. Disfruto con lo pequeño.
-Cuando hacen la ley, ¿piensan en la trampa?
-Las leyes se hacen para no permitir que haya vacíos, pero siempre habrá alguien que piense en cómo evitarlas. Pero se trata de legislar con rigor.
-Cuando era pequeña, ¿de mayor quería ser presidenta?
-Quería ser peluquera y mi obsesión era cortar el pelo a las muñecas. Me sigue gustando cortar el pelo. Es la primera mujer que ha llegado a la Presidencia del Parlamento vasco -cargo que ejerce desde hace dos años-, y su nombre no ha sonado tanto ni tan alto como el de quienes la precedieron. Acaso porque no lo está haciendo mal. Es Izaskun Bilbao.
-¿Quién la llamó para decirle que iba a ser presidenta?
-Aquel lunes 23 de mayo, como todos los de mi grupo parlamentario, yo no sabía qué iba a pasar. En un momento dado, sin darme cuenta, me encontré en una sala, en una conversación normal, con el presidente del PNV...
-¿Josu Jon Imaz?
-Sí. También estaban los presidentes de las tres territoriales: Gerenabarrena, Egibar y Urkullu. Nos sentamos a una mesa y el presidente me explicó que la candidata iba a ser yo. El Pleno estaba convocado para las 12 del mediodía. Me preguntaron qué opinaba, miré el reloj, y les dije que eran menos cinco, que teníamos que ir al Pleno para no llegar tarde. Así fue.
-Dígame, ¿en sus respuestas tengo que transcribir parlamentarios y parlamentarias o nos podemos apañar de otra forma?
-Podemos hablar de personas parlamentarias.
-¿Los políticos tienen profesión?
-Depende de quién.
-¿Ser político es una profesión o hay que tener otra?
-Depende de cómo te lo tomes. Yo creo que es bueno tener una profesión al margen, aunque en un momento dado se haga un paréntesis para dedicarse a la política.
-¿O sea que debe ser temporal?
-Creo que sí. Yo nunca me he planteado la política como la profesión de mi vida. La propia inercia me ha llevado a ello.
-¿Son mejores los políticos que no dependen de la política?
-No es ser mejor o peor. Da más libertad e independencia.
-¿Cuál diría, entonces, que es su profesión?
-Secretaria interventora; y de manera temporal estoy en el ejercicio de la política.
-¿El Parlamento es muy femenino, por lo de hablar?
-Yo diría que lo es porque tenemos un 53% de mujeres. Es un ámbito en el que las mujeres se mueven, gestionan y se relacionan bien.
-¿Los políticos en general tienen sentido común?
-Nuestra sociedad lo tiene y los políticos, como parte de ella, también. Pero a veces no acertamos en la manera de gestionar. Deberíamos ser más directos, simplificar los discursos y llegar a un acuerdo cuando tenemos algo que comunicar. No me gusta esa política de mensajes diarios; los ciudadanos la rechazan.
-¿Las políticas tienen más sentido común que ellos?
-Es una forma distinta de hacer. Se nota no solo aquí, también en diferentes países del mundo: somos más prácticas, más directas, nos gusta hacer diagnósticos claros del problema y resolver de la mejor manera y en el menor tiempo posible. No nos resulta difícil abordar el espacio de otros.
-¿Porque ellos tardan más? ¿Porque no quieren bañar a los niños?
-Esa es la queja de algunas mujeres. Son los estilos en que hemos sido educados. No ponemos las reuniones a las 7 de la tarde, entendemos que para comer es suficiente hora y media...
-Los escolares van a menudo al Parlamento. ¿Son más sensatos?
-Tienen una espontaneidad que se pierde con la edad, y es una pena. Los niños son más directos, más sinceros, cruelmente sinceros incluso hablando de ellos mismos. Es una virtud.
-¿En el Parlamento vasco, también se tratan de "señoría"?
-De vez en cuando, depende de quién y del momento... Señor parlamentario, señora parlamentaria... A veces, hasta nos tuteamos. Las relaciones son muy formales pero lo que oímos en el Congreso suena más formal. Las relaciones en este momento son muy buenas. Es de agradecer; creo que es el único camino para construir unas instituciones en las que confiar.
-¿Son obedientes los parlamentarios?
-A veces, sólo a veces.
-No se sacan adelante ni el 50% de las leyes que se prometen en las campañas electorales. ¿No se trabaja en el Parlamento?
-En esta legislatura, se han aprobado todas las leyes propuestas y, de los asuntos tratados, el 50% ha sido aprobado por unanimidad. Se desconoce lo que se trabaja.
-Cuando no hay cámaras, ¿hablan igual?
-Los parlamentarios van a fijar la postura de su grupo, pero se comportan básicamente como son.
-Hablan fatal los políticos.
-Puede ser porque la cabeza va a un ritmo más rápido que la palabra. Es más grave que se cometan errores leyendo; hemos tenido casos de alguien que no entendía lo que estaba leyendo.
-¿Se ha dormido alguna vez durante un discurso?
-No, pero es como en todo, también hay escritores y películas que aburren. Hay discursos que no son de mi estilo; no me gustan, pero han sido elegidos... A algunos parlamentarios les cortaría los discursos.
-¿La ciudadanía a veces se equivoca cuando vota?
-Respeto y confío en las decisiones. Cuando la gente vota, lo hace con sentido y siempre quiere expresar algo.