Opinión
13Julio
2007
13 |
Opinión

El plan y la consulta

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Julio 13 | 2007 |
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Este lunes el secretario general de EA anunció el propósito del tripartito de reactivar durante el próximo periodo de sesiones el plan Ibarretxe con independencia de cuál sea la fórmula parlamentaria que se determine para la articulación del debate. Unai Ziarreta se manifestó a favor de que se celebre en esta legislatura una consulta popular, aunque persista la actividad de ETA. Al día siguiente la portavoz del Gobierno aseguró que existe un debate y una negociación pendiente sobre los contenidos del plan Ibarretxe, pero no se posicionó ante la iniciativa anunciada por EA, remitiéndose a lo que sobre el tema exponga el lehendakari en sede parlamentaria. Miren Azkarate aprovechó la ocasión para dirigir una cariñosa reprimenda política a su socio de gobierno al fijar quién y dónde se va a decidir qué es lo que se va a hacer con el plan Ibarretxe: «Se podrán escuchar opiniones, es algo perfectamente válido y legítimo, pero la iniciativa corresponde al lehendakari y al Consejo Político y se explicará en el pleno de política general».
Al día siguiente, el tercer socio dejó constancia pública de su posición. El coordinador general de Ezker Batua se mostró convencido de que en lo que resta de legislatura habrá una consulta popular si bien no sabe sobre qué. Dice que la misma debe ser «abierta, plural e inclusiva». Esta caracterización le lleva al convencimiento de que el objeto de la consulta «no debe girar sobre ningún plan concreto: ni sobre el plan Ibarretxe del nacionalismo electoral, ni sobre el federalismo de EB-Berdeak». Mientras tanto, que yo sepa, el PNV no ha efectuado ninguna manifestación oficial sobre el tema. Ello puede obedecer a varias razones, pero entre ellas caben tres como probables.

En primer lugar, que no tengan nada que añadir a lo dicho por la portavoz del Gobierno. En segundo lugar, que entiendan que las cosas no están nada claras a la vista de los resultados de las autonómicas de 2005 y de las últimas elecciones municipales y forales. Y que tampoco lo están para frivolizar con la consulta popular viendo las intenciones de ETA. En tercer lugar, que el silencio pueda obedecer a una sana voluntad de no contribuir a generar mayor confusión y hastío en la ciudadanía.

Después de tantos años de confrontación en el propio seno de la sociedad vasca, después de tantos años de disputa con el Estado las fuerzas políticas vascas deberían tener claro que nuestro mayor reto, en términos estrictamente políticos, no es tanto la negociación con los poderes centrales sobre el modelo de relación o encaje de Euskadi en el Estado, sino la consecución de un gran pacto nacional entre vascos de distintos orígenes, identidades, sentimientos e ideologías sobre el pueblo vasco que queremos construir y la sociedad en la que queremos convivir.

Aunque a algunos les resulte difícil de aceptar es obvio que el gran desafío, lo auténticamente prioritario y urgente no es la consulta popular sino el acuerdo entre los vascos. Por otra parte, si se quiere abordar este debate con mayúsculas en sede parlamentaria, parece evidente que la realidad político-electoral actual impone una adecuación de las propuestas estratégicas de antaño, con lo que ello significa de apertura a nuevas opciones y de articulación de nuevos consensos más amplios y más integradores.

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