Monreal: "Hay que interpreat el derecho a decidir como el de negociar el propio estatus dentro y fuera del país"
Gregorio Monreal ha sido recientemente distinguido con el premio Eusko Ikaskuntza de Humanidades por su labor investigadora y docente en los apartados jurídico, histórico y cultural, hasta el punto de que se ha convertido en “un referente de la sociedad vasca”.
Humberto UNZUETA
A pesar de su extensa trayectoria vital que le ha llevado a emplearse en el campo de la política, la cultura y la docencia y la investigación universitaria, Gregorio Monreal es una persona humilde y prudente a la que no le gusta hablar por hablar y prefiere pronunciarse sólo de aquello que conoce de primera mano.
¿Cómo ha seguido el proceso y qué le parece su desenlace?
Yo soy un mero lector de periódicos y de opiniones ajenos. Sin duda ha tenido que haber grandes fallos en la gestión del proceso desde el punto de visto de los responsables estatales. Pero no hay que olvidar quiénes están de por medio, ETA, una organización que está envuelta en una cultura política que es de otra época y de otro mundo, una cultura política del tercer mundo y de los años sesenta, es decir, alguien que vive fuera del lugar y del tiempo, que se ha enquistado en unas respuestas alucinadas a los problemas del país.
¿En qué medida dificulta alcanzar una resolución la ilegalización de la izquierda abertzale oficial?
Soy consciente de que es muy duro coexistir políticamente con partidos y personas que tienen una postura ambigua o de apoyo ideológico a la violencia. Ahora bien, en el marco jurídico-constitucional europeo en el que vivimos es difícilmente sostenible la ilegalización. Desde el punto de vista político, es obvio que es un error porque con un revestimiento institucional, con unas siglas o con otras, este mundo existe, y como existe es operativo, se presenta y se presentará. Por tanto, normalizaríamos bastante las cosas si sujetáramos la ley a los hechos.
Las actuaciones de la Justicia española han dejado su credibilidad muy tocada.
A todas las personas sensatas que se dedican al derecho constitucional y derecho positivo actual les escucho que el modo de proceder de la Justicia española la ha dejado con un déficit de credibilidad realmente muy grande.
Montesquieu y su separación de poderes parece que, cuando se tercia el problema vasco, se va de vacaciones.
La impresión que queda no es que el balance entre los poderes se haya desequilibrado a favor de la Justicia. Da la impresión de que la Jus ticia, muchos jueces son el brazo judicial ya no del Ejecutivo, sino del principal partido de la oposición.
Luego, se politiza más la Justicia que judicializa la política.
Al final ocurren las dos cosas, pero en detrimento de la autonomía de los distintos poderes del Estado.
¿Dónde radica el origen del mal? ¿En el modo en el que se hicieron las cosas durante la Transición?
Durante veinte años se ha elogiado la Transición, cuyo mérito principal había sido el haber modificado las leyes y determinadas instituciones pero no haber tocado en absoluto otras. En Portugal cuando se hizo la transición realmente fue una auténtica transición con ruptura democrática porque todos los poderes del Estado comprometidos con el Estado autoritario anterior fueron modificados profundamente. Aquí se consideró un merito importante mantener todo tal y como estaba, pero obviamente en esos poderes se enquistaron muchas personas que estaban vinculadas con el régimen anterior, personas de una mentalidad muy autoritaria y cuando ha llegado una circunstancia política propicia como esta crispacíón esas mentalidades han brotado.
También han afectado a buena parte del sistema judicial, especialmente al CGPJ.
Los modos de nombramiento de los órganos judiciales fundamentales en que han tenido una participación tan directa los grandes partidos estatales han condicionado los nombramientos judiciales politizándolos, y al final la gente se debe al que le ha nombrado. Y esto es lo que ha ocurrido en el mundo judicial, en órganos judiciales claves, las personas nombradas responden agradecidamente a aquellos que les nombraron.
Siendo senador de ESEI, siguió de cerca la redacción de la Constitución y el Estatuto de Gernika.
Los poderes del País Vasco en materia judicial que salieron de la asamblea de parlamentarios vascos eran mucho más amplios que lo que al final quedó en la negociación del Estatuto tal y como se produjo en la Moncloa. A Suárez, las grandes fuerzas del poder judicial le condicionaron y le exigieron una rebaja notable del Estatuto en materia judicial.
Es posible imaginar que la CAV pudiera disponer de sus propios órganos de gobierno judiciales y su propio sistema judicial.
Es obvio que en una reforma del Estatuto vasco el capítulo del poder judicial tendría que tener transformaciones importantes para que esto funcionara de una manera más sensata.Yo desearía que eso ocurriera, aunque reconozco que sería uno de los elementos duros a negociar en una reforma estatutaria.
Más allá de lecturas políticas, ¿en qué repercutiría eso al ciudadano de a pie?
Esa pregunta se hace también en relación al Concierto Económico. Al ciudadano no le preocupa el Concierto Económico de entrada, pero cuando llega el momento de acudir a la Hacienda foral, o cuando aparecen las leyes fiscales concretas del día a día, sí se da cuenta de la importancia del Concierto. Lo mismo cabe decir de la Justicia en abstracto: si se le pregunta si le importa mucho la justicia quizá lo coloque en un lugar bajo del ranking, pero no hará lo mismo cuando es un justiciable que tiene problemas concretos a resolver ante los tribunales.
En Madrid, invocan el Concierto pero a la hora de la verdad no parece que se lo creen mucho.
Creo que poco a poco sí se va tomando en serio, a pesar de los problemas y de la necesidad de su blindaje. Poco a poco empieza a ser conocido, ya no sólo aquí, sino también en el Estado, en los ministerios, en las facultades de Derecho fiscal... está cambiando la imagen del concierto como una Hacienda peculiar propia de la CAV y de Navarra.
Zapatero y el PSOE ha negado validez al derecho de autodeterminación.
El derecho de autodeterminación como principio básico es algo indiscutible, pero se ejercita en una sociedad concreta y desde luego la Vasconia imaginada nada tiene que ver con la Vasconia real. Este país, el nuestro, es lo que es. La poesía es importante para vivir, pero también lo son los datos de la economía y conocer cómo es y realmente qué composición tiene nuestro país. Hay cosas que se pueden y otras que no en función de lo que se es. El término derecho a decidir, que parece que es una formulación light y, si se quiere, más concreta del derecho de autodeterminación, puede ser más útil, en tanto que se apega al terreno y tiene en cuenta la realidad en la que se vive y lo que se puede hacer. Con el derecho a decidir se está pensando no sólo en las mayorías y en las minorías. Una mayoría tiene que tener en cuenta que el orden político lo tiene que negociar en primer lugar dentro de casa para que todo el mundo encuentre un ajuste cómodo, y después irremediablemente tiene que pactar con el Estado, porque no hay que olvidar que para una porción importante de la gente de este país el Estado no es algo ajeno, se identifican con él muchos.
¿Es ese el nudo gordiano?
No, pero esa es la realidad. El derecho a decidir hay que interpretarlo como el derecho a negociar el propio estatus dentro y fuera del país. Pero pensar que hay una fórmula mágica, el derecho de autodeterminación, que arregla nuestros problemas es una ilusión. El que quiere puede tenerla pero no se puede engañar a la población.
“El vasquismo navarro no ha tocado techo”
Navarra se ha convertido en una cuestión de Estado para unos y en un axioma irrenunciable para otros.
Ha habido unas elecciones que manifiestan la voluntad popular y ahora toca que esa voluntad expresada en las urnas sea respetada y se logren los consensos por los procedimientos democráticos habituales. Hay que lamentar que todavía no haya una madurez democrática en la derecha española, que tiene un proyecto esencialista de lo que debe ser Navarra, y en parte en aquellos que en el PSOE supeditan los intereses electorales en el resto del Estado a la voluntad de Navarra, así como el tratamiento que ETA da a Navarra y a su extensión política, que también tiene una idea esencialista de Navarra.
Navarra será lo que digan los navarros, viene a decir la Transitoria Cuarta de la Constitución. Siendo esto así, ¿cuál es el problema para tanto alboroto?
Es un alboroto en este momento totalmente artificial, no se corresponde con ningún problema real. De hecho hay una mala voluntad de la información. Si uno lee la prensa de Madrid, incluso la que es liberal, se dirá que el problema para la formación de un gobierno está en que NaBai aboga por la independencia de Navarra y por la incorporación en Euskadi. Sin embargo, si leemos la marcha real de las conversaciones, de las negociaciones nos damos cuenta de que no hay nada de esto, y que la negociación avanza en términos programáticos sociales, económicos e institucionales.
El vasquismo navarro se ha convertido en una fuerza boyante. ¿Ha tocado techo?
Depende de lo que el vasquismo haga en el futuro. Es posible que no haya actuado correctamente en los últimos 20 años. Me refiero a su dispersión y a que ha sido rehén de lo que se hizo en el comienzo de la transición. Esto en parte se ha superado yendo a un entendimiento entre las diferentes formaciones y, por otra parte, reformulando objetivos dentro de Navarra. Todo ello ha suscitado una respuesta de la población. No creo que haya tocado techo. El mensaje político del vasquismo todavía sólo es conocido por una parte de la población, es posible que en el futuro tenga un eco mayor.
Navarra también se ha cruzado en el proceso de resolución dado que su utilización política por parte de ETA lo ha llevado al traste.
Existe un problema de insatisfacción de una parte importante de la población vasca respecto de la forma de inserción en el Estado. No es de ahora, es del siglo XIX, ha estado vivo hasta terminar el siglo XX y hemos entrado en el XXI con él. Ese problema existe, básicamente porque en el Estado hay una concepción de que no hay más que un solo sujeto político pleno y nosotros entendemos que en el Estado hay varios sujetos políticos. En Vasconia hay una masa crítica suficiente de población para hablar de un sujeto político o demos vasco. Evidentemente ese demos tiene enormes deficiencias, y eso obliga a una vía lenta, a tener paciencia, al pactismo. Para que el problema se arregle tiene que haber un pacto constitucional de uno (la CAV) o dos (también Navarra) sujetos políticos con el Estado. Eso es muy difícil porque en el Estado no hay una auténtica cultura política federal.