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02Julio
2007
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Josu Erkoreka (Deia)

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Julio 02 | 2007 |
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Erkoreka: "La legislatura de Zapatero es tan infructuosa para el autogobierno vasco como la de Aznar"
IGOR CAMAÑO
Josu Erkoreka celebrará mañana su 47 cumpleaños en el escaño del Congreso. El portavoz del PNV, bermeano, doctor en Derecho, profesor en Deusto y amante de la bicicleta, intentará arrancar a Zapatero compromisos tangibles.


El debate que empieza mañana, ¿será otro combate entre Zapatero y Rajoy con ETA como excusa?

Rajoy concedió una tregua a Zapatero tras su entrevista y desde entonces no ha vuelto a sacar el tema, o no con el tono altisonante de antes. Pienso que espera a disponer de un pretexto objetivo que le permita defender ante la opinión pública que tiene razones para retomar el asunto. Rajoy es consciente de que un excesivo recurso a la política antiterrorista puede volvérsele en contra si no mide sus mensajes y sus expresiones.

¿Qué tono imprimirá usted al discurso del PNV?

Éste es el último debate de su naturaleza de la legislatura y es inevitable hacer un balance de lo que ha dado de sí. De lo bien o mal que nos ha ido. Tenemos que centrarnos en ese balance. Primero, para evaluar la legislatura y, segundo, para ver si en el tiempo que resta hasta su conclusión, que espero que sea suficiente, hagan lo que no se ha hecho o lo que se ha hecho mal. Nuestra intervención será recapituladora, evaluadora y emplazadora para ver qué se puede corregir.

Zapatero habló de un acuerdo histórico y definitivo sobre autogobierno en 2005. En el debate del año pasado, usted le dijo que no era tiempo de prometer sino de comprometer. A día de hoy, todo sigue igual. ¿Cabe concluir que el presidente español ha sido un hombre de palabras bonitas y pocos hechos con los vascos?

Zapatero se ha agotado en las palabras bonitas con Euskadi. No ha pasado de ahí. Lo poco bueno que hemos conseguido es porque prácticamente se lo hemos arrancado. A veces, incluso, con el voto contrario del PSOE. En lo que se refiere a autogobierno su implicación ha sido nula. En materia de transferencias, los tres años y pico de Zapatero han sido tan infructuosos como la última legislatura de Aznar. Cero. Las líneas rojas son las mismas para el PP que para el PSOE. Con Zapatero ha habido más comunicación con el Gobierno vasco, mejor talante, pero el resultado ha sido el mismo. La praxis legisladora de los gobiernos centrales en los últimos 25 años no ha variado un ápice. En el caso de Zapatero hay un agravante: se han aprobado nuevos estatutos de autonomía, que en algunos casos ampliaban competencias y en otros blindaban las ya existentes. El hecho de que el mismo Gobierno que ha aprobado esos estatutos siga en la dinámica del rodillo en Euskadi es grave. Eso nos ha llevado a votar en contra de proyectos de Ley que han sido emblemáticos para el Gobierno.

Algunas de esas negativas han despertado cierta incomprensión.

Entiendo que la sociedad no haya comprendido a veces nuestro voto en contra. Es cierto que algunos de esos proyectos tenían una trascendencia social importantísima, pero no los podíamos apoyar porque vulneraban las competencias del Gobierno vasco. La Ley de Dependencia, que los socialistas han convertido en su estandarte máximo de políticas progresistas, la nueva normativa antidopaje, la ley del carné por puntos... No estábamos en contra de la regulación y de la ordenación del tráfico, pero sí en que no se recogiera expresamente una competencia autonómica de primer orden como la que desempeña la Ertzaintza. Hemos votado en contra de todo lo que vulneraba las competencias vascas.

¿Qué han sacado, pues, los vascos de la presente legislatura?

Dos acuerdos presupuestarios que han permitido, primero, incrementar los bajísimos índices de compromiso que el presupuesto general del Estado presentaba con las inversiones en Euskadi. Además, esas inversiones tienen que ver con proyectos de futuro.

¿Esperaban más de Zapatero?

Sí, esperábamos más. Sobre todo porque arrancó la legislatura con buenas palabras y con muchos llamamientos a la necesidad de avanzar en el autogobierno y de buscar nuevos espacios de consenso que permitieran desarrollar la identidad vasca. Lanzó muchos mensajes y, curiosamente, lo intensificó en el primer semestre del año 2005, cuando la Propuesta de Nuevo Estatuto del Gobierno vasco se debatió en el Congreso. Todo eso no se ha traducido en hechos concretos. Podían, por ejemplo, haber avanzado en las transferencias pendientes, que son las mismas que con Aznar.

¿Confía en que se pueda materializar alguna antes de que acabe la legislatura?

Jamás vamos a dejar de insistir. Es uno de nuestros leit motiv y no dejaré de recordarle que ésta, la de las transferencias, es una de las lagunas de su acción política.

Pese a lo poco que Zapatero ha dado a Euskadi, ¿por qué flota en el ambiente la sensación de que el PNV es un aliado suyo?

Esa percepción no se corresponde con los hechos. Zapatero fue investido con el apoyo de Izquierda Unida, Esquerra y el BNG. Nosotros no teníamos motivos explícitos para apoyarle, porque nada nos había prometido o pactado, pero tampoco para presentarle un profundo rechazo. Nos abstuvimos para que pudiera formar gobierno. A partir de ahí hemos actuado con las manos libres. Hemos apoyado los proyectos de Ley que nos gustaban o que nos han gustado tras aceptar nuestras enmiendas y hemos rechazado los que no nos han gustado. El PNV no es uno de los baluartes del Gobierno español. Es cierto que hemos apoyado dos de los tres presupuestos. Pero, por lo que sé -ironiza-, los socialistas también nos han apoyado los del Gobierno vasco. Nuestro apoyo también ha sido total al proceso de paz. Y ahí sí que nuestro respaldo quizá sea más cualitativo, por quiénes somos y dónde gobernamos. En ese caso, salvo el PP, el apoyo ha sido unánime.

El PNV no es un partido más en el Congreso, ¿verdad?

Es cierto: el PNV tiene un peso, en muchos temas, que va más allá de lo que representa cuantitativamente. Tenemos siete escaños en el Congreso y otros tantos en el Senado, pero el PNV puede condicionar el posicionamiento de otros grupos. Sobre todo en asuntos vinculados con la defensa del autogobierno, de la defensa de la descentralización del Estado, de las libertades... El Gobierno es consciente de eso y procura, cuando es posible, recurrir a nosotros como uno de los primeros en convencer, porque sabe que podemos arrastrar posiciones.

¿El futuro de Nafarroa sobrevolará por el Congreso estos días?

Tendrá su reflejo y ese reflejo dependerá de cómo se resuelva, al menos desde nuestra posición.

¿Confía en que, finalmente, haya un gobierno de cambio?

Confío en que, aunque sea a última hora, una luz ilumine las mentes de los máximos responsables del PSOE para que se den cuenta de que ahora lo que procede allí y lo que la gente demanda es un cambio. Me llama mucho la atención que un partido político asuma que su principal oponente le tiene comida la tostada hasta el extremo de reconocer que ese contendiente tiene una especie de derecho divino a gobernar y que, por tanto, él tiene que renunciar. Si un partido asume, por efecto de su contrincante, que el dilema al que se enfrenta es que o gobierna el oponente político o el caos está garantizado, ese partido está amortizado. Y algo de esto está empezando a ocurrir en Nafarroa con los socialistas. Parece que o gobierna UPN o cualquier fórmula alternativa es una traición a Navarra y a no sé cuántos principios divinos más. Si aceptas eso te tienes que retirar, estás de sobra.

¿Se nota que tanto PSOE como PP ya miran a las Generales?

Todos miramos a las elecciones. Pero hay que mirar presentando un perfil de partido sólido, coherente, con principios. Y no rehuyendo los aspectos que puedan ser problemáticos. Si el Gobierno español ha gestionado un proceso de paz avalado por una resolución del Congreso no tiene por qué ocultárselo a los ciudadanos y no tiene por qué negar determinadas informaciones que dicen que se reunió aquí y allá. Para gestionar un proceso de paz es evidente que debió reunirse con ETA. Es absurdo que niegue eso. En Nafarroa sucede lo mismo. No es pecaminoso pactar con una formación como Nafarroa Bai. Lo máximo que podría plantearse, y creo que no está en la intención de NaBai a corto plazo, sería activar la Disposición Transitoria IV, que es aplicar la Constitución. Si la máxima acusación entre los partidos es que va a aplicar una previsión de la Constitución, si todo es eso, pues yo no entiendo nada.

En el seno de algunos partidos nacionalistas catalanes incluso hablan de tener ministros en Madrid. ¿Se lo plantea el PNV?

Eso no forma parte de nuestra cultura política tradicional. Los nacionalistas catalanes aspiran a gobernar su casa y a influir en la ajena, incluso formando parte del Gobierno. Es su tradición desde la República. Nosotros, salvo Irujo, y de modo excepcional en plena guerra, no hemos funcionado así. Aspiramos a gobernar nuestra casa y no renunciamos a influir las casas de los demás, pero nuestra implicación nunca ha llegado hasta ahí. Lo veo muy difícil.

¿Qué opinión le merece la labor de otros diputados vascos como Benegas, Astarloa o Jauregi?

Por regla general no intervienen o lo hacen muy poco. Y cuando intervienen, como ocurrió en el debate sobre el blindaje de las normas forales, se oponen a acuerdos tomados por unanimidad en las instituciones vascas. No defienden nuestros intereses y sí suelen combatirlos.

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