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27Junio
2007
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Schuman, 121 aniversario

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Junio 27 | 2007 |
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Un 29 de junio de1886, hace 121 años, nació Robert Schuman. Pierre Pflimlin, Presidente del Parlamento Europeo entre 1984 y 1987, definió a Schuman como un hombre de frontera. No es para menos. Nacido en 1886 simboliza en su persona el drama de una Europa dividida y en guerra. Esa Lorena en la que nació su padre, había pasado de Francia a Alemania para cuando nació Schuman como consecuencia de la victoria de Bismarck en la guerra franco-prusiana. La tierra de Schuman que nace alemán vuelve a ser francesa en 1918 tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Lorena pasa a ser alemana cuando las tropas de Hitler invaden Francia y la anexionan en 1940, para pasar en 1944 a su situación actual de región francesa, vivió como alemán el que años después sería Presidente de Francia y Ministro de Exteriores. Un 9 de mayo de 1950, él mismo inició oficialmente la historia de la UE de la mano de Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, con la llamada Declaración Schuman. Fue un político germano-francés al que junto con Adenauer, Monnet y De Gasperi, se le considera como «padre de Europa». Cuando se visita al día de hoy el Parlamento austriaco, se puede observar el escaño en el que sentaba el diputado Alcide De Gasperi. El que fue Presidente del gobierno italiano desde 1945 y 1953 nació en 1981 en Trento y participa en la vida política austriaca, hasta que en 1918 proclama en el Parlamento de Viena la voluntad de anexión a Italia del Trentino y de Trieste tras la derrota del Imperio Austro-Húngaro en la Primera Guerra Mundial. Nacido austriaco, pilotará la apuesta europeísta de Italia. Adenauer, renano, vivió desde su juventud la realidad de una Renania fronteriza, desmilitarizada como consecuencia de la guerra del 14. En definitiva, los llamados «padres fundadores» están marcados por fronteras arbitrarias y guerras. Por ello buscaban en la UE el instrumento para la paz.
Schuman fue hecho prisionero por la Gestapo en 1940 tras rechazar colaborar con los nazis, logró evadirse dos años más tarde y vivió en la clandestinidad hasta la liberación de Francia donde desarrolló su carrera política, fue Presidente del Consejo, ministro de Finanzas, Justicia y Asuntos Exteriores y el mayor negociador francés de los tratados firmados entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el principio de la Guerra Fría. Para él, Europa era historia de culturas, tradiciones y naciones, historia de la huella y la vocación de sus pueblos grandes y pequeños, sometidos y sometedores, una suma poliédrica de aciertos y errores, de bellas y gloriosas páginas pero también de las vergonzantes y oscuras, una suma en definitiva de anhelos y frustraciones. Vio a Europa como un tapiz desordenado de culturas diversas, reflejo de conflictos, existencia pueblos y estados de múltiples relaciones cual tela de araña tejida por muchos hilos. Percibía un continente de relaciones solidarias, de encuentros y desencuentros colectivos, fracasos de convivencia y lazos vecinales más o menos confusos, de argamasa de colectivos y con un balance histórico de debe y haber. Siempre consideró a Europa como espacio histórico abierto, compendio de principios políticos, sociales y culturales, de historias y proyectos grandes y pequeños, poderosos y humildes.

Para él, Europa era solar y testigo, concierto y conflicto de identidades más o menos compartidas, de pertenencias múltiples, dependencias dispersas, de soberanías complejas y de perfiles diversos y a veces difuminados. Creyó en el diálogo, en el respeto, la tolerancia, la igualdad, la fraternidad y la diversidad. Entendió a Europa como espacio de comunicación entre personas por encima de cualquier consideración. Apostó por un continente acogedor en la que todos, independientemente de su color, raza, origen, lengua o creencia religiosa, tuvieran un trabajo digno, una Europa social y solidaria, adalid del imperio de la Ley, ejemplo de Derechos Humanos y en la que pueblos, naciones y estados se miraran en el espejo del respeto mutuo, una Europa beligerante ante la injusticia, la guerra, el abuso, el hambre y la explotación impune. Cuando el Lehendakari Agirre, político europeísta que por méritos propios trasciende a su época y representante genuino -con Irujo, Landáburu, Rezola, Galíndez y otros- de la faceta más moderna del nacionalismo fue testigo directo de una Europa que afrontaba la tragedia y el desgarro de la guerra, intuyó que el futuro debía de construirse sobre una Europa de países y pueblos unidos, único medio de tener protagonismo propio.

Hoy es el día en que la Asamblea Europea de Países y Regiones con Poderes Legislativos sigue reivindicando lo mismo que dijo el Lehendakari Agirre hace más de medio siglo, porque Europa será de los estados, pero no se podrá construir de espaldas a la diversidad pluricultural de sus Pueblos. El Lehendakari Agirre descubrió para todos nosotros, como bien dice el actual Lehendakari Ibarretxe en el prólogo del arriba mencionado libro... «cómo pueden llegar a convivir de forma amable Euskadi, España y Europa, supo tejer complicidades políticas entre diferentes y lo hizo cimentando su labor política sobre un pilar, en la convivencia en común que se consigue con respeto a las ideas de todos»... La afirmación de Euskadi como nación depende fundamentalmente de nosotros mismos y de acertar en la apuesta europea. En la visión anticipatoria del Lehendakari Aguirre, más allá de lo que entrañaba desde el punto de vista de la paz y la convivencia entre los pueblos, la construcción de Europa significaba sentar las bases que iban a hacer posible la construcción nacional de Euskadi en un contexto moderno, abierto y solidario. Europa se convierte en una opción estratégica para el nacionalismo vasco, es tejer Euskadi, es buscar un lugar en el mundo.

El 4 de septiembre de 1963, murió Schuman, no disponía de grandes cualidades como orador, pero pronunció uno de los discursos más trascendentales en la historia europea: «Europa no surgirá en un día. Nada permanente puede crearse sin esfuerzo. Lo importante es, en todo caso, que la de idea de Europa, el espíritu de solidaridad comunitaria, que responde a los anhelos íntimos de los pueblos, ha echado raíces también fuera de estas instituciones. Esta idea de Europa pondrá al descubierto todas las bases comunes de nuestra cultura y creará, con el tiempo, un vínculo igual al que mantiene unidas a las Patrias. Será la fuerza que venza todos los obstáculos».

Finalizo, como afirma Daniel Innerarity en un artículo Europa y el Mundo: «Hoy, la construcción política de Europa presenta unas singularidades que la diferencian de todos los proyectos de construcción nacional. Probablemente sea la primera entidad política que se configure sin necesidad de un patriotismo ideológico de los que exigían un pueblo delimitado y homogéneo, un origen común, unidad de lengua y cultura, y algún enemigo exterior que fuera útil para la cohesión interna. Europa no puede concebirse como algo separado del mundo, no es ejemplar por una superioridad de algún tipo, sino porque su espacio público es un caso representativo del hecho de que la mayor parte de las decisiones políticas no pueden adoptarse sin examinar su consonancia con los intereses de los otros». En definitiva, una Europa que respete culturas e identidades, patria común en la que merezca la pena vivir, lugar de iniciativa y calidad de vida, referente de creatividad e innovación, talento y tolerancia, cultura y solidaridad, beligerante ante la miseria, la injusticia, el hambre y la guerra. Leo que Sarkozy maniobra para que Blair sea el primer presidente de la UE, nuevo cargo que podría ser su jubilación de oro. Seguramente el raquítico Indice de Castelli europeísta de Blair no supera, ni por mucho, el vigoroso de los Monnet, De Gasperi y de Schuman.

PD: El sábado, Bruselas nos ha deparado una buena noticia: la canciller alemana Merkel ha logrado que la UE camine de nuevo y que salga de su parálisis.

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