Opinión
10Junio
2007
10 |
Opinión

Atentado a la esperanza colectiva

Opinión
Junio 10 | 2007 |
Opinión

ETA rompe el alto el fuego. Nunca hubiera querido escribir esta líneas, y lo hago desde la desazón y la tristeza. Me es difícil disimular la indignación y el hartazgo ante lo que presumiblemente viene de dolor, miedo y sufrimiento. Absurda decisión la de ETA que lleva a esta sociedad a la que dice defender a un callejón sin salida y oscuro, a una situación de retroceso. Decisión política errónea, actitud inaceptable desde el punto de vista ético, rechazable desde el democrático. Lenguaje más propio de un matón de taberna con ínfulas de ser el ombligo del mundo. Literatura de quien se cree autodestinado a ser el ungido salvador de un Pueblo inerme y errante a punto de sucumbir ante los zarpazos de la historia. Un auténtico despropósito. Una pena y un desastre. Esperpento de quien se yergue como el único intérprete del bien y del mal, árbitro del futuro de Euskadi y fiscal supremo de la voluntad de la sociedad vasca.
En democracia las diversas fuerzas políticas tienen una única capacidad de interlocución, y es precisamente la que se deriva del número de ciudadanos que las refrendan ante las urnas, y por ello precisamente, es inaceptable que alguna alternativa política intente imponer por la vía del matonismo sus criterios y proyectos. ETA, que no quiere, y a estas altura quizás ya ni pueda, percibir la pluralidad de la sociedad vasca cronifica su ridículo anacronismo, escenifica el esperpento de su justificación y, lo que es más grave, niega de facto a Euskadi decidir su futuro. ETA socava la convivencia con el todo vale y opta por el cuanto peor mejor, espolea la confrontación, siembra el miedo y el desánimo social, la fractura y la desvertebración de la sociedad. ETA pugna por la imposición violenta de sus ideas, ETA no se sabe los básicos principios de la Democracia ni de la convivencia, opta por el «todo por la patria» pero sin la patria, por la plena soberanía política proclamando la guerra y aprovechándose de la democracia por imperfecta y mejorable que sea.

Pero es más, no serán política y éticamente decentes quienes lamentando los atentados no los condenarán y quienes haciendo cínica gala de la doble vara de medir exigirán la mayor de las exquisiteces en cuanto al respeto de los derechos de los «suyos» y justificarán, explicarán o entenderán la trasgresión a los «otros» a «contextos» y «a exponentes de la crudeza de la confrontación del contencioso político».

Desaparezca ETA. No haga sufrir más a Euskadi al que dice representar y querer liberar. Acate el juego político democrático basado en las mayorías y minorías, en la tolerancia y en el respeto al discrepante. No todo vale, es falso y suicida. No es heroísmo atentar, es fascismo político puro y duro. No tiene justificación política, ni ética, ni moral ninguna, prostituye cualquier proyecto político, envilece al nacionalismo vasco y vilipendia a toda una sociedad. Y lo que es peor aún, además de generar sufrimiento, es inútil y es un craso error político.

El ser humano es poseedor del lenguaje y de la inteligencia que le permite desarrollar sociedades de extrema complejidad y proyectos de convivencia humana, por complejo y arduo que resulte, es capaz de sembrar cultura civil y política honesta, trabajo, coraje y fraternidad. Hablo de sembrar rechazo a la imposición y a la ruindad. Y en esta siembra de ética como servicio y de política como práctica de la moral, sobra radicalmente ETA y la «cultura» que la entiende, justifica y avala.

Envidio por ello la declaración del IRA firmada por P. O´Neill, de la oficina de comunicación republicana Irlandesa de Dublín, cuando un 17 de julio del 2002 decía: «Ofrecemos nuestras más sinceras disculpas y condolencias. Reconocemos el dolor y la pena de los familiares de las víctimas. El futuro no está en negar los fallos y fracasos colectivos, o en cerrar los ojos y los corazones al dolor de los afectados.

El proceso para resolver el conflicto requiere el igual reconocimiento del dolor y de la pérdida de los otros. El IRA está comprometido de modo inequívoco con la búsqueda de la libertad, la justicia y la paz en Irlanda, seguimos totalmente comprometidos con el proceso de paz y con la resolución de los desafíos y las dificultades que ello presenta. Esto incluye la aceptación de los errores pasados y la pena que hemos inflingido a otros».

Coincido con el presidente del Euzkadi Buru Batzar del PNV, Josu Jon Imaz, cuando propone un nuevo pacto antiterrorista de seis puntos a todos los partidos, y especialmente al PSOE de Zapatero y al PP de Rajoy. Un nuevo pacto que asume el punto principal del Pacto de Ajuria Enea de 2000, esto es, que la Paz no tendrá precio político alguno, que rechaza negociar el futuro político de Euskadi con ETA y que sólo admite el diálogo con la banda tras el cese definitivo de la violencia. Un nuevo pacto que propone sacar del debate partidista la política antiterrorista, un nuevo acuerdo entre partidos sobre la condena del terrorismo, el apoyo a los mecanismos policiales y la aplicación de los mecanismos del Estado de Derecho sin políticas de excepción, un acuerdo que incluya la solidaridad y el apoyo a las víctimas sin utilización partidista alguna. Y algo que considero personalmente fundamental: un pacto que busque la deslegitimización intelectual y social del discurso perverso del terrorismo, negándole categóricamente cualquier motivación política o histórica alguna. El único responsable de la violencia es de quien apuesta por ella.

El contencioso político de Euskadi, el llamado conflicto vasco, es anterior a ETA, el problema histórico del pueblo vasco en cuanto a su desencaje en la España constitucional es un asunto y un reto, que concierne exclusivamente, exclusivamente repito, a sus fuerzas políticas democráticamente elegidas que tienen en la palabra y en la urna los únicos instrumentos de trabajo y persuasión. No hay nada por encima de las personas. Nada por encima de la vida. Una última reflexión, penosa por cierto, el desinterés con que el PP, el PSOE y los demás partidos políticos han acogido la propuesta de un nuevo acuerdo antiterrorista presentado por Josu Jon Imaz, es en mi humilde opinión, irresponsable y lamentable.

Termino. Quienes en la Euskadi de 2007 utilizan la violencia para imponer sus objetivos políticos no son gudaris. El derecho a decidir corresponde a la sociedad civil de Euskadi. Nunca jamás a ETA.

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