Entrevistas
22Abril
2007
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Josu Jon Imaz (Diario Palentino)

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Abril 22 | 2007 |
Entrevistas

Imaz: "Batasuna no es un interlocutor fiable para negociar un acuerdo de futuro"
ALFREDO GRACÍA

Josu Jon Imaz asegura que gran parte del denominado "problema vasco" se resolvería si el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, defendiera con rotundidad que la violencia no puede ser utilizada para alcanzar ningún fin político. Sin embargo, cree que a la izquierda abertzale le falta coraje para dar ese paso. "Tanto que miran al Sinn Fein, necesitan un Gerry Adams", dice. A su juicio, Batasuna no será un interlocutor válido para negociar el futuro de Euskadi mientras no rompa con ETA o trabaje por convencer a la banda de la necesidad de poner un final definitivo a la violencia.

Por delante de la sede central del PNV en Bilbao pasa un coche adornado con carteles que lucen el logotipo que la izquierda abertzale ha creado para las listas que pretende presentar a las elecciones del 27 de mayo. Sólo a unos metros de allí está el despacho de Josu Jon Imaz, el presidente del Euzkadi Buru Batzar (EBB), órgano de dirección del PNV. A él, la imagen que se veía por la calle Ibáñez de Bilbao le parece una escenificación más del "enredo" que está planteando Batasuna para estar en las elecciones, una presencia que casi da por hecha. La última propuesta del lehendakari, sobre la celebración de una consulta a la ciudadanía vasca en relación con su marco político, inicia la conversación.

- ¿El lehendakari ha vuelto a hablar de una consulta popular. ¿En qué términos podría convocarse?
 

- En política a veces se hacen noticias de cosas que son evidentes. Cualquier cambio de marco jurídico en un país democrático exige la ratificación de la ciudadanía. Siempre hemos planteado la necesidad de un acuerdo político que finalmente sea aprobado por los ciudadanos. Ésos son los términos en los que hemos de trabajar. Lo que nos corresponde a los políticos es alcanzar estos acuerdos. Es un trabajo complicado, pero absolutamente necesario. El lehendakari decía que debemos hacer todo lo posible para alcanzar este objetivo. En el documento sobre paz y normalización que hicimos en octubre de 2005 ya de-cíamos cómo entendíamos el acuerdo: tenía que aglutinar a las diferentes sensibilidades del país y debía contar con un apoyo igual o superior al del marco vigente. Al final del camino, la ciudadanía vasca es la única que va a poder ratificar este nuevo escenario o cambio de marco.

- ¿Es factible ese gran acuerdo hoy por hoy? 

- Tenemos que buscarlo. Lo hemos estado haciendo en el escenario del proceso de paz. Habíamos diseñado un esquema que pasaba por la ausencia de la violencia, una mesa de partidos y un acuerdo que fuera ratificado. Pero si el mundo de ETA y Batasuna no es capaz de hacer política, el conjunto de la sociedad vasca no va a estar esperándolos eternamente. Hemos aguantado demasiado. Que se olviden de nosotros si no son capaces de hacer política. El resto de las fuerzas de este país tenemos que buscar acuerdos. Dicho lo cual, vamos a trabajar por un horizonte en el que, una vez desaparecida ETA, ese mundo pueda estar también en los acuerdos de convivencia. Batasuna tiene que desasirse del paraguas de ETA para hacer política con claridad y nitidez.

- En ese acuerdo es necesario el entendimiento de fuerzas que parecen poco dispuestas a entenderse entre sí, desde el Partido Popular hasta Batasuna. 

- Es verdad. Por eso Batasuna tiene que decir si quiere estar bajo el cobijo de ETA o ser efectivamente una fuerza política. Tiene que tomar la decisión. Ha de tener coraje. Si no lo hace, su espacio será ocupado por otros. Es decir, ETA va a llevar al abismo el proyecto de Batasuna porque su propio entorno le está de-mandando que haga política. Con respecto al PP, creo que este país lo tenemos que hacer entre todos y ésta es una fuerza necesaria. Pero el PP tiene que dejar de utilizar el asunto vasco para conseguir un puñado de votos.

- Hablando de crispación, decía Patxi López que la propuesta sobre la consulta dividía a la sociedad vasca. ¿Teme que se pueda polarizar la so-ciedad con este tipo de medidas? 

- Patxi López hizo una interpretación interesada de la propuesta. Lo evidente desde el PNV es que la consulta es la parte final de un camino que debemos hacer a través de unos acuerdos políticos previos.

- ¿Hay puentes sólidos de entendimiento entre el PNV y el PSE? 

- Tenemos puentes con todos los partidos. El PNV ocupa una posición de centralidad en la política vasca y eso, lógicamente, es necesario para romper los escenarios de fractura. Estamos dispuestos a desempeñar un papel de interlocución con todos para buscar complicidades futuras.

- El presidente del Gobierno ha elogiado el papel que ha desempeñado el PNV en el proceso de paz. 

- Hemos tenido un papel responsable. Hubiéramos podido entenderlo, como han hecho otros, en clave partidista. Dentro de diez años no me acordaré de cuántos concejales y alcaldes obtuvimos en las elecciones de mayo de 2007, pero sí de que, cuando hubo una posibilidad de apostar por la paz, nosotros jugamos la partida en serio. Que se reconozca eso es satisfactorio. Cuando hacía la refe-rencia al PP para que deje esa actitud partidista lo hacía desde la legitimidad de haber afrontado el proceso de paz en clave de responsabilidad. Seguro que habría tenido más aplauso en determinados ámbitos si la posición hubiera sido otra. Pero, cuando se habla del diseño de una sociedad en la que nuestros hijos puedan vivir en paz y libertad, adoptar esa postura hubiera sido ruin y misera-ble.

- ¿Quién ha buscado más al PNV como interlocutor, Batasuna o los socialistas? 

- Cuando hablo de centralidad me refiero en el ámbito político. En el de la violencia no tengo centralidad ni ambigüedad. Lo quiero dejar claro. En el proceso hemos tratado de aportar siendo conscientes de que a veces no nos tocaba des-empeñar un papel principal. En la vida uno tiene que asumir los papeles que le tocan con generosidad. Ha habido fases en las que hemos tenido un lugar se-cundario que hemos tratado de ocupar lo mejor posible, otras hemos sido utilizados para establecer o reforzar interlocuciones y en otras nos ha tocado un papel estelar. El que hemos tenido en cada momento lo hemos tratado de desem-peñar con la máxima responsabilidad y sin complejos.

- ¿Puede el PNV alabar del mismo modo al presidente Zapatero? 

- Había una oportunidad para la paz que se debía aprovechar. El presidente ha tenido la audacia suficiente para abordarla. Algunos aspectos de la política de comunicación que se ha llevado a cabo podrían haberse modificado. Cuando un proceso de este tipo es radiado o televisado casi al minuto es difícil que pueda llegar a buen puerto. Pero no nos tiene que despistar lo secundario. Lo impor-tante es que ha habido un proceso que había que llevar adelante, que nosotros hemos sido leales y que el único responsable de su ruptura es ETA. Todos hemos podido hacer las cosas mejor –el presidente, el PP e incluso nosotros–, pero la responsable de la ruptura ha sido ETA.

- Porque Barajas lo cambió todo. 

- Pues sí. Es verdad que entre los cascotes se quedaron muchas esperanzas, además de la vida de dos personas. Desde agosto había señales preocupantes. En algún momento he llegado a intuir que entonces empezaba a anidar en ETA la voluntad de romper el proceso. El comunicado del 17 de agosto fue sintomá-tico. A mediados de noviembre tuvimos la percepción de que las cosas estaban mal. Vimos un cambio de agujas en el mundo de Batasuna que podía estar influido por un movimiento de ETA. Luego hubo factores a lo largo de diciembre que nos hicieron mantener la esperanza y que no esperáramos el atentado de Barajas en la dimensión en que se vivió.

- ¿A qué atribuye el cambio? 

Aquí entramos en el campo de la suposición. Tengo la percepción de que ETA cambió de posición. Puede haber muchos factores. Uno, que el mundo de Batasuna se encuentra con una debilidad social y política mayor de la que esperaba. Una parte de su mundo estaba escarmentado después de la ruptura de la anterior  tregua en 2000. Esto ha podido influir en su miedo, desde una perspectiva que a mí me parece aberrante, a perder al primo de zumosol, que es ETA. La crispación tampoco ha ayudado. Una ETA que hace un año y medio tenía que buscar una solución porque estaba con una gran debilidad operativa y social, se encuentra con que, fruto de la tensión brutal del PP frente al PSOE, tiene una capacidad de desestabilizar mayor de la que ha tenido en los últimos 25 años.

- ¿Cómo se rompe esta dinámica? 

- Hace unas semanas, antes de que se pillaran los papeles del comando Donosti, yo hacía una reflexión seria en el sentido de que un atentado no nos puede pillar con los puentes rotos. Hacen falta unas bases mínimas de cómo abordar un fenómeno de este tipo. Y el PNV las ha plasmado en cinco puntos. Uno es la condena de las acciones violentas y la implementación de los medios policiales necesarios para hacerles frente. Otro es la deslegitimación del discurso de este mundo: en ningún caso el terrorismo es consecuencia de ningún conflicto político. Un tercer elemento es el apoyo a las víctimas. Otro es que hay que utilizar el Estado de derecho sin mecanismos de excepción. Y luego, que cuando haya condiciones, que a día de hoy no las hay, se debe abordar un final dialogado si hay una voluntad inequívoca de ETA de poner fin a la violencia. Hacen falta estos mínimos comunes y sacar del ámbito electoral la cuestión. Para decir esto último tengo cierta legitimidad.

- ¿Se ha reunido con Batasuna después del atentado? 

- Sí, yo he tenido cuatro reuniones.

- Y dice que no ha constatado que quiera romper la dependencia de ETA. ¿Acaso esperaba otra cosa? 

- Si esperar significa estar convencido de algo, tengo que decir que no. Si signi-fica buscar con convicción algo, aun siendo consciente de que las posibilidades son escasas, sí. Nuestra obligación era hacerlo y nuestro emplazamiento en las reuniones ha sido claro: no es posible ningún acuerdo si no está claro que si mi posición en una negociación no le gusta a ETA, no me va a poner una bomba debajo de la silla. El PNV no se va a sentar a negociar el futuro de este país con nadie si previamente no hay un respeto escrupuloso de todas las partes a las vías exclusivamente políticas y democráticas. Posiblemente, uno de los frutos de estas conversaciones fue aquel gesto que Batasuna hizo a mediados de enero en el que pidió a ETA un movimiento y ésta ratificó el alto el fuego con unas condiciones infumables. Al día siguiente, Otegi dijo que ese comunicado gene-raba confusión en su mundo y le pidió una reflexión a ETA que nunca se produjo. Ante la impotencia y frustración que esto puede generar en algunos diri-gentes de Batasuna, la respuesta fácil es la que han dado en las últimas semanas: responsabilizar al PNV de la situación cuando ellos saben que la responsabilidad de la ruptura es de ETA y de la impotencia de Batasuna para exigir a ETA un movimiento.

- ¿Batasuna tiene un dilema ante una posible división en la izquierda abert-zale? 

- Su dilema se resuelve con coraje político. Tanto que miran al Sinn Fein, necesi-tan un Gerry Adams. El problema es que no tienen coraje para ser Gerry Adams. Se le pide que rompa con ETA o que la fuerce para un final definitivo. Algo diferente no sería comprensible por parte de la sociedad. Yo no estoy dis-puesto a negociar el futuro político de este país con nadie que nos esté mirando por el rabillo del ojo y que, en función de lo que le guste, nos ponga una bomba.

- Si esto no cambia, ¿Batasuna es un interlocutor válido y fiable para hablar del marco político? 

- No. A día de hoy, no. Dicho esto, evidentemente, voy a seguir hablando con todo el mundo porque ni en las peores guerras hay que perder los hilos. Si en-tendemos por interlocutor político aquel con el que se negocia un escenario de acuerdo futuro, la respuesta es no.

- Batasuna hace vaivenes, como calificar de error la violencia. 

- No dijo eso. Habló de que la violencia no es un arma válida para alcanzar la independencia. El problema se acaba en cuanto Otegi diga que la violencia no puede ser utilizada con un fin político. Algo tan sencillo como eso terminaría con el problema. ¿Tienen coraje para decirlo? Aquí nadie pide que se renuncie a ningún objetivo. Todos los objetivos democráticos son válidos. Pueden y deben ser defendidos y realizados, pero sin violencia. Eso es lo que estamos exigiendo: el uso exclusivo de vías políticas y democráticas para construir el futuro de esta sociedad entre todos.

- ¿El proceso que sigue el Tribunal Superior del País Vasco contra Ibarretxe influye en las posibilidades de dialogar con Batasuna? 

- Denota que tenemos unas instancias judiciales politizadas. Y lo digo con res-peto a muchos jueces que tratan de hacer su trabajo de la mejor manera. Hay sectores de la judicatura que se mueven por motivaciones políticas, y eso es grave. Posiblemente, el único poder del Estado que no ha hecho una auténtica transición democrática es el judicial. Cuando veo que en televisión aparecen dos señores y uno dice que es de la mayoría conservadora y otro que es de la minoría progresista, yo me pregunto en manos de quiénes estamos. Aquí la justicia es un sistema de cuotas.

- Además de Ibarretxe, ha tenido problemas Patxi López. 

- Yo también los tuve en julio de 2006 porque cuando se conoció la querella contra el lehendakari dije que yo no había tenido una reunión con Batasuna, sino 30. A la semana eso llegó a manos de un juez de unas instancias normales y se archivó. Mi ventaja fue que no era aforado. Los aforados, como Ibarretxe y López, van al Tribunal Superior de Justicia y se encuentran que lo que debería ser una garantía para los cargos electos es un obstáculo para derechos básicos, como el de acción política. Yo hablo con quien quiero. Y si tuviera que hablar con ETA lo haría. No lo hago porque no quiero, porque no me corresponde y por-que el futuro político de este país no lo voy a negociar con un encapuchado. Pero yo he dado mi voto en el Congreso de los Diputados para que haya un diálogo, en determinadas condiciones, entre el Gobierno y ETA. ¿En qué país estamos si se puede hablar con ETA y no con un grupo político?

- ¿Tiene algún futuro ETA? 

- No. En el peor de los escenarios, puede tener capacidad a corto plazo para hacer daño, pero a medio plazo veo una Euskadi sin violencia. ¿Por qué? Porque operativamente el mundo ha cambiado: con la cooperación internacional y las consecuencias del terrorismo islámico es más limitada la capacidad de movimiento de una organización terrorista. Y, lo que es más importante: porque el entorno que ha apoyado a Batasuna quiere que la violencia acabe. Una huida hacia delante de ETA causaría un derrumbe de ese mundo. Este problema tiene fecha de caducidad. Todos tenemos que hacer lo posible para que se resuelva en el corto plazo y sin costes humanos. De ahí nuestro planteamiento de un final dialogado de la violencia, que exige una voluntad inequívoca de abandonarla.

- ¿ETA tratará de influir en las elecciones? 

- Seguro. No sé cómo, no descarto nada, pero querrá hacerlo. Su capacidad de influencia será directamente proporcional a la crispación y división entre las fuerzas políticas en la cuestión del terrorismo.

- ¿Hay posibilidades de que Batasuna esté finalmente en las elecciones? 

- Nuestra posición es conocida: estuvimos en contra de la Ley de Partidos. A partir de aquí, este asunto es un enredo que tiene mucho de escenificación. Batasuna y cualquier fuerza política debe tener derecho a estar en el escenario electoral. Pero que no nos enreden: si quieren estar, saben lo que tienen que hacer.

- ¿Y qué tienen que hacer? ¿Basta con condenar? 

- Si Batasuna tuviese una posición nítida en torno a la violencia, estoy convencido de que no tendría ningún problema.

- ¿Qué opinión le merecen las agrupaciones de electores y distintas candidaturas que pretende crear la izquierda abertzale? 

- Hay mucha escenificación en esto, mucho enredo. Quieren que hablemos de ellos hasta que termine el plazo para presentarse en las elecciones y lanzar un mensaje de victimismo para luego, en el último momento, estar presentes a través de la opción que sea. Todo este juego lo conocemos.

- ¿Da por hecho que Batasuna encontrará la vía? 

- No lo sé con seguridad, pero es probable que sí. En cualquier caso, es una estrategia de enredo a la que voy a contribuir lo mínimo posible.

- En Navarra, el PNV está presente a través de Nafarroa Bai (NaBai), que cuenta con buenas expectativas para las próximas elecciones. 

- NaBai plantea un compromiso con una forma plural de entender Navarra, una Navarra que quiere compatibilizar su identidad con su raíz vasca. Ese espacio social lo está articulando en un espacio político que creo que va a tener éxito.

- Las posibilidades de crecimiento de este grupo, sobre todo de entrar en un posible Gobierno, parecen ser uno de los argumentos de UPN para decir que Navarra puede dejar de ser lo que es. 

- ETA está dando la excusa a Miguel Sanz para tratar de confundir a la sociedad con el objetivo de mantenerse en el poder. El objetivo es legítimo, pero no se puede engañar a la gente. El PNV nunca va a aceptar que se violente la voluntad de los navarros. Siempre hemos dicho que no vamos a aceptar que se haga eso por una negociación con ETA. Navarra será lo que quieran los navarros, y no lo que quiera el señor Sanz. A quien le preocupa el marco institucional que quieren tener los navarros es a UPN. Ella es la que quiso enmendar la disposi-ción transitoria cuarta de la Constitución. Sanz dijo que había que quitarla por si los navarros se volvían locos. Una sociedad no se vuelve loca, sino que vota democráticamente. La sociedad navarra acertará tanto si está en contra de los principios del PNV como si está en contra de los de UPN. El PNV siempre va a defender las instituciones navarras. Trataremos de buscar canales de coopera-ción y de articulación de políticas comunes entre Navarra y la Comunidad Au-tónoma Vasca. Y para eso no hace falta que ETA diga nada, porque en el marco actual existen la disposición transitoria cuarta de la Constitución, el artículo 2 del Estatuto de Gernika y la disposición adicional segunda del Amejoramiento del Fuero Navarro, que son los mecanismos que permiten la colaboración.

- ¿NaBai pactará con los socialistas si se da la posibilidad? 

- En Navarra es necesario un cambio porque UPN está tratando de negar una identidad plural que concibe el vasquismo como una parte importante de la sociedad. UPN está tratando de negar esa realidad y es preciso un cambio para apostar por unas instituciones que crean en la identidad plural de Navarra. Na-Bai tratará de buscar alianzas para contribuir a ese cambio.

- Hablaba antes de mecanismos que están en el marco legislativo actual. ¿In-tentará activarlos si cambia el mapa político navarro? 

- Las cosas hay que hacerlas teniendo en cuenta la situación de las sociedades. Hay mecanismos que podrían activarse de una forma natural desde el respeto a las instituciones navarras. Ya se ha intentado hacer en el pasado. En 1996 el Parlamento foral apostó por un órgano de cooperación entre la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra y fue UPN la que, sin respetar la voluntad de los navarros, a través de las Cortes Generales, con mayorías del PP, intentó impedirlo.

- ¿Aquí se puede hablar de una consulta? 

- En un documento que hicimos en octubre de 2005 nosotros decíamos que había que dejar de usar las consultas como armas arrojadizas. Hace tiempo presentamos un proyecto de reforma de la Ley de Amejoramiento en la que apostábamos por una Navarra con más autogobierno, más identificada con su raíz vasca, que apueste por la cooperación y en la que hubiera una ratificación. El Amejoramiento del Fuero es el único marco de autogobierno de las 17 comunidades que nunca ha sido votado.

PERFIL

Del monte a la compra


Josu Jon Imaz (Zumárraga, 1963) no ejerce su doctorado en Ciencias Químicas, sino que se dedica a su verdadera vocación: la política. En ella se vuelca desde que tenía veinte años. En 1994 fue elegido diputado del Parlamento Europeo, cargo que abandonó para ocupar la Consejería de Industria, Comercio y Turismo y el cargo de portavoz del Gobierno vasco. En 2004 tomó el relevo de Xabier Arzalluz como presidente de la ejecutiva del PNV. Se define como un “lector empedernido” y le gusta el ajedrez –aunque ahora lo practica poco– y andar por el monte. Le encanta perderse, pero le cuesta encontrar la ocasión por la “logística” que exige llevar por el monte a sus tres hijos (de ocho, seis y un año, respectivamente). Reconoce que le gusta el café malo de las máquinas, que, por cierto, le cuesta 40 céntimos. “Zapatero debería haber dicho que cuando se es presidente del Gobierno se renuncia a tomarse un café con los amigos”, dice. Y, aunque hace la compra cada dos semanas en el hipermercado, reconoce que le pillarían si le preguntaran el precio de un kilo de garbanzos.

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