Opinión
13Abril
2007
13 |
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Protocolo de colaboración lingüística

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Abril 13 | 2007 |
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"A SÍ como nuestro pueblo necesita encontrar un lugar entre los pueblos así también nuestra lengua tiene que encontrar un lugar entre las lenguas: un lugar suficiente, que asegure su continuidad y desarrollo sin aventuras maximalistas. No debemos caer en el infierno del gueto por huir del purgatorio de la diglosia. La integración nos es tan necesaria en el aspecto lingüístico como en cualquier otro". Sabias palabras del sabio lingüista Koldo Mitxelena que siguen manteniendo hoy mismo todo su vigor y potencialidad en cuanto a buen mensaje y mejor consejo. Largo y tortuoso, complicado pero esperanzador, ha sido, y es, el recorrido de la lucha por el euskera
Habría que remontarse a 1901 y referirnos a Engracio Aranzadi Kizkitza cuando trató de promover relaciones con Galicia y Cataluña buscando agrupar el trabajo en común con ambos pueblos. Veinte años más tarde, con ocasión de la Díada Nacional de Cataluña y dos días antes del golpe de Primo de Rivera, se firmó en Barcelona el Pacto de la Triple Alianza: Egileor, Robles Arangiz y Gallastegi por Euskadi, Francesc Maciá por Cataluña y Somoza y Zamora por Galicia. La Dictadura de Primo de Rivera ahogó este movimiento, pero diez años más tarde, en plena República, el Día Nacional de Galicia, se firmó el Pacto de Compostela que formuló a Galeuzca como un movimiento solidaricen la búsqueda de una estructura común para coordinar la acción política de las tres naciones de cara al Estado: Castelao, Irujo, Rezola, Carrasco i Formiguera fueron sus protagonistas. La Declaración de Barcelona, 1998, suscribió el compromiso de trabajar por un Estado español Plurinacional, Pluricultural y Plurilingüe. Más cerca en el tiempo, diciembre de 2005, vió la luz un documento que recoge las directrices y principales líneas de actuación en materia de política lingüística, Futuro de la Política Lingüística, Proyecto 2995-2009 de la Viceconsejería de la Política Lingüística. Su segundo capítulo, el que trata sobre las principales líneas de actuación, la Viceconsejería de Política Lingüística, tomando en consideración la Ley del Euskera y demás disposiciones, así como el trayecto recorrido hasta hoy por el área de política lingüística se propone poner en práctica una serie de líneas de actuación. Entre ellas, la nº 24 apuesta por impulsar el fomento del uso del euskera en la totalidad de su ámbito territorial, encauzando la colaboración con las instituciones y asociaciones de Iparralde y de Navarra. Y la nº 27, apuesta por "fortalecer la relación con los organismos que llevan a cabo políticas de fomento de lenguas minorizadas en España y en el ámbito internacional". Así, hace más o menos un mes, a mediados de marzo, Maria Sol López Martínez, Secretaria General de Política Lingüística de la Xunta de Galicia, Miquel Pueyo i Paris Secretario de Política Lingüística de la Generalitat de Cataluña y Patxi Baztarrika Viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco firman un Protocolo General en Política Lingüística.

En dicho Protocolo se hacen una serie de consideraciones respecto a los avatares en las relaciones entre Euskadi, Cataluña y Galicia en materia de sus respectivas políticas lingüísticas. Tres gobiernos ciertamente comprometidos con la revitalización y normalización del uso de sus lenguas propias que consideran que, desde el máximo respeto a las políticas de cada uno, y a sus especificidades, verdaderamente eficaz y positivo definir y desarrollar un marco de colaboración estable y permanente entre los mismos en materia lingüística. Es evidente que las tres son realidades sociolingüísticas diferentes, pero también que de la colaboración entre los tres poderes públicos, y del contraste entre las políticas lingüísticas respectivas, sólo cabe obtener beneficios para los procesos de normalización lingüísticas de cada país. Se trata, en definitiva, del primer acuerdo de colaboración en materia lingüística suscrito por los tres gobiernos. Se considera conveniente aunar esfuerzos y criterios en relación a los respectivos procesos de normalización lingüística, así como para que los poderes públicos del Estado fomenten el reconocimiento real y la protección efectiva de las lenguas oficiales distintas al castellano. Ciertamente hay una realidad objetiva, y es que casi la mitad de la población del Estado español, concretamente el 40%, vive en comunidades con lengua propia distinta del castellano. Dicho de otra manera, el Estado español es plurilingüe, y, en consecuencia, debe reconocerse inequívocamente como tal, respetando e impulsando el uso de las diferentes lenguas. Corresponde pues a las diferentes instituciones del Estado buscar la correspondencia entre el Estado Legal y el Real en materia lingüística. En el mencionado Protocolo los tres gobiernos acuerdan solicitar a los poderes públicos competentes a que asuman sin equívocos el carácter plurilingüe del Estado y actúen de manera preactiva especialmente en el ámbito de las propias instituciones, y que adopten y desarrollen medidas efectivas para la normalización del uso del euskera, catalán y gallego en la administración de Justicia, en el Congreso y Senado, Correos, Renfe, los medios de comunicación de titularidad pública de ámbito estatal, el sistema educativo, la proyección exterior de las lenguas, el uso de las lenguas propias oficiales en las instituciones europeas y en las administraciones periféricas del estado, así como el cumplimiento de las legislación autonómica vigente en materia lingüística por parte de dichas administraciones periféricas.

Es más, se solicita así mismo al Estado, que atendiendo a su carácter plurilingüe y al compromiso adoptado con la ratificación de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias, haga suya la defensa de dichas lenguas y actúe asegurando dicho cumplimiento en todo el Estado. Los procesos de normalización de las lenguas propias diferentes al castellano se enmarcan en una política general encaminada a sustituir las discriminaciones y desigualdades en el ejercicio real de la igualdad. Y es que la igualdad social de las lenguas requiere una igualdad de oportunidades real para que cada ciudadano utilice la lengua que desee. La igualdad justa consiste en tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales. En todo caso, y quede perfectamente claro, la acción por la superación de la desigualdad del euskera, gallego y catalán con respecto al castellano no es una lucha contra el propio castellano, sino que, simplemente, pretende fomentarlas desde la convicción de que las leguas no separan, sino que integran. Así, la acción por revitalizar las lenguas minoritarias constituye un factor de integración y de mejora en la convivencia. El éxito de los procesos de normalización lingüística que requiere de la concurrencia de tres factores: políticas públicas positivas sustentadas sobre un marco legal protector de dichas lenguas, recursos suficientes para ello, y adhesión y compromiso de la ciudadanía en relación con la lengua. Y otra reflexión: las lenguas son patrimonio de todos, nadie debe patrimonializarlas y tampoco nadie debe sentirse exonerado de la responsabilidad de asumir como tarea propia su normalización.

Por ello precisamente, es necesario que los procesos de normalización lingüística estén presididos por el mayor consenso social y político posible. Y como bien afirma La Consejera de Cultura, Miren Azcarate en el prólogo del documento antes mencionado, el euskera ha accedido a nuevos ámbitos y niveles, su uso ha aumentado en el ámbito familiar, en el comunitario, en los medios de comunicación, en el comercio, en el mundo laboral, etc. Sin embargo, el aumento de su uso no está siendo tan pronunciado como el de su conocimiento. Es por ello fundamental proseguir dando pasos firmes en la promoción de su uso y para ello precisamente es necesario contar con la implicación de la sociedad impulsando un diálogo social y político continuado, sosegado y abierto, crítico, sin prejuicios, transparente y leal acerca de la normalización lingüística. Se trata, en definitiva, del primer acuerdo de colaboración en materia lingüística suscrito por los tres gobiernos. Se trata de un buen acuerdo, de una inteligente iniciativa y de una muy buena noticia. Enhorabuena pues a los sujetos de tal evento. Y suerte, y largo recorrido "normalizado" a los hablantes del euskera, del gallego y del catalán.

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