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28Marzo
2007
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Medicina conocida

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Marzo 28 | 2007 |
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Estamos asistiendo sin duda a uno de los procesos más involucionistas desde la instauración de la democracia. La resistencia que presentan quienes, habiendo pasado su momento de más o menos gloria, deben retirarse de la primera línea política cediendo el protagonismo a otros, utilizando cualquier excusa como argumento, puede acabar convirtiéndose en un arma de doble filo que acabe con la paciencia del electorado, de tal forma que termine hastiado y dé la espalda a la clase política.
El PP, derrotado democráticamente en las urnas más a causa de los propios errores que de los aciertos del oponente político, ha encontrado, por fin, el filón del desgaste del Gobierno socialista. El caso de Iñaki de Juana ha sido la excusa utilizada para el inicio del mayor acoso por parte del principal grupo de la oposición a un gobierno legítimamente constituido de todas las democracias occidentales.

Es obvio que De Juana debería estar ya hace tiempo en su casa, tras el cumplimiento de la pena que, en su día, le fue impuesta; dejando al margen la que, de forma artificial, se le pretendía imponer; y algo ha caído, por un delito de opinión (hoy así reconocido), que es el que le mantiene en la situación penitenciaria "atenuada" actual.

Tras el encargo envenenado que los tribunales dieron al Gobierno español, al dejarle la decisión de la aplicación de medidas "de gracia", a Instituciones Penitenciarias no le quedó otra que pasar el muerto -que así podía haber acabado el asunto- a Euskadi. Y sin transferir, siquiera, la competencia de prisiones. Nada de medidas humanitarias, como han tratado de vender y que no se las cree nadie. Sólo les hubiese faltado que De Juana pudiese acabar sus días en una cárcel, u hospital español, tras el cumplimiento de su condena. Como bananero podía quedar ante occidente el Estado español.

Pero el caso de De Juana hay que situarlo en su contexto. Y el contexto es el atentado de ETA en Barajas. Hasta Mayor Oreja ha reconocido que los beneficios penitenciarios de que fueron objeto algunos presos para su excarcelación o acercamiento a cárceles vascas se aplicaron en tiempos en que ETA no atentaba.

Lo cierto es que, tras el atentado, los tiempos que -sobre el proceso de paz- parecía controlar y gestionar a su antojo el Gobierno socialista, a la postre han acabado por volverse en su contra. La utilización obscena de la bandera española, del himno nacional o de las víctimas del terrorismo por parte del PP están poniendo contra las cuerdas al Gobierno de España que, como ocurre en estas ocasiones, debe dedicar más del ciento por ciento de sus esfuerzos a tratar de contrarrestar los embates de quienes siguen afirmando y tratando de demostrar, como en los tiempos de Fraga Iribarne, que la calle es suya. Y tanto unos como otros, socialistas y "populares", exigiendo sin rubor alguno a los otros el cumplimiento de la legalidad vigente cuando se la han saltado, o se la siguen saltando, a su libre albedrío.

Basten unos ejemplos como muestra: Constitución y Estatuto. Les es factible utilizar la primera como freno al derecho a decidir (la famosa coletilla del "acatamiento de la legislación vigente") y también les vale el incumplimiento del Estatuto para el mismo objetivo. No sólo se limitan al incumplimiento deliberado e interesado del Estatuto. Ahora, en una vuelta de tuerca más, los socialistas se oponen a aprobar incluso al acordado blindaje de las normas forales de forma que sólo puedan ser recurridas por el Constitucional. Que las recurra cualquiera.

Parece no importarles siquiera los posicionamientos de sus delegaciones en Euskadi, unánimes en la defensa del blindaje de las Normas Forales. Siempre las han utilizado aquí como freno, como instrumento útil para desgastar al nacionalismo, que de rematar ya se encargarán ellos, desde el centro del universo. Y aunque vaya en contra de los acuerdos unánimes de las Juntas Generales de los Territorios vascos.

Los socialistas y "populares" vascos, en el Congreso de los Diputados, decían que eran vascos y que no estaban de acuerdo con el Plan Ibarretxe cuando votaron en contra de su admisión a trámite. Ahora, Astarloa (PP) o Ramón Jáuregui (PSE) -que han votado en contra de la opinión de sus grupos en Euskadi- ¿también dirán que son vascos que defienden los intereses de los grupos en cuyas listas acudieron a las elecciones, pese a que los hechos demuestren lo contrario? Se antoja difícil que quienes no son leales a sus ideales sean capaces de respetar los de los demás. Haciendo amigos que, por su abrumadora mayoría en el Congreso de los Diputados, no parece que les hagan falta.

O la Ley de Partidos. No se hacía -decían (el PSOE se enorgullece de haberla impulsado)- contra el nacionalismo sino contra los radicales, contra los que no condenaban la violencia. Y a estas alturas nos encontramos con el lehendakari imputado, declarando ante el juez por hablar con todos los que han querido hacerlo (el PP se autoexcluyó) para tratar de lograr la paz y la normalización. Y se exige el cumplimiento de una ley que no sólo se ha mostrado no válida. Claro, es más fácil que derogarla. Con la que está cayendo… cualquiera se atreve a hacer experimentos.

El PP ha iniciado la caza del socialista. El Gobierno del Estado es su objetivo y el espectáculo que se ha iniciado no parece que vaya a detenerse hasta las elecciones generales de 2008. Con el lema de todo vale. Aunque tampoco debe extrañar a los socialistas la estrategia del PP. No es en absoluto nueva. Ellos mismos trataron de aplicar la misma medicina que ahora aborrecen al nacionalismo gobernante en Euskadi, con Redondo Terreros de enfermero mayor y Mayor Oreja de médico de cabecera. Se supone que deberán conocer, al menos, el antídoto.

No parece muy probable que en el tiempo que queda hasta las elecciones generales de 2008 los socialistas puedan hacer algo más que tratar de defenderse… salvo que den por perdida esa batalla. Sólo en este caso podría entenderse un acercamiento de presos, o una eventual legalización de la Izquierda Abertzale para facilitar su presencia, y posterior apoyo, en los próximos comicios municipales y forales. Perder el Gobierno del Estado pero habiendo sido capaces de lograr gobiernos a la catalana con partidos nacionalistas (casos de Cataluña, Galicia o al menos un nuevo intento en Euskadi), amén de haberse quitado de encima a incómodos barones como Rodríguez Ibarra, además del propio Maragall, puede no ser considerado como un estrepitoso fracaso.

De todas formas, por descabellada que pueda resultar la anterior hipótesis, tampoco sería extraño que en Euskadi "populares" y socialistas llegaran a pactos de Estado para desbancar a los nacionalistas. Si no, ¿cómo es posible que los socialistas guipuzcoanos estén pensando en lograr otras dos alcaldías más, algunas logradas gracias al inestimable apoyo del PP, a añadir a las que actualmente tienen? La pregunta clave es: ¿Con el apoyo de quién/es?

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