Entrevistas
12Marzo
2007
12 |
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Josu Erkoreka (El Correo)

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Marzo 12 | 2007 |
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Erkoreka: "Me preocupa la fractura social y pido al PSOE y al PP que la contengan"
OLATZ BARRIUSO
Es el rostro visible del PNV en Madrid y, como tal, está viviendo en primera persona el cada vez más caldeado ambiente político de la capital. «Las relaciones personales entre los diputados se están avinagrando», confiesa Josu Erkoreka, que apela a la responsabilidad de los dos grandes partidos para que frenen los primeros atisbos de «fractura social». No obstante, el portavoz jeltzale en el Congreso apoya sin fisuras la política antiterrorista de José Luis Rodríguez Zapatero, más en la picota que nunca.

-¿Qué consecuencias extrae de la multitudinaria manifestación del PP?

-Yo le quitaría relevancia, porque lo que hemos visto no es más que la explicitación de algo que ya sabíamos: que el PP y su aparato de propaganda tienen un gran poder de convocatoria. También me llama la atención que se convirtiera en un acto desaforado de exaltación nacional española, lo que deja en evidencia al PP en Euskadi cuando dicen que no son nacionalistas. Y todo con un claro tinte electoral.

-¿Pero con o sin efectos?

-Manifestarse es normal en democracia y no tiene por qué traducirse en decisiones por parte de los poderes públicos. La única connotación que le veo es el empeño de algunos en trasladar la crispación de las instituciones a la calle, proyectando sobre la ciudadanía el espectro del enfrentamiento civil.

-¿Ve con preocupación entonces el fuego cruzado PSOE-PP?

-Sí, porque prácticamente ha anulado el debate político y lo ha sustituido por un ruido estruendoso. Y también porque ver sobrevolar el espectro de la fractura social es motivo de preocupación. Por eso, quisiera hacer un llamamiento a la responsabilidad de los dos grandes partidos para que contengan esta espiral que puede tener consecuencias impredecibles. Cuando el enconamiento trasciende los límites institucionales y llega a la población, hay que encender las alarmas.

-¿Se ha alcanzado la cima de la crispación?

-Lo cierto es que la escenificación en el Congreso es muy desabrida. Así como en otras ocasiones se mantenía una relación personal y humana que garantiza el funcionamiento de las instituciones, tengo la impresión de que esta vez se ha llegado a contaminar. Entre algunos diputados se han llegado a avinagrar las relaciones.

-¿Qué papel le queda al PNV y a los otros grupos en medio de la trifulca?

-Ni el PNV ni los otros grupos pequeños podemos llevar a cabo una mediación efectiva en este contexto, porque la situación obedece a una premeditación clara en un año electoral. Intentar mediar ahí está condenado al fracaso. Lo único que podemos hacer es política, defender nuestros planteamientos.

-¿El apoyo del PNV a Zapatero en materia de pacificación es incondicional?

-En política nunca hay nada incondicional. Hasta ahora le hemos apoyado porque entendíamos que sus esfuerzos estaban bien encauzados, y requería del máximo apoyo parlamentario. Si sigue manteniendo esa línea, esencialmente correcta y valiente, le seguiremos apoyando. Con un apoyo crítico, pero siempre de puertas adentro.

-Alguna vez le han achacado pecados de ingenuidad o indiscreción.

-La bomba del 30 de diciembre puso de manifiesto que algo había fallado, pero, ¿significa eso automáticamente que Zapatero ha sido ingenuo o se ha equivocado? No necesariamente. Estamos hablando de ETA, de gente imprevisible que no tiene ningún reparo en incumplir su palabra. Incluso aplicando los protocolos más exigentes y rigurosos de prevención te puedes encontrar con un resultado como el de Barajas. No conozco los entresijos, pero no creo que se pueda achacar al Gobierno una actuación carente de rigor o seriedad.

Aguantar

-Y en la gestión posterior, ¿comparten en el PNV la idea de que el presidente en realidad no ha dado nunca por roto el proceso?

-Lo que ha hecho Zapatero es poner la pelota en el tejado de Batasuna y exigirle que tome la iniciativa si quiere salir del atolladero.

-¿El traslado de Iñaki de Juana no es un gesto claro a ese mundo?

-Políticamente se puede interpretar así, y en el fondo lo es. Pero también se puede pensar que cualquier Gobierno prudente, cabal, respetuoso con el derecho a la vida y comprometido con humanizar las prisiones, habría hecho lo mismo. Más allá de la decisión política, los informes favorables de todos los órganos administrativos y judiciales pertinentes están sobre la mesa.

-Usted comentó que era un asunto «menor». Pero hace mucho que una decisión gubernamental no generaba tanto rechazo.

-La sociedad no reacciona espontáneamente a este tipo de decisiones, sino respondiendo a estímulos de instancias políticas y mediáticas. No hay más que ver que otras tan delicadas o más se han venido tomando en materia penitenciaria en los últimos veinte años sin ninguna dificultad y sin que generaran esta controversia social. Lo que quise decir es que el problema no revestía una enjundia en sí mismo que justificara una comparecencia del presidente. Porque si se abre la espita, la Cámara estaría colapsada.

-Estamos viendo resucitar fantasmas de todo tipo: los GAL, el 23 de febrero, la Guerra Civil

-El debate se ha puesto patas arriba y ya no hay manera de abordarlo razonablemente. Se han puesto en circulación todo tipo de elementos argumentales y simbólicos que movilizan pasiones.

-El Gobierno contraataca aireando las excarcelaciones de Aznar.

-El PP tiene pleno derecho a disentir de las decisiones del Ejecutivo, a criticarlas e incluso a convocar manifestaciones si lo cree oportuno. A lo que no tiene derecho es a intoxicar a la opinión pública y a manipular las informaciones en tono demagógico. Por eso, el Gobierno está obligado a aportar todos los datos que permitan contextualizar la decisión que ha tomado, para relativizar su trascendencia. Ahora, es importante que esa labor se haga bien, y no se introduzcan efectos colaterales perversos.

-¿Por ejemplo?

-Que le quede al ciudadano medio la sensación de que los beneficios penitenciarios -en esencia positivos y entroncados en una concepción de lo penitenciario asociada a la democracia- son malos en sí mismos. Por lo que estamos viendo, podría parecer que son conductas a ocultar, de las que avergonzarse. Y eso me preocupa.

-¿Ven a Zapatero preparado para aguantar el tirón?

-No le queda más remedio que aguantar. En los últimos años ha acreditado que tiene una solidez mayor de lo que muchos pensábamos. Se ha comprometido mucho en el proceso de paz, ha tomado decisiones muy arriesgadas y en un año electoral como éste no se dan las condiciones para que cambie de caballo o pegue la ciaboga.

-¿Juega a favor del proceso que tanto Zapatero como Arnaldo Otegi se hayan jugado su futuro a esa carta?

-Ése es un factor a no desdeñar a la hora de abordar las expectativas de paz. En el caso de Zapatero, sí hay una apuesta personal que le compromete vital y políticamente y no tiene más salida. Y a Otegi probablemente le pase algo parecido. De hecho, hay otra Batasuna, la de Olano, que está expectante y vigilante, esperando el momento del eventual fracaso para ocupar posiciones.

-¿Los posibilistas han logrado imponerse en ese mundo?

-Vamos a tener un escenario privilegiado en los próximos meses para ver si efectivamente el criterio de Otegi, apostando firmemente por la política y sólo por la política, se ha impuesto o no. De cómo reaccionen resultará la posibilidad de que estén o no en las elecciones.

-¿En sus cálculos entra que no estén?

-No hace falta que diga que mi deseo es que estén. Pero podrán estar dependiendo de lo que hagan. Los pasos tendrán que darlos ellos. Si se empeñan en descargar toda la responsabilidad de la legalización en el Estado, seguramente no estarán. Oídas las declaraciones de Otegi del viernes, en las que nos emplazaba a nosotros y a los socialistas a dar pasos, mucho me temo que harán gestos, pero insuficientes. Pienso que ellos creen que ETA no va a decir nada. La sensación es que ETA no les va a dar cobertura y ellos no van a tener agallas para dar el paso que se les exige.

-Lo dice por el comunicado de la banda que todos esperan.

-Si hubiera una declaración de ETA de alto el fuego definitivo e irreversible, haría desaparecer la necesidad de que Batasuna condenara la violencia.

Pagos al contado

-¿El Gobierno, con la que está cayendo, está en condiciones de abrir más la mano con Batasuna?

-La posición del Gobierno es la que expuso el ministro de Justicia: la Ley de Partidos continuará en vigor y se aplicará si se dan los supuestos y se pueden acreditar con pruebas fehacientes. En este momento le veo muy firme en sus posiciones, no está en condiciones de ablandarse y creo que va a exigir con claridad o una declaración de alto el fuego irreversible por parte de ETA o un claro rechazo de la violencia por parte de la izquierda abertzale. Eso, si Batasuna quiere estar en las elecciones con la primera alineación. Otra cosa es que opten al final por las "listas blancas", aunque repetir ahora lo de hace cuatro años, con lo que ha llovido desde entonces, sería reconocer su propio fracaso.

-Habla de un hipotético alto el fuego irreversible. ¿Contemplan la posibilidad contraria, que ETA tenga la tentación de pescar en río revuelto?

-Sería la peor de las hipótesis, pero con ETA nunca se sabe. Como políticos, estamos obligados a ser optimistas. Las reacciones que sucedieron al 30 de diciembre alejan un tanto esa posibilidad, es mi impresión personal. Puede ser que la reacción de las fuerzas políticas haya sido distinta a la que ETA esperaba, más adversa, y eso mismo acelere el camino hacia la paz.

-Más allá de su cierre de filas en el proceso de paz, ¿les está decepcionando Zapatero, por ejemplo, con la "espantada" en el asunto del blindaje del Concierto?

-Hemos alcanzado acuerdos importantes con Zapatero, sobre todo los presupuestarios, que están funcionando razonablemente bien. Ha habido muchos aspectos en los que hemos discrepado, quizá el más emblemático sea la Ley de Dependencia. En estas discrepancias no menores se sitúa la del blindaje del Concierto, pero con un problema adicional. En la Ley de Dependencia, el Gobierno ha tenido siempre una posición clara y nítida que nunca ha ocultado. Pero en el tema de las normas forales ha habido un entendimiento ficticio y después nos hemos encontrado con que las expectativas se ven frustradas por una decisión inopinada, de última hora, caprichosa y tomada bajo pretextos infundados.

-¿Se ha quebrado irremediablemente su confianza en el Gobierno?

-Nos hemos llevado una frustración inmensa. El disgusto es inevitable después de habernos tenido mareando la perdiz nueve meses. La frustración viene también porque el que paga todas las facturas que tengan que ver con la defensa del autogobierno vasco es siempre el PNV. En Euskadi había una posición unánime de todos los grupos en todas las instituciones para blindar las normas forales modificando la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. Pero, a la hora de la verdad, cuando hay que plantear las enmiendas, nos encontramos solos. Es una sensación terrible, y encima llegas aquí y algunos te acusan de pretender politizar y monopolizar el Concierto. Resulta lacerante.

-¿Afectará a la hasta ahora privilegiada relación PNV-Gobierno?

-Ahora nos conocemos un poco mejor. La primera consecuencia es que no vamos a apearnos del carro y vamos a seguir defendiendo estas tesis hasta el final, lo cual puede plantear dificultades añadidas a las que ya tiene el PSOE para sacar adelante esta ley. Además, tenderemos más acusadamente a pedir pagos al contado por los apoyos y a no dar créditos. Nos han dado la prueba clara del nivel de credibilidad que tienen sus promesas.

-¿Mantienen los canales abiertos con el PP?

-La relación con el PP en el Congreso es correcta. No hemos diseñado nuestra estrategia parlamentaria con el propósito de hostigarles innecesariamente como hacen algunos grupos, que se pasan la vida criticándoles en vez de pedir cuentas al Gobierno, que es para lo que están. Y eso nos ha permitido tener una relación correcta, que se ha traducido en conquistas parlamentarias importantes.

-¿Está dejando la puerta abierta a posibles colaboraciones futuras?

-No creo que estas coincidencias pudieran traducirse en una colaboración sistemática de cara a un Gobierno compartido o con pactos de legislatura estables. Hoy por hoy lo descarto rotundamente, porque sus posiciones están en las antípodas a las nuestras casi en todo.

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