Opinión
19Febrero
2007
19 |
Opinión

Pero, ¿Y mañana?

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Febrero 19 | 2007 |
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Al proclamarse la República el 14 de abril de1931 una nueva etapa de renacimiento autonomista vasco quedó abierta. Y se inició por medio de los ayuntamientos. Así, el mismo 14 de abril se constituyó el nuevo ayuntamiento de Getxo que proclamó la República Vasca y eligió como alcalde a José Antonio Aguirre invitando a los demás ayuntamientos de Vizcaya para que hicieran idéntica proclamación y se unieran alrededor de un programa común: la completa reintegración foral y la derogación de la ley del 25 de octubre de 1839 y las restantes leyes abolitarias.
Ya el 8 de mayo se reunieron los alcaldes nacionalistas de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, lanzando la iniciativa de confección de un Estatuto, cuya redacción inicial se encomendó a la Sociedad de Estudios Vascos. En Estella el día 14 de junio, con la asistencia de representantes de 485 municipios de los 528 que constituyen el País Vasco peninsular se celebró la Asamblea bajo la presidencia de José Antonio Aguirre. El Estatuto hablaba de principios fundamentales: "El País Vasco se constituye en un Estado dentro del Estado español (art.1)). Tiene carácter federativo o confederativo (...) Alava, Gipuzkoa, Nabarra y Bizkaia formarán y aprobarán libremente sus respectivos Estatutos particulares para su régimen interno (art.20) (...) la lengua nacional de los vascos es el euskara (...) la aprobación de este Estatuto no supone renuncia a la reintegración foral plena". El abanico de facultades reservadas al Estado vasco era muy amplio con amplias competencias para legislar, administrar y juzgar, en abundantes e importantes materias.

Hubo que esperar un 6 de octubre de 5 años más tarde para que en plena Guerra Civil se aprobara por aclamación en las Cortes españolas lo que se denominó "El Estatuto del 36". El golpismo se encargó de ahogar en sangre y represión las libertades y el autogobierno vasco. Tocó ser leal, consecuente y compromiso al límite.

Fue preciso batallar y resistir durante decenas de años para que el Estatuto de Gernika viera la luz mediante Ley Orgánica 3/1979 del 18 de diciembre. Así, parte del Pueblo Vasco, la ubicada en la Comunidad Autónoma, apostó por un Estatuto de Autonomía como concreción del único pacto político posible en aquellas circunstancias históricas marcadas bajo las coordenadas de la transición de la dictadura a los albores de la democracia. Era el 25 de octubre de 1979, el dictador había fallecido en cama apenas hace cinco años. El pacto estatutario representó la voluntad del Pueblo Vasco para acceder al autogobierno, significó el punto de encuentro que reunió a la pluralidad política vasca para organizar nuestra convivencia y realmente supuso un paso muy importante en la construcción de la Nación política vasca, en la construcción de Euskadi. El Estatuto supuso la recuperación de las instituciones de autogobierno, la capacidad para desarrollar políticas sectoriales autónomas en materias de extraordinaria importancia para el bienestar de los ciudadanos y la potenciación de la conciencia de identidad vasca y de pertenencia a una nación.

El pleno del Parlamento vasco en sesión celebrada el 30 de diciembre de 2004 aprobó por mayoría absoluta la propuesta de reforma de Estatuto político de la Comunidad de Euskadi, conocido como "Plan Ibarretxe". El pleno del Congreso de Madrid le cerró el paso el 1 de febrero de 2005. Cumplía la legalidad vigente, era legítimo, pero...

Quien suscribe estas líneas está absolutamente convencido que veremos el día en que se reconocerá que Euskadi, el Pueblo Vasco o Euskal Herria es un Pueblo, es una Nación, con identidad plural y propia en el conjunto de los pueblos de Europa y que tiene derecho a decidir su propio futuro, y a negociarlo, pactarlo y acordarlo con sus vecinos. Por poderosos que sean. Estimo que alguien se equivocó de raíz aquel 25 de octubre de 1839 al afirmar aquello de: "Se confirman los fueros de las provincias vascongadas y la navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía española". Se equivocó también quien el 21 de julio de 1876 abolió en las Cortes de Madrid los Fueros Vascos y consideró que el llamado contencioso vasco se perdería agónico en la ruleta de la historia. Se equivocó ciertamente. Pero... ¿y mañana?

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