Editorial
Opinión
Diario de Noticias
La propuesta que ayer hizo pública Batasuna "para superar el conflicto" fue objeto de interpretaciones extravagantes, sobre todo por parte de los medios de comunicación editados en Madrid. Prácticamente vinieron a concluir que Batasuna renunciaba a la independencia, asumía la disciplina estatutaria y reconocía el destino de Euskal Herria como parte integrante del Estado español, deducciones todas ellas orientadas a una especie de "puesta en razón" por parte del irredentismo vasco.
De lo expresado ayer por Arnaldo Otegi hay una primera interpretación a todas luces positiva, ya que por una vez la izquierda abertzale oficial presenta algo concreto, una propuesta explícita, circunstancia que es un activo apreciable para cualquier diálogo, para cualquier debate político. Presentar a Euskal Herria constituida como autonomía política refrendada mayoritariamente por los ciudadanos de los cuatro herrialdes ya es un punto de partida, también con el plus positivo de alejarse de maximalismos y acercarse a un realismo más asumible. Pero, yendo al fondo de la propuesta, nada resuelve sobre la máxima inquietud de la sociedad vasca, navarra y española: dónde queda en todo este planteamiento ETA, su violencia, su tutelaje, su respeto a la propuesta de Anoeta. No sería disparatado, al tiempo, un próximo comunicado de ETA avalando la proposición de Otegi pero, ¿quién se lo va a creer? En un análisis basado en la memoria histórica, habrá que tomar nota de cuántas veces y con qué virulencia la izquierda abertzale histórica ha rechazado planteamientos como los que ayer ofreció Otegi, cómo se ha tratado a quienes desde ese entorno han propuesto proyectos semejantes. Y, ya puestos, dónde queda la territorialidad sin Iparralde, cómo ahora es bueno el autonomismo, cómo se acepta formar parte del Estado español, tanto maximalismo de boquilla, tanta irrealidad sostenida incluso por las armas. La propuesta de Batasuna es, además, inoportuna en pleno fragor electoral. PP y, sobre todo, UPN, la aprovecharán para reforzar sus tesis de "que vienen los vascos". Y además de inoportuna, es irreal por inviable no sólo institucionalmente, sino socialmente. Batasuna tenía que ofrecer algo y lo ha hecho. ¿Eso es todo?