JOSUNE ARIZTONDO<br>
Les Nationalistes pour la paix
25
Noviembre
2006
Otros documentos

JOSUNE ARIZTONDO
Les Nationalistes pour la paix

JOSUNE ARIZTONDO<br>
Les Nationalistes pour la paix
25
Noviembre
2006
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Coloquio organizado por el PartidoNacional Corso Corti (CÓRCEGA)
SALUDO Y AGRADECIMIENTOS.

BUENAS TARDES. Deseo comenzar expresando mi agradecimiento al Partido Nacional Corso por haberme invitado a este encuentro con un tema tan querido para el Partido Nacional Vasco como es el de la contribución de los partidos nacionalistas a la paz. Y lo digo desde la convicción de que sólo sobreviviremos si trabajamos por la paz y la libertad, si anteponemos la vida y la libertad de las personas a cualquier aspiración política.


I. Breve retrato del País Vasco.

Euskadi, el País Vasco es, junto con Cataluña y Galicia, una de las tres naciones históricas del Reino de España.

Euskadi ofrece la imagen de una colectividad con personalidad propia, cuyos orígenes culturales se remontan a la prehistoria y mantiene viva la lengua más antigua de Europa, el euskera o lengua vasca.

A la vez, es una sociedad moderna, que en términos socioeconómicos está por encima de la media europea (107%) y dispone de la competencia de recaudar prácticamente todos los impuestos. Tenemos también competencias exclusivas en educación, sanidad e infraestructuras y dispone de su propia policía y medios de comunicación públicos.

El País Vasco es una sociedad industrial. Aunque su población es tan solo del 5% en el conjunto del Reino de España, su industria representa el 80% de la máquina herramienta, 50% en la fabricación de bienes de equipo, 90% en la elaboración de aceros especiales, 40% de la industria de electrodomésticos, 30% en la fabricación de componentes del automóvil, 22% del sector aeronáutico, 20% de toda la subcontratación industrial y 15% en sectores de futuro como la electrónica, la informática y las telecomunicaciones.

Euskadi ha sabido conjugar su desarrollo industrial y económico con iguales cotas de cohesión social y solidaridad. Está muy por encima de la media española en parámetros tan dispares como la lectura de periódicos por habitantes, sus aportaciones a la solidaridad internacional o por el número de donantes de órganos y sangre.

Sin embargo, Euskadi vive desde hace 50 años con el trauma social de la violencia terrorista. Violencia que ha llenado de oprobio la causa nacional vasca que, con toda legitimidad hemos defendido por medios escrupulosamente democráticos a lo largo de nuestra historia.

Nuestro país lleva demasiado tiempo inmerso en un profundo contencioso político que ha ido alimentando una profunda insatisfacción colectiva.

El Partido Nacional Vasco nació hace 111 años (en 1895) como expresión política de ese conflicto. Nuestro objetivo es la pervivencia de Euskadi como nación diferenciada y la recuperación de su soberanía.
ETA nació hace casi 50 años, en plena dictadura franquista y, con la llegada de la democracia, uno de sus sectores decidió dejar las armas mientras que otro continuó practicando la violencia, justificando la para lograr fines políticos. Con el Estatuto de Autonomía de Euskadi en 1979 se logró la amnistía para todos los presos políticos. ETA no respetó, en aquel momento, el consenso mayoritario de la sociedad vasca en torno al Estatuto, no respetó la palabra y la decisión del Pueblo Vasco que dice defender.


II. Antecedentes y contexto de la situación política actual.

Veamos el itinerario de los acontecimientos que nos han traído a la situación actual:

En 1988 se firma el llamado Acuerdo de Ajuria –Enea (nombre de la sede del Lehendakari del Gobierno Vasco) para trabajar por la paz y la normalización política. El Acuerdo lo suscriben todos los partidos políticos, a excepción de Batasuna, que, durante ese tiempo, no participaba en el Parlamento Vasco, aunque disponía de los correspondientes escaños. Los puntos 9 y 10 de este Acuerdo abogaban precisamente por propiciar la participación de Batasuna en la vida política y por trabajar para lograr el final dialogado de ETA.

En febrero de 1998, el Presidente Vasco, Ardanza, consideró que se daban las condiciones de los puntos 9 y 10 del Acuerdo, propuso a las fuerzas políticas desarrollar un plan para la convivencia política.

Batasuna participaba ya en las instituciones y se preveía próxima una declaración de ETA de poner fin a la violencia, siguiendo la estela de los acontecimientos de Irlanda. El PP decidió no asumir el Plan Ardanza y romper así Acuerdo de Ajuria- Enea. El Partido Socialista, proclive, en principio a trabajar sobre el Plan, se sumó finalmente al Partido Popular, temeroso de aparecer en España oponiéndose a la derecha en una cuestión de Estado.

Particularmente considero que éste fue el punto de arranque de una política que va deteriorando poco a poco los pilares del estado de derecho y socavando el prestigio de la clase política, situación que está siendo muy difícil de revertir. En concreto:
• Batasuna está ilegalizada en España (no así en Francia donde mantiene sedes y actividad política)
• El Lehendakari, el presidente del Parlamento más dos miembros de la Mesa y el propio Secretario General de los socialistas vascos, se encuentran sub-judice;
• En los últimos años, se han cerrado dos diarios; un número significativo de personalidades de la cultura vasca y dirigentes de grupos antimilitaristas están incursos en macro-sumarios difícilmente sostenibles, desde el punto de vista jurídico. Realmente, cada vez es más evidente que los principios de igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, la libertad de expresión y asociación se encuentran gravemente vulnerados

Pero volvamos al cronograma. En 1998 ETA declaró una tregua que duró 16 meses (las anteriores, nunca llegaron al mes de duración). Ello, junto al compromiso expreso de Batasuna con las vías exclusivamente políticas y democráticas, propició un acuerdo parlamentario entre nacionalistas por primera vez en la historia.

ETA pretendió tutelar tal acuerdo y mediante el mismo, la vida política vasca, marcando los objetivos y estrategias que se debían poner en marcha. Al no lograr tal pretensión, rompió la tregua e inició una cruel escalada terrorista contra políticos de partidos españolistas, periodistas, empresarios, jueces y magistrados, lo que provocó verdadero espanto y un irreversible y contundente rechazo a la violencia en toda la sociedad vasca.

En noviembre del 2004, tras la digestión de una grave derrota en las elecciones autonómicass de 2001, Batasuna da a conocer la Declaración de Anoeta. Este documento, suscrito por todo el entorno de ETA, se asienta en dos principios fundamentales, nunca explicitados hasta ese momento: 1) el futuro político de los vascos corresponde a la ciudadanía y a sus representantes políticos que deberán llegar a un acuerdo en torno al mismo; 2) ETA y el Estado deberán negociar y acordar las cuestiones técnicas relacionadas con la pacificación y el cese de la violencia. Es decir, la aportación fundamental de este documento es la no-consideración de ETA como agente político. De ahí su importancia estratégica.

En mayo de 2005 el Congreso de los Diputados de España aprueba, con la oposición del partido Popular, la Resolución para el final dialogado de la violencia, que reproduce textualmente el punto 10 del citado Acuerdo de Ajuria- Enea (Si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular.)

En marzo de 2006, ETA declara un Alto el Fuego Permanente con un comunicado en el que expresa su voluntad de poner fin a la violencia y abrir definitivamente las puertas a un proceso democrático para la normalización política. El comunicado, positivamente valorado por los partidos y los gobiernos del Estado y de Euskadi, así como por diversas instituciones internacionales, abre las puertas a la negociación entre ETA y el Estado para culminar el proceso de paz (víctimas, presos, exiliados y armas) y propicia la puesta en marcha de un proceso de diálogo entre las fuerzas políticas para llegar a un acuerdo de convivencia política, sobre la base del respeto a la voluntad de la sociedad vasca. Se trata de una buena oportunidad para abordar el contencioso vasco sobre el modelo de relación interno –entre nosotros- y con el Estado.



El Partido Nacional Vasco, celebra a la Declaración de Alto el Fuego y aboga por activar el diálogo para un acuerdo político amplio e integrador entre los partidos vascos.

Hasta aquí el relato de los antecedentes y algunas claves para entender la situación actual.

En este tiempo de encrucijada, nuestra misión es trabajar por la paz y buscar un acuerdo político con el resto de partidos vascos que posibilite que la sociedad vasca de hoy decida su estatus político y social.

Buscamos un acuerdo político abierto, moderno, que incluya las fórmulas de respeto a la voluntad de la sociedad vasca expresada por los mecanismos usuales en las democracias avanzadas y que, al mismo tiempo, comprenda las realidades supranacionales que nos circundan y con las que debemos interrelacionarnos para construir, solidariamente, un futuro mejor.

Pero no ignoramos los problemas que hacen de este proceso, un viaje difícil:

• Batasuna sigue siendo un partido ilegal y las actuaciones de sus antiguos líderes están marcadas por la inseguridad jurídica que ello comporta aun cuando, a nivel particular, no tienen restringidos sus derechos.

• Muchos presos de ETA siguen en cárceles muy alejadas de sus domicilios, lo que penaliza a sus familiares y dificulta su reinserción social.

• La violencia callejera sigue estando presente y en las últimas semanas se ha intensificado.

• La ley de partidos y el código penal permiten interpretaciones muy restrictivas y arbitrarias en relación con los derechos fundamentales.

A pesar de todo, mantenemos la esperanza de un futuro en paz para Euskadi. Y trabajaremos por ella en cada oportunidad:
• No podemos resignarnos a ser el último reducto violento de Europa Occidental.
• La violencia política niega la nación vasca como proyecto moderno, integrado y con vocación de futuro.
• El derecho a la vida y a la libertad es la prioridad para el Partido Nacional Vasco. Lo fue ante el golpe militar de Franco, en la Dictadura e incluso se comprometió activamente en la Segunda Guerra Mundial. Deseo que ustedes sepan que en el París liberado al final de la 2ª Guerra Mundial hizo su entrada triunfal, junto al ejército francés, el Batallón “Gernika” por el honor concedido a aquel grupo de voluntarios que habiendo sido derrotados en su propia guerra civil, tuvo la fortaleza democrática de acudir a luchar con los aliados en Francia.

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II. Los caminos de la paz de Euskadi

1. Factores propiciadores de paz

¿Por qué estamos ahora más cerca de conseguir la paz? ¿Cuáles son las claves para una paz duradera? ¿Qué podemos aportar las formaciones políticas democráticas?

Entre los elementos propiciadores de paz destaco los siguientes:

 la emergencia de diversas expresiones pacifistas, la movilización a favor de las víctimas y la aportación de los diferentes foros ciudadanos a favor de la paz y no exclusión de las ideas políticas;

 los cambio generacionales, la consolidación del Estado de bienestar o los nuevos valores de la juventud, que hacen de la violencia una extravagancia dramática;

 la irreversibilidad del rechazo explícito de la violencia por parte de la sociedad vasca, incluidos amplios sectores del propio entorno social de ETA;

 el efecto sobre ETA del terrorismo internacional, a partir del 11-S. Este atentado provocó una extraordinario rechazo ciudadano, al tiempo que se fortalecía el espacio judicial y policial compartido en Europa y en todo el mundo;

 el cambio de gobierno en Madrid, que supone el final de una etapa de enfrentamiento y la perspectiva de una política basada en el diálogo y en el respeto a la pluralidad;

 algunos elementos de la Declaración de Anoeta en noviembre de 2004, suscrita por toda la izquierda abertzale (todo el entorno de ETA) y en la que se excluye a ETA de la interlocución para lograr un acuerdo para la convivencia política;

 la gestión del autogobierno llevada a cabo por las instituciones vascas, lo que supone el asentamiento institucional de la identidad nacional vasca, así como la tarea desarrollada desde las instituciones para deslegitimar éticamente el ejercicio de la violencia.

Deseo hacer notar que, durante todos los años de democracia, ha sido el PNV quien ha estado al frente de las instituciones, liderando diversas coaliciones y presididos por tres presidentes del PNV. En contraposición, en Cataluña CiU gobernó en solitario y con un único presidente, Jordi Pujol, hasta que perdió el poder en el año 2003;

A nuestro entender, el cese de la violencia y la voluntad del final dialogado han de conllevar dos elementos: a) la universalidad del cese de la violencia (no a las extorsiones a empresarios o a profesionales, no a la violencia de “baja intensidad”) ; b) la irreversibilidad de la decisión (“nunca más”)

2. El reconocimiento y la reparación a las víctimas.

Las víctimas del terrorismo y la violencia ocupan un lugar central en el proceso de paz. Es imprescindible hacer constar el reconocimiento social del sufrimiento injustamente padecido; sin él no será posible que la deseable reconciliación se abra paso entre nosotros.

Pero el daño causado por la violencia es de tal envergadura que la normalización de la vida social no será completa incluso desaparecida ésta porque quedan heridas en las personas y en el tejido social. Será preciso militar en la cultura de la paz, lo que significa, además de rechazar la violencia, vivir e interiorizar referencias éticas como el respeto a los derechos humanos, individuales y colectivos, la igualdad, la solidaridad, la justicia social, el respeto a la diversidad y la defensa activa de las libertades civiles y políticas.

2. Valores asumidos

1. Compromiso ético, político y cívico frente a la violencia..

Tenemos esperanza en el cese definitivo de la violencia. Pero sabemos que el factor principal para que el proceso llegue a buen puerto reside en la convicción de ETA de que su tiempo se ha acabado, de que no cuenta con el apoyo social, de que las nuevas generaciones no comprenden ni comparten la violencia terrorista con fines políticos.

Por ello, en estos momentos que preceden a lo que puede ser el final definitivo de la violencia, hay que dejar constancia del profundo error político y del daño moral que el terrorismo ha causado a tantas personas y a la causa nacional vasca, de su falta de legitimidad, su torpeza política, y su absoluta inmoralidad. La pacificación será definitiva cuando, junto con las armas, cese también el esquema impositivo que trata de justificarlas, el de que todo vale para conseguir determinados objetivos políticos. El esquema "no a la violencia"/"sí al diálogo", es decir, la apuesta por la paz y por las vías democráticas no exige a nadie la renuncia a sus propias aspiraciones políticas.

2. Naturaleza del conflicto en Euskadi.

En Euskadi existe un viejo conflicto político sin resolver –anterior por cierto a la violencia de ETA– a interpretar en clave de no aceptación de un sujeto político con derecho a decidir. Su resolución requiere un juego complejo de acuerdos políticos y el respeto democrático a la voluntad de la ciudadanía vasca.

El conflicto de identidades, el contencioso político y el de la violencia son dos cosas distintas; el terrorismo no es consecuencia natural de un conflicto político. Y tampoco puede utilizarse su persistencia para ignorar o negar la existencia de un conflicto de naturaleza política o “profundo contencioso vasco.

Por todo lo señalado, el compromiso ético, político y cívico del Partido Nacionalista Vasco, no anula nuestra determinación por tratar de dar una salida dialogada al conflicto político que arrastramos.

3. La lucha democrática contra la violencia.

Nuestras convicciones democráticas y un sentido humanista de la política y de la justicia nos obligan a recordar que no todo vale en la lucha contra el terrorismo.

Denunciamos los excesos cometidos por las instituciones del Estado en la lucha contra ETA. Se han cometido violaciones de derechos desde los propios poderes del Estado, empañando gravemente el sistema democrático. Por lo tanto, la reconciliación social no será posible sin la denuncia de los graves atentados cometidos por los aparatos del Estado en tiempos de democracia.

Quiero también denunciar ante ustedes que, en los últimos años, se ha llegado a tocar las fibras más sensibles del sistema democrático, precisamente aquellas que dan cuenta de su calidad: se han ilegalizado partidos, se han cerrado periódicos, se ha encarcelado preventivamente a gente pacífica e inocente, se ha laminado la separación de poderes y se ha utilizado la “excusa” de la violencia ETA para ir contra el nacionalismo vasco democrático y las instituciones vascas de manera implacable, injuriosa y antidemocrática.

4. El valor de la paz.

Todas las formaciones políticas vascas asumen que una paz justa ha de basarse en el principio de que, en democracia, las decisiones están únicamente en manos de la ciudadanía. Lo contrario sería éticamente reprobable y socialmente inaceptable. Cuando hemos defendido un final dialogado de la violencia lo hemos hecho desde la experiencia histórica de que este tipo de conflictos terminan en una fase de diálogo y acuerdo, algo bien distinto que conceder a una organización armada un derecho de decisión que sólo compete a los vascos y a las vascas.

Por ello, hemos impulsado el diálogo entre los representantes de la voluntad popular con la vista puesta en un acuerdo político de amplia base. Para el PNV, el acuerdo deberá contemplar el principio democrático de que la sociedad vasca tiene derecho a ser consultada sobre su propio futuro, en un escenario de ausencia de violencia y sin imposiciones, así como el respeto a la pluralidad y el compromiso con el pacto. Y entendemos que el Acuerdo tiene que encontrar su cauce de expresión en un modelo concreto de autogobierno político y de construcción social de Euskadi, y de un marco jurídico de relación con el Estado.



5. La convivencia política

De acuerdo con los principios humanistas y democráticos que han presidido siempre la actuación del Partido Nacional Vasco, consideramos que la convivencia y la cohesión de la sociedad vasca constituyen un reto importante de nuestra acción política. Y ello, no sólo por nuestro compromiso con la construcción social de Euskadi, sino por la dimensión nacional que comporta, en sí misma, en un proceso de construcción identitaria de la Nación Vasca como sujeto colectivo político.

No es posible construir una nación cohesionada e integrada ni sobre el enfrentamiento entre identidades ni sobre la imposición de un proyecto ajeno a la voluntad de la sociedad vasca, expresada mediante una consulta libre y democrática en un escenario de ausencia de violencia. Los conflictos de derechos, de valores y de intereses entre unas y otras identidades en juego son permanentes e inevitables. Se trata es de establecer compromisos y acomodos viables entre las partes. El valor del pluralismo de la sociedad vasca es, en este contexto, no un mal menor, sino un elemento consustancial, enriquecedor y positivo de nuestra sociedad.


3. El comienzo del final de la violencia.

1. La llave del proceso.

Desde la consideración de la radical incompatibilidad entre política y violencia, EAJ-PNV plantea, como exigencia democrática, que el diálogo resolutivo para el final del proceso no sea consecuencia de la violencia, sino de su cese.

El respeto a lo que los vascos decidan es incompatible con la vigilancia o el condicionamiento que pretenda ejercer una organización armada. Los partidos políticos y las instituciones representativas son los únicos encargados de garantizar el carácter democrático del proceso, con la consiguiente negociación resolutiva sin imposiciones, desde el respeto a la pluralidad, situando todos los proyectos en igualdad de condiciones de consecución y depositando en los ciudadanos la última palabra.

2. Política penitenciaria y reinserción al servicio de la paz.

La política penitenciaria de un Estado de Derecho debe estar orientada a la reinserción social. De hecho, una aplicación flexible del código penal, la consideración de sus familiares como potenciales agentes de paz y de reconciliación y, en ningún caso, como personas colateralmente culpables, son elementos imprescindibles al servicio de la pacificación. Es preciso y urgente dar una orientación más humanitaria a la política penitenciaria española. Es algo que ya debería haberse hecho en el pasado, de acuerdo con las resoluciones aprobadas por el Parlamento Vasco en 1997 y por el Congreso de los Diputados en 1998.


II. Una oportunidad para la normalización política.

La pacificación y la normalización política son dos procesos distintos pero es evidente la relación entre ellos. Es imprescindible la ausencia de violencia para abordar las cuestiones políticas de fondo que son de naturaleza estrictamente democrática.

Para posibilitar un acuerdo político.

1. Abogamos por el respeto a la voluntad popular y por el derecho de la sociedad vasca a decidir libre y democráticamente su futuro político. En este sentido, el PNV se compromete a trabajar por un acuerdo que sea compartido por las diferentes sensibilidades políticas de Euskadi.

2. Buscamos un acuerdo que descanse en la aceptación de las reglas de la democracia, lo cual supone aceptar la legitimidad de todas las ideas y proyectos políticos. Cualquier proyecto respetuoso con los derechos humanos debe poder ser defendido y materializado siempre que cuente con el apoyo social necesario y utilice procedimientos democráticos.

3. El derecho de los vascos a decidir su futuro constituye un espacio de encuentro, un derecho compartido. Ésta es el reto para los que pretendemos resolver el conflicto histórico-político vasco sin merma para la integración y la cohesión social de nuestro pueblo.

La consolidación de este discurso favorable al reconocimiento positivo de los derechos colectivos del Pueblo Vasco debe ir acompañada necesariamente de un compromiso activo por parte del Estado en favor de su plurinacionalidad.

4. Nuestro objetivo político en este tiempo histórico es la definición de un modelo de convivencia y, al mismo tiempo, un marco de relaciones con el Estado, con bilateralidad efectiva, garantías y condiciones de lealtad.

El pacto y la no-imposición es el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades avanzadas. Merece la pena considerar, en este sentido, que los acuerdos de Irlanda aceptaron el principio de diferenciar el juego político de las mayorías frente al acuerdo amplio que se requiere a la hora de definir una comunidad y se formularon unas previsiones acerca de lo que habría de entenderse como el “consenso suficiente”. Lo que, en nuestro caso, habrá de ser acordado y no fijado unilateralmente por el Estado.

5. Proponemos la asunción de este doble compromiso:

1. no imponer un acuerdo de menor aceptación que los actualmente vigentes, (fundamentalmente, el Esatatuo de Gernika) y
2. no impedir un acuerdo de mayor aceptación que los actualmente vigentes.

Se trata pues de aceptar, por principio, la fórmula más democrática y más integradora.
He de aclarar que este doble compromiso se debe asentar en un acuerdo entre el PNV, PSE y Batasuna, que representan los vértices del triángulo político. Y sólo desde la doble limitación citada superaremos el juego de mayorías para llegar al “consenso suficiente”

6. Abogamos finalmente por dar la palabra a los ciudadanos como rúbrica del proceso político. La consulta a la ciudadanía es una exigencia política y democrática siempre que se propone una modificación sustancial del marco de convivencia.

Una consulta democrática debe cumplir una serie de condiciones entre las cuales las más importantes son la ausencia de violencia y de exclusiones políticas. Nuestro objetivo ante la consulta consistirá en conseguir una mayor adhesión que el Estatuto de Gernika. Esta será la piedra angular, la referencia básica para validar democráticamente el nuevo punto de encuentro para la convivencia política.
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