Entrevistas
03Septiembre
2006
03 |
Entrevistas

Iñaki Gerenabarrena (El Mundo)

Entrevistas
Septiembre 03 | 2006 |
Entrevistas

«El intento de ETA de meter la cuchara en el plato de la política puede frustrar el proceso»
El presidente del Araba Buru Batzar del PNV, Iñaki Gerenabarrena, contempla con preocupación el devenir de las conversaciones entre el Gobierno y ETA. Sospecha de una posible crisis, que estaría determinada por la insistencia de la organización terrorista en «pedir contraprestaciones políticas», y advierte a ETA de que «no puede marcar la agenda de la pacificación en función de como va el proceso de de normalización».

Pregunta.— ¿Considera que el llamado proceso de paz está estancado o marcha al ritmo adecuado?

Respuesta.— No puedo saberlo, y es lógico porque esos contactos deben ser discretos. Creo que pueden estar pasando dos cosas: que hechos como el último comunicado de ETA sean cortinas de humo para tapar u oscurecer al máximo unos contactos que se ya se estarían produciendo, o puede ser que no sea así, que en realidad no ha habido contactos reales y que a lo que responde el comunicado sea precisamente a parones en esta primera parte del proceso. Saberlo, no lo sabemos, lo sabrá ETA y lo sabrá el Gobierno, pero sospecho que está atravesando por momentos difíciles.

P.— ¿Qué conclusiones saca de la postura que mantiene ETA en ese último comunicado?

R.— Me da la impresión de que ETA todavía no ha asumido ni siquiera el propio discurso de la izquierda abertzale de que es necesario separar los dos negociados: la pacificación y la normalización. ETA tiene una tendencia terrorífica a tutelar lo que debemos hacer los políticos y todavía no ha asumido que ellos no son quiénes para hablar de temas políticos ni para ponerlos encima de la mesa. Esto puede estar generando una frustración dentro del propio mundo de ETA, que puede estar preguntándose por qué no se habla de cosas como el reconocimiento del pueblo vasco como sujeto político. No entienden que de esto no tienen que hablar ellos. Creo que ETA sigue tutelando a la izquierda abertzale y que no se fía de lo que puedan hacer.

P.— ¿Son estas exigencias las que estarían provocando una crisis en el proceso?

R.— Sí. Parece que están pidiendo contraprestaciones políticas y parece que el tema puede pararse. Podemos encontrarnos en situaciones de crisis mientras no se haga la diferenciación entre paz y normalización política. ETA no puede marcar la agenda de la pacificación en función de como va el proceso político. Ese intento de ETA de meter siempre la cuchara en el plato de la política puede hacer que se tuerzan las cosas.

P.— ¿Atribuye entonces toda responsabilidad de ese supuesto parón a ETA?

R.— No toda. Me da la impresión de que al Gobierno español le está pasando lo mismo que a ETA. Por mucho que diga que hay que separar los negociados de la política y la violencia, luego está esperando a ver qué garantías puede dar a ETA en función de los pasos políticos que se van dando. El Gobierno tampoco está desligando ambas cuestiones. Y luego está la cuestión relativa a los pasos y gestos que debe dar cada una de las partes.

P.— ¿Qué gestos pide al Gobierno? ¿Desbloquearían la situación medidas en política penitenciaria?

R.— Ése es uno de los pasos que deben darse. Hasta ahora hemos visto pocos gestos y alguno, como éste, son fáciles de hacer. Después del 22 de marzo, el Gobierno se da una plazo para realizar una verificación y después esperamos un montón de tiempo para que Zapatero realice una declaración sobre los contactos con ETA. Después, y a día de hoy, nadie ha visto un paso efectivo y real, y esto estará generando frustración en muchos sectores. Durante la tregua del 98 se produjeron muchos acercamientos y excarcelaciones de presos, y en menos tiempo. Y esto es algo que el Gobierno sí puede hacer. Sería darle una buena mano de grasa al proceso. Todos sabemos que hay mucha gente a la que este proceso de paz y normalización, o no le conviene o le tiene miedo, y por eso hay que intentar tener las menos tensiones posibles. Gestos en materia penitenciaria serían beneficiosos para lograr una mayor distensión. El Gobierno tendría que ser valiente en este tema.

P.— Y ETA, ¿no debe dar pasos?

R.— Dio un paso el 22 de marzo, pero después tenía que haber sido mucho más valiente y haber seguido hacia adelante. Con sus comunicados da la impresión de que está dando pasos hacia atrás. ETA debería asumir que en estos momentos le toca olvidarse del negociado político y realizar gestos para reafirmar su voluntad de no volver a coger una pistola o un arma.

P.— ¿Qué tipo de gestos?

R.— Las posibilidades son muchas. Entre el anuncio de alto el fuego y la disolución total, tiene un amplio margen para ir dando pasos en positivo. Hay muchas cosas que puede hacer. Desde decir dónde tiene un zulo para demostrar su intención de desarmarse hasta desactivar el frente de presos. Hay mil posibilidades de distensión

P.— El debate está actualmente centrado en la legalización de Batasuna. ¿Cuál es su fórmula para resolverlo?

R.— Es un tema que tendría que estar resuelto. No podemos seguir esperando a que se solucione este asunto, la gente está hasta el moño. El Partido Socialista, el Gobierno español y Batasuna no pueden tenernos eternamente en un pim pam pum con este tema. Si verdaderamente creemos que se pueden llevar adelante los procesos, o se toman medidas valientes o esto va a ser la casa de tócame Roque. Yo entiendo que la situación es difícil pero no hay que olvidar que el PSOE se metió él solito en ella al promover la Ley de Partidos, en la anterior etapa de apoyo al PP, un obstáculo importantísimo en estos momentos. Algo tendrán que hacer con esa Ley y con la situación que ellos crearon. Tendrían que dar pasos para su modificación o derogación. Eso ayudaría a que el proceso de normalización avanzara y la gente vería que se dan pasos valientes.

P.— Otros piensan, entre ellos el Gobierno, que es Batasuna la que debe solucionar su situación.

R.— También. En vez de volvernos locos con continuas declaraciones y ruedas de prensa, la izquierda abertzale tendría que tomar la iniciativa y presentar unos nuevos estatutos en los que reflejara que la violencia ya no tiene ningún sentido, lo que dejaría la carga de la prueba sobre el Estado. Esto sería absolutamente bien recibido por la ciudadanía y la clase política, y se entendería como un avance.

P.— El lehendakari quiere que la mesa de partidos se constituya en otoño. ¿Lo ve factible?

R.— Será posible si se dan unos pasos adelante, veremos lo que pasa en septiembre. El lehendakari dará los suyos en el Pleno de Política General, pero si el Partido Socialista y Batasuna siguen con su monotema del verano puede no ser así.

P.— ¿Considera necesario que Batasuna sea legal para que pueda participar en esa mesa?

R.— Entiendo que es conveniente que el tema de la legalización esté resuelto. No sería primordial pero sí conveniente. Todas las sensibilidades políticas deberían estar en la mesa y es complicado que un partido ilegalizado pueda participar como representante de una de esas sensibilidades. No creo que sea imprescindible, pero sería mucho mejor que esta cuestión estuviera solucionada.

P.— Dice que en la mesa deben estar todas las sensibilidades pero el PP ya ha dicho que no acudirá.

R.— Pues si realmente queremos resolver el conflicto político de este país tienen que estar todas las sensibilidades políticas. Al PP le hace falta valentía para romper una fórmula de actuación que no tiene ni medio pase. No puedes estar esgrimiendo la bandera de la tregua trampa cada vez que hay un movimiento. Si no hacemos todo lo posible por arreglar los problemas, mal andarán las cosas. Al PP le va a pasar como le pasó con el Estatuto, que va a llegar 25 años tarde. Tiene que romper con sus ataduras y apostar por sentarse a hablar.

P.— Entonces, ¿considera imprescindible su presencia?

R.— Imprescindible no somos ninguno, pero sería deseable que estuviéramos todos. Vuelvo a lo del Estatuto. Alianza Popular dijo ‘no’ al Estatuto, y gente que se jactó de haber votado ‘no’ hoy lo celebra con champán. ¿Fueron imprescindibles para poner en marcha el Estatuto? No. Pero ¿habría sido deseable que lo hubieran apoyado? Pues sí. Hoy estamos en la misma situación: si el PP no está en esa mesa será un hándicap, pero no es imprescindible.

P.— Se discute si el lehendakari debe tener un papel destacado en ese foro.

R.— Si alguien cree que en un proceso de normalización política el Gobierno del Estado no va a jugar un papel es un ingenuo político. Es inevitable que participe con medidas ejecutivas o legislativas para plasmar el acuerdo a que lleguemos. Y la traslación de esto al lehendakari y al Gobierno vasco es también absolutamente evidente. El lehendakari no es una figura que pueda quedarse fuera de lo que vaya a pasar pero es cierto que tendremos que discutir cuál puede ser su papel, y tendremos que decidirlo entre todos los partidos políticos. El lehendakari no tiene que estar en todos los sitios, pero tiene que estar donde tiene que estar. Puede ser el convocante de la mesa, puede ser el dotador de infraestructura o el alimentador de ideas. Hay muchas cosas que puede y debe hacer, independientemente de que sea o no uno de los miembros que se siente en la mesa.

P.— La presidenta de EA, Begoña Errazti, apuesta por un pacto entre las fuerzas abertzales previo a los debates en la mesa de partidos. ¿Comparte esta visión?

R.— Yo creo que las posiciones que llevemos a la mesa no deben ser maximalistas. En estos momentos debemos dar una solución que pase por ponernos de acuerdo entre todas las sensibilidades. Creo que eso puede darse, o por lo menos lo tenemos que intentar. Si no funciona, se puede optar por otras fórmulas, y aquí entra la evidencia aritmética de las minorías y las mayorías. Si el consenso entre todos no es posible, la mayoría tiene toda la legitimidad democrática para poder hacer propuestas políticas que después serán o no ratificadas por la ciudadanía vasca. Pero creo que éste es el momento de intentar otra cosa. En esta nueva situación, creo que es posible un acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas sobre la base del derecho a decidir del pueblo vasco. Sólo si no se logra, la fórmula que propone Begoña Errazti es una fórmula posible.

P.— ¿Cómo valora la posible coalición Aralar-EB?

R.— Yo, la verdad, no acabo de verla. Pero yo no soy ni dirigente ni votante ni de Aralar ni de EB; ellos son los que tienen que valorar si les conviene. A mí me suena un poco extraña, ellos coinciden en sus políticas de izquierdas pero poco más. Estoy pensando en el perfil de personas que votan a uno y otro partido y no acabo de verles encajar. Me sorprende.

P.— Madrazo niega que se trate de un pacto defensivo ante la competencia de Batasuna en los comicios

R.— Poco entiendo mi casa como para ponerme a arreglar la de los demás. No creo que la presencia de Batasuna pueda quitar votos a EB. Y respecto a Aralar creo que va a tener mercado en función de lo que vaya a hacer Batasuna. Hay mucha gente en la izquierda abertzale que está muy harta de la línea que ha seguido Batasuna. Si sigue cayendo en viejos tics, Aralar es una opción madura.

P.— ¿Es compatible con el pacto tripartito?

R.— Entiendo que sí es compatible. No será ésta la primera vez en que las coaliciones para un ayuntamiento o una diputación no son las mismas que las que se forman para el Gobierno o para el ayuntamiento de enfrente. En principio, no debería producirse ningun problema.



«Si no logra buenos resultados, EA estará en una difícil situación a la hora de negociar pactos post electorales»

P.— Finalmente, EA ha dicho ‘no’ a la coalición con el PNV para las próximas elecciones. ¿Se lo esperaba?

R.— La verdad es que no. Pensaba que iban a tener un proceso largo para tomar esa decisión, pero que al final apostarían por la coalición. No me esperaba esto. No queda más remedio que respetarlo pero me parece incomprensible.

P.— La decisión de la Ejecutiva será ahora sometida a la Asamblea. ¿Espera una marcha atrás?

R.— Me gustaría. Me parece que la noticia de que no haya coalición es pésima para unos y buenísima para otros. Para los votantes del PNV y de EA es una muy mala noticia porque debilita el tipo de país en el que creemos. Espero que si las bases tienen la posibilidad de pronunciarse den la vuelta a esa decisión, pero me parece que es complicado.

P.— ¿Quién pierde y quién gana con esta decisión?

R.— Ganan el Partido Popular y el Partido Socialista, y los que perdemos somos los que queremos cambiar los gobiernos de Alfonso Alonso y de Ramón Rabanera y los que queremos una política coherente con la del Gobierno vasco. Desde el punto de vista electoral los principales beneficiados, quizás no en número de votos pero sí en resultados electorales, van a ser los que quieren mantener los actuales gabinetes del PP en Álava y los que buscan debilitar al Gobierno vasco.

P.— ¿Se mantiene la posibilidad de llegar a acuerdos post electorales en las instituciones?

R.— En principio sí, pero es evidente que esto cambia muchas reglas del juego. En primer lugar, tendremos que aplicarnos para evitar tensiones en los lugares donde estamos gobernando juntos. Y, por otro, al ir por separado es evidente que van a quedar abiertas las posibilidades de acuerdos a posteriori en los ayuntamientos y en las Juntas Generales. La capacidad para poder negociar acuerdos dependerá de los resultados que obtenga cada uno. Si los resultados de EA no son determinantes, se encontrará en una difícil situación.

P.— En el último momento, Alvaro Iturritxa ha desistido de concurrir como candidato a la Diputación de Álava. ¿Están buscando ya un sustituto?

R.— Aún no tenemos sustituto, pero es que tampoco teníamos candidato, aunque no niego que si Álvaro hubiera estado dispuesto a ser el candidato, ésa habría sido la propuesta del Araba Buru Batzar a las bases. Aquí hay partidos políticos que funcionan de forma distinta. En unos, como el PP, va Alonso y dice que, como es el presidente del partido en Álava, él será el candidato a alcalde. En el PNV esto no pasa. En nuestro caso deciden las bases.

P.— Su nombre ha aparecido ya en las quinielas.

R.— Puedo ser yo, pero lo mismo que puede serlo cualquier afiliado alavés que el PNV considere oportuno. Todos tenemos las mismas posibilidades. Se ha comentado mi nombre lo mismo que el de otros 19, al menos son esos los que ya hemos contabilizado en los medios de comunicación.

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