Opinión
24Agosto
2006
24 |
Opinión

Que siga "El Proceso"

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Agosto 24 | 2006 |
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"Durante toda mi vida me he dedicado a la defensa de los africanos. He luchado contra la dominación blanca y la dominación negra. He evocado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y en igualdad de oportunidades. Espero vivir para poder conseguir este ideal. Pero si hace falta, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir ". Nelson Mandela.
Que no marchiten la esperanza de una Euskadi en paz, reconciliada consigo misma, normalizada política y socialmente, bajo ningún concepto. Nadie tiene ese derecho. Son demasiados años de trágica conculcación y brutal violación de los Derechos Humanos. Ya lo dijeron los que estaban, al menos supuestamente, en la llamada pomada del denominado "Proceso": largo, duro y difícil. Los autores de tal afirmación sabrán el por qué de tal aseveración. Ciertamente sucede que uno no sabe exactamente a qué carta quedarse, no sabe de qué va el asunto, de cuántos órdagos nos quedan por contemplar, aunque uno difusamente intuye, o cree intuir, que unos y otros, que otros y unos, tanto el conglomerado de la llamada izquierda abertzale, llámesela como a uno, o una, estima más oportuno, y el PSOE, el PSE, el Gobierno de España o como lo prefieran unos y otros, se alimentan mutuamente, se retroalimentan informativamente y/o se alternan copando unos detrás de otros declaraciones, contradeclaraciones, y/o recontradeclaraciones. Todos, los dos, marcando un terreno más o menos acordado, más o menos subidos de tono, declaraciones "dignas" donde las haya, terminantes, mesiánicas y/o más o menos amenazantes, todas ellos, los dos, mirándose de reojo y a la vez observando cada uno a los suyos más o menos (des)concertados. Ojalá siga el llamado "Proceso", por largo, complicado, difícil, secreto, discreto, oculto, duro y supuestamente contradictorio o ambiguo... o lo que sea, sea. Una vuelta a las andadas sería demoledor y trágico para la sociedad vasca. El pasado reciente, su recuerdo vergonzante es la mejor dosis de vacuna para impedir que todo vuelva a la nada. No es posible retroceder. La suerte debe de estar echada y cuanto antes. Que la escenifiquen como quieran, o puedan. Pero que consigan el punto final. Hay que pasar página de una vez. Que procure ETA no aburrirnos demasiado con sus epístolas y soflamas mesiánicas. Que actúe el gobierno. Que el PP...

Realmente son demasiados años, demasiados, de trágica conculcación y brutal violación de los Derechos Humanos. Porque hay que recordarlo, es evidente que la condición esencial de la democracia pasa porque las diversas alternativas políticas acepten como axioma fundamental que su única capacidad de interlocución política no es otra que la que se deriva del número de ciudadanos que los refrendan libremente a través de las urnas. Por lo tanto, salvo que se acepte como actitud política aquello de "la dialéctica de los puños y de las pistolas", o aquello no menos amenazante de que "el destino de las urnas es el de ser rotas", resulta obvio que dentro de una concepción democrática de la vida y de la convivencia debe de ser impensable que alternativas políticas que una vez verificadas en las urnas resulten minoritarias en cuanto al respaldo recibido intenten imponer por la vía de la fuerza o de la amenaza sus criterios y proyectos. Hay que recordarlo, la violencia ha sido un aliada objetiva de aquellos sectores y de poderes fácticos que no contemplan al pueblo vasco como sujeto en la toma de decisiones. Los que han practicado violencia en democracia por un lado, los que no han querido, y estas altura quizás ya ni puedan, percibir la pluralidad de la sociedad vasca, y, por otro lado, los poderes fácticos del más rancio nacionalismo español son los que niegan a este Pueblo tener un marco autónomo de decisiones. Ni unos ni otros han respetado ni respetan en la realidad la voluntad de la sociedad vasca. Por ello, quienes amenazan con socavar de nuevo la convivencia en Euskadi y llevarnos a un callejón oscuro sin aparente salida, quienes espolean la confrontación, el miedo, la desazón y el desánimo social, la fractura y la desvertebración de la sociedad vasca, quienes pugnan por la imposición de sus ideas, las que sean, son lamentablemente alumnos aventajados de lo intolerante y de lo estéril. Unos y otros.

Y ello independientemente que opten por un lado por el "todo por la patria pero sin la patria" u opten impositivamente por la indivisible unidad sacra de la España de antaño. Tengan el uniforme ideológico y el proyecto político que tengan, hablen o piensen en castellano, euskera, francés o quechua. O no piensen en exceso, que es lo más probable.

Durante demasiado tiempo han transgredido gravísimamente los más elementales Derechos Humanos quienes han asesinado, acusado, juzgado, dictado y ejecutado sentencias de muerte pero también quienes han torturado y añadido gratuitamente sufrimiento a presos. Han transgredido la decencia y la ética quienes han jaleando alentado, amparado, avalado y callado de una manera u otra a unos y a otros. No son decentes quienes lamentando las muertes no las han condenado y quienes haciendo cínica gala de la doble vara de medir han exigido la mayor de las exquisiteces en cuanto al respeto de los derechos de los "suyos" y justificado, explicado o entendido la transgresión a los "otros" a "contextos" y "a exponentes de la crudeza de la confrontación del contencioso político".

Desaparezca el matonismo político, no es garante de nada, no haga sufrir más a este pueblo al que curiosamente dice representar y querer liberar, acate la llamada izquierda abertzale el juego político democrático basado en las mayorías y minorías, en la tolerancia y en el respeto al discrepante. No procede amenazar de nuevo, ni amagar con volver a las andadas, no tiene justificación política, ni ética, ni moral ninguna, y lo que es peor aún, además de generar desazón e incertidumbre es inútil y un craso error político.

Aspiro vitalmente por una Euskadi amplia, abierta, madura, y generosa en la que sin duda quepamos todos, tanto los que nos sentimos sólo vascos como los que además se sienten y proclaman legítimamente también su españolidad. Una Euskadi no sujeta a los desmanes de los violentos, pero tampoco dependiente de ámbitos superiores de decisión impuestos en contra de la voluntad de la ciudadanía vasca, abierta a Europa con voz propia y no prestada, humana y solidaria, soberana en sus decisiones, pacífica en sentimientos pero firme en sus proyecciones de futuro. Una Euskadi que en definitiva tenga motivos para la esperanza, sin que le secuestren la ilusión del mañana.

Soplan aires portadores de un reto inaplazable, de apuesta exigente, de encrucijada histórica. Es lícito apostar por ello y lo tenemos que escribir entre todos, en libertad y sin iras de ningún tipo. Un futuro amplio y diverso, múltiple e indeterminado, no reducible sino dialéctico entre lo posible, lo probable y lo deseable. Un futuro a alcanzar mediante el respeto y la asunción democrática de la voluntad de la sociedad vasca. Un futuro sin cartas marcadas de antemano por el nacionalismo español y que reniegue de la razón de la fuerza y apueste por la fuerza de la razón. Se trata de sembrar cultura civil, cultura de política honesta, espíritu humano y convivencia, fraternidad, rechazo a la imposición y a la ruindad, tensión mantenida, trabajo y coraje. En esta siembra de ética como servicio y de política como práctica de la moral, sobran partidismos estériles y reincidentes que no aceptan a la sociedad vasca como sujeto en la toma de decisiones que le implican su presente y futuro. Y, por supuesto, en esta siembra de buena voluntad, de futuro y de sentido común, sobra y estorba, obviamente y de una vez por todas, y más que nunca, ETA.

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