«La mayoría natural de Navarra quiere mandar a UPN a la oposición»
Uxue Barkos considera que la verdadera mayoría natural de Navarra reclama un cambio político en clave de progreso que empuje a UPN a la oposición y trabaje por la convivencia y por cerrar fracturas sociales de tantos años de violencia.
-Navarra, en el punto de mira de la polémica.
-La polémica que se ha suscitado en torno a Navarra se ha activado de forma muy artificial. El Gobierno central en ningún momento ha aludido a Navarra al hablar de la apertura de un proceso de paz. El Gobierno de UPN está interesado en lanzar acusaciones como si se estuviera trapicheando con la voluntad de los navarros. Difícil veo que Navarra pueda convertirse en una moneda de cambio. Hay mecanismos como la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución que aseguran perfectamente la voluntad de los navarros como único motor de un eventual marco jurídico-político. Pero ya verá como la polémica vuelve en septiembre con renovadas fuerzas. Porque la derecha va a querer utilizar a Navarra como un símbolo de una supuesta caída del Imperio de la unidad española. Así que, a prepararse contra la artillería dialéctica.
-¿Usted ve inquietud en la sociedad navarra?
-Sinceramente no se percibe y éstos son temas que suelen alterar mucho la vida en la sociedad. Es un debate grueso de titulares en los periódicos entre políticos pero no se está viviendo en la sociedad.
-¿Vislumbra cerca la paz?
-Hay una oportunidad histórica para la paz, como la que seguramente no habíamos vivido en los últimos años. Por un lado, ETA ha anunciado un alto el fuego en unos términos que hasta ahora nunca había planteado. Por el otro, hay un presidente del Gobierno que ha expresado clarísimamente y con una enorme contundencia su deseo de acometer ese proceso. Sabemos que va a ser largo y difícil, como dice el presidente, pero es un camino que tenemos que empezar a andar.
-¿Qué le suscitan imágenes como las de juicio a "Txapote"?
-La primera es absolutamente visceral, se te revuelven las tripas. No llegas a entender nunca cómo una persona puede llegar a actuar de esa manera, imbuido de un entorno militar de unas características que nunca he vivido. Yo rechazo todo eso, pero entiendo que ésa no puede ser la imagen que centre el proceso hacia la paz. Nos vamos a encontrar en el camino escollos como éste y entiendo que algunas actitudes puedan resultar incomprensibles a ojos de la opinión pública. Ése es el trabajo de los políticos y de los generadores de opinión. Explicar, hacer pedagogía. Lo que tenemos al alcance de la mano es explicar que situaciones como ésa no vuelvan a repetirse.
-Una tarea especialmente difícil en Navarra.
-La violencia ha dejado muchas heridas personales y sociales en Navarra, es verdad. Creo que es un problema generacional. Navarra es una tierra muy fracturada por la violencia desde hace muchos años. Quiero recordar que Navarra es una comunidad, entonces una provincia, que en 1936 no tuvo frente de guerra pero en la que hubo tres mil fusilados. Y eso ha dejado fracturas. Y ETA volvió a provocar enormes fracturas. Ésta es una sociedad muy fracturada, en la que se ha intentado mezclar al nacionalismo vasco con la violencia y en la que se ha asociado a las opciones de derecha con el bando vencedor en la guerra. Todo esto puede verse, por ejemplo, en el enfrentamiento entre norte y sur, con pueblos muy diferentes culturalmente. Pero es una fractura que tiene solución, sobre todo generacionalmente. Para superar esas trincheras hace falta una actitud más responsable por parte de partidos y líderes de opinión. Se hace nula pedagogía.
«Sin maniqueísmos»
-¿Quién hace menos pedagogía, los navarristas o los abertzales?
-En ambas partes se cometerán enormes fallos pero yo no les pondría en el mismo nivel de la balanza. Primero porque ni el abertzalismo ni el socialismo han hecho esa identificación entre nacionalismo vasco y violencia. Y los abertzales jamás han jugado a utilizar ese mismo argumento, cuando apellidos ilustres en la derecha navarrista han estado bien ligados al régimen de Franco, como es público y notorio. Pero no se ha explotado demagógicamente este asunto. Las responsabilidades habrá que repartirlas entre todos, a mí los maniqueísmos me convencen muy poco, pero sin equiparar esas culpas. Ahora que se ha debatido la ley de reparación histórica a las víctimas del franquismo es un buen momento para recordar lo que ocurrió. En Navarra hubo una represión brutal, en la Sakana y en la Ribera. Todavía me acuerdo que una persona muy mayor me decía que en la Vuelta del Castillo, en Pamplona, donde se producían los fusilamientos, la gente iba a ver las ejecuciones a pasar la tarde hasta tal punto que pasaba el churrero a vender churros. Así de terrible.
-¿Quedan muchos símbolos franquistas en Navarra?
-Pues por ejemplo Franco sigue siendo hijo predilecto de Pamplona y permanece un monumento a los caídos, una exhibición de nacionalcatolicismo que es horroroso "a la navarra", que se ha recuperado como centro cívico pero que encierra unas pinturas realmente lúgubres. Y eso en la Pamplona del 2006.
-También sus compañeros de Aralar en Nafarroa Bai han dicho que UPN es el gobierno «más reaccionario de Europa»...
-Desde luego algunas actuaciones de UPN se califican así desde Europa. Por ejemplo, hay informes admitidos por el Consejo Europeo con respecto a la actuación del Gobierno de Navarra de UPN que denuncian que no existe en Europa un gobierno que actúe tan en contra de su propia lengua. Y estamos hablando de una cuestión puramente cultural. Creo que a Aralar no le falta razón.
-¿Qué le parece la propuesta de una única mesa de diálogo político entre los partidos de la Comunidad Autónoma Vasca y los de Navarra?
-Me parece que sería lo ideal, como en su día creí que era mejor que no existiera una diferencia entre el Pacto de Ajuria Enea y el Pacto de Pamplona. No creo que nadie piense que Navarra tiene algún tipo de interés divergente al de Vizcaya, Gipuzkoa y Álava para solucionar este asunto. Es una sandez. Ahora bien, si el conjunto de la ciudadanía entiende que está mejor representada con una mesa propia en Navarra no debería existir mayor problema.
-¿Pero ve viable una única mesa de diálogo?
-No, no la veo en estos momentos y con una administración como la actual de UPN me parece absolutamente inviable. Por otra parte, que haya una mesa es absolutamente necesario en Navarra. Y si las cosas se producen con un mínimo de serenidad política en Navarra sí veo una mesa específica. Para eso hace falta voluntad política, es decir, un cambio de gobierno. Es algo que ya se empieza a respirar.
-Un entendimiento que pasaría por un pacto entre el PSOE y NaBai. ¿Hay madurez para ese pacto?
-En NaBai venimos diciendo hace tiempo, como fuerza vasquista, abertzale y de izquierdas en Navarra, que aquí existe una necesidad de cambio de gobierno. Es una cuestión de higiene democrática. Y la aritmética y los números son necesarios. Las tendencias son muy claras y ese relevo pasaría por un gobierno PSN-NaBai o por otras fórmulas similares que avancen en esa solución de progreso. La mayoría natural es esa mayoría progresista que quiere mandar a UPN a la oposición. Quienes dicen que ésta es una solución contranatura quieren obviar que el nacionalismo existe, que existe la izquierda abertzale, y que hay sectores vasquistas entre los electores de IU y del PSN que configuran hasta un 30 ó 35% de la sociedad.
-¿Pactarían ustedes con la izquierda abertzale?
-La izquierda abertzale mayoritaria de Navarra está en Nafarroa Bai. Eso, por un lado. La izquierda abertzale heredera de Batasuna ha tenido siempre un votante muy fiel en Navarra y la expresión que le sustituya, y que ojalá esté presente en las elecciones forales, tendrá que decidir qué alternativa quiere para el Gobierno de Navarra. Nafarroa Bai es un tren en marcha con las puertas abiertas, no tanto a la incorporación como tal al proyecto, pero sí a la colaboración por empezar a mover el tren de Navarra, que tiene muchísimos retos pendientes. Sobre todo el de la convivencia, un desafío en el que esa izquierda abertzale tiene también que hacer su propia apuesta desde la exclusiva vía política.
-¿Pero ese mundo de Batasuna tiene cabida en NaBai?
-Ésa ha sido la pregunta permanente desde un principio. Nosotros estamos abiertos a todos aquéllos que tengan una visión progresista para el futuro de Navarra, desde la convivencia, que no es un término vacío, y desde una exclusiva apuesta por la vía política.
-¿Será usted la candidata de Nafarroa Bai a la Alcaldía de Pamplona en las elecciones de 2007?
-El proceso de designación de candidatos aún no ha concluido. La verdad es que aún no se puede adelantar nada. Será EA la que proponga el candidato a la Alcaldía de Pamplona, será Aralar el que lo haga al Parlamento foral y será Batzarre a la Alcaldía de Tudela. En ese sentido, Nafarroa Bai también reivindica una nueva generación que se pone a trabajar en política, como en el Estado está haciéndolo Rodríguez Zapatero. Ésta es una sociedad que necesita nuevas generaciones. Pero no me veo como candidata a la Alcaldía de Pamplona. Tengo un gran trabajo en el Congreso aunque estaré dispuesta a lo que decida NaBai.
-¿El Opus Dei sigue siendo influyente en Navarra?
-Sí, pero curiosamente no creo que el Opus Dei sea el enemigo a batir. Lo que no cabe es el seguidismo que han hecho las administraciones de Navarra, tanto el Gobierno foral como el Ayuntamiento de Pamplona, hacia el Opus. Es una entidad que está ahí y debiera competir en igualdad de condiciones junto a otras entidades, no por ejemplo discriminando a la Universidad Pública de Navarra. Creo que Navarra tiene un potencial extraordinario de futuro que ahora está sepultado por la gran mediocridad y ramplonería de la derecha. Por eso hay que mandarles una larga temporada a la oposición.
«Son vomitivos algunos insultos machistas a la vicepresidenta»
-¿Le ha cogido el tranquillo al Congreso?
-Con gusto. Cuando trabajaba lo que es mi oficio, que es el periodismo, siempre me gustó el periodismo político. Hay algo que me produce mucho pudor y es expresar mis opiniones en público. Pero es gratificante.
-¿Qué le ha sorprendido en especial de la política?
-La improvisación en algunas ocasiones, sobre todo en los grandes partidos.
-¿Se acostumbra a la gresca en los escaños?
-No me acostumbro aunque lleve ya dos años. Y resulta especialmente desagradable. Aunque se pasa de los insultos en el hemiciclo a palmaditas y risas en la cafetería del Parlamento. Un enfrentamiento acalorado en el Parlamento no debe impedir que luego uno pueda tomarse en el bar un vino. Pero a veces he escuchado insultos muy duros y muy amargos. A eso no me acostumbro, la verdad.
-¿Qué insultos le irritan especialmente?
-Normalmente los que tienen tintes machistas y van dirigidos contra la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega por parte de algunos diputados del PP. Yo daba por hecho que este tipo de actitudes no eran propias de la clase política con un mínimo de nivel y demuestran, además de una absoluta falta de categoría humana, que persiste un hondo machismo.
-Se le ha llegado a gritar «tísica» a la vicepresidenta...
-Sí, es verdad, me parece realmente vomitivo, pero es así.
-Esa frase que se le atribuye a usted de que «no hay diputados macizos» en el Congreso, ¿le ha generado problemas?
-(Risas) Sí, a algunos les ha hecho una enorme gracia. Ingenua de mí, cuando dije esto yo pensaba que estaba esquivando un poco la pregunta de una brillante periodista que es Karmentxu Marín y que me preguntó por un diputado macizo en el Congreso. Le dije que no los había y cuando vi el titular... ¿Madre mía! Ha habido diputados, como Pedro Azpiazu del PNV, que me han llamado pidiendo rectificaciones o Juan Moscoso diciendo que tenía a media Navarra, votante socialista, muy mosqueada. Tengo la sensación casi rayana en la certeza de que hay quien se ha molestado.
-¿Se puede ligar en el Congreso?
-Se puede ligar como en cualquier otro ámbito, otra cosa es que te apetezca más o menos.
-Otra frase que se le atribuye y que generó su controversia es ésa de que «me chifla el vino»...
-Sí, en alguna entrevista lo he dicho y cuando vi el titular me dí cuenta de la polémica. Pero no lo niego, y es una de las frases que después me han resultado más gratas de compartir con más gente en la calle.
-¿Es Pamplona una ciudad aburrida en verano?
-En absoluto, pero tampoco soy yo la persona más adecuada para decirlo porque paso parte del año entre Madrid y Pamplona y cuando llega el verano disfruto muchísimo de esta ciudad, pequeña, humana y relativamente bien comunicada.
-¿Sanferminera de pro?
-Me gustan mucho los sanfermines pero no aguanto los nueve días ni por el forro. Tendría que existir "San Fermín canguro". Es muy difícil ser madre de niños y disfrutar de la fiesta.
-¿Cómo pasa las vacaciones?
-Me suelo escapar normalmente 12 días a Galicia. Mi marido es de allá. Vamos al Grove, pero no consigo desconectar del todo. Todos los años digo que no pienso comprar periódicos en vacaciones y me dura el día uno y si acaso el dos. Pero leo los periódicos de otra manera, mucho más relajada. A mí seguir la actualidad no me supone un esfuerzo.