Opinión
27Julio
2006
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El PNV ante la rebelión militar (1936)

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Julio 27 | 2006 |
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Se ha escrito mucho sobre la postura del PNV ante la rebelión militar de 1936. La tesis doctoral de Fernando de Meer, "El Partido Nacionalista Vasco ante la Guerra de España (1936-1937)", Eunsa 1992; es decir, desde el 18 de julio de 1937 hasta la capitulación de Santoña, 25 de agosto de 1937, está considerada todavía como la mejor obra sobre el tema. El autor cita de pasada cinco veces el nombre de Lucio de Artetxe. Desconoce, sin embargo, un documento de primera mano de este gran caballero, abertzale y dirigente del PNV en todo este tiempo. El documento aparece en la bibliografía de "El péndulo patriótico: historia del PNV II (1936-1979)". Al tomar sus autores como "armazón de su análisis" en este primer período (1936-1937) la obra de Meer, se debieron de creer dispensados de asomarse a esta nueva y singular fuente, que es lo central de estas líneas.
Se trata de la carta estrictamente confidencial (de Lucio de Artetxe) a mi amigo R. P. Felipe de Aguirre y Jaureguizar, S.J. Está escrita en un pequeño cuadernillo lineado, con letra caligráfica menuda, extraordinariamente uniforme de cabo a rabo en sus 216 páginas. Artetxe la concluye el 29 de setiembre de 1940, fiesta de San Miguel, patrono del PNV. Está entonces en el penal central de Burgos. "Pretendo darte un poco de luz sobre el tema tan manoseado de nuestra intervención en el último conflicto español, para que puedas juzgarnos con más imparcialidad y conocimiento de causa que algunos compañeros tuyos en religión, que, sintiéndose más defensores de una causa meramente política que apóstoles de Cristo, y sin preocuparse del daño que está haciendo, lanzan a los cuatro vientos juicios y afirmaciones, tratándonos con menos caridad que nuestros mismos guardianes".

Lucio y Felipe, hijos de Bakio (Bizkaia), eran amigos desde la "escuelita en la que nos disputábamos el primer puesto". Desde entonces sólo se vieron otra vez. Veinte años más tarde, también en Bakio. Felipe era ya jesuita. "Acababa yo de regresar de mi viaje de aventura por América» (1919), escribe Lucio. Al punto se afilia al PNV y se entrega a él en alma y cuerpo. Elegido miembro de su Consejo Regional en Bizkaia (BBB) en 1935, repite en el cargo hasta 1969. "Durante la Guerra Civil, el PNV estuvo dirigido por Ajuriaguerra y Arte-txe", dirá Antonio Gamarra, del Consejo Regional de Araba, en el mismo tiempo. Artetxe fue, pues, parte activa y decisiva en el partido hasta el Pacto de Santoña y la traición de los italianos. "Y así, de esta forma tan suave y tranquila, el día 28 de agosto de 1937 nos metimos, para unos días, en la cárcel de la que no hemos salido, ni vemos la forma en que hemos de salir".

Condenado a muerte, con unos 500 de los 1.900 -"el mismo capellán nos dijo que en el cementerio del penal (El Dueso) habían preparado unas 300 fosas"-; "dos años preparados y dispuestos en todo momento a presentarnos ante la Suprema e Infalible Justicia, vía paredón, enviados por esta precipitada y vengativa justicia humana, tan llena de errores y de odio como falta de escrúpulos en su actuación y en sus decisiones". Refiere Artetxe las gestiones del pacto, los juicios sumarísimos, las "sacas" nocturnas, etc. Conmutada, en 1940, la pena de muerte por la de cadena perpetua, es conducido -"peor que reses"- al penal de Burgos. Liberado al fin en 1943, dirige la Resistencia Vasca del partido, reconstruye Euzko Gaztedi, etc.

Lucio y Felipe no se volvieron a ver desde aquel lejano 1919. Fallecido Felipe en 1957, hacia 1960 la carta le es devuelta a Artetxe, desde la Universidad Gregoriana de Roma, donde Aguirre había sido profesor hasta la muerte. La "carta" permaneció en la familia Artetxe. La Fundación Sabino Arana editó en 1998 una edición facsímil del manuscrito, depositado en el Archivo Histórico del Nacionalismo Vasco.

Artetxe afirma que la pésima gestión de las derechas durante su bienio de gobierno contribuyó al triunfo del Frente Popular en España, en febrero de 1936. Esto produjo en aquéllos un "nerviosismo tan grande que inmediatamente, socolor de un supuesto levantamiento comunista, se pusieron a desarrollar el movimiento". El 12 de julio fue asesinado el oficial de la Guardia de Asalto José Castillo, y en repuesta, el 13, el jefe de la oposición monárquica, José Calvo Sotelo. "A pesar de la excitación tan enorme que había en Madrid a juzgar por estos sucesos, el PNV vivía ajeno a todo ello". (¡Tan concentrada debía estar su directiva en la consecución del Estatuto!). Artetxe se traslada a Madrid por carretera el 14. Aquí, "la gente se miraba con recelo y desconfianza. Se respiraba una atmósfera cargada de grave preocupación". Regresa el 17. "A nuestra llegada a Bilbao reinaba absoluta tranquilidad, aunque ya se daba la noticia de que la Armada y el Ejército de África se habían sublevado». Esa misma noche, "como de costumbre", se reúne con sus compañeros del BBB. Comentan sus impresiones sin recibir "ninguna otra noticia alarmante".

Para el 18 estaba convocado el EBB en Iruña, aunque a última hora se cambia el lugar por Donostia. "La reunión se celebró con toda normalidad, despachándose asuntos de trámite. Se hicieron comentarios sobre los rumores que continuaban... En Iruña se aseguraba que, aunque los requetés andaban muy excitados, nada ocurriría mientras estuviera al frente de la guarnición de la Guardia Civil el jefe que la mandaba. Después nos enteramos de que ese mismo día, entre las 4.30 y las 6 de la tarde, fue asesinado dicho jefe. Y, al parecer, ésta fue la señal, pues los requetés se lanzaron a la calle, haciéndose violentamente cargo de todos los centros oficiales, comunicaciones, periódicos, etc".

Pasada la medianoche, Arte-txe es requerido para juntarse con sus compañeros en el diario "Euzkadi", que se edita en Bilbao. "Uno de nuestros diputados acudió al Gobierno Civil para informarse de lo que allí se supiera. A su regreso nos amplió algunos detalles y nos dijo que el gobernador deseaba saber qué actitud iba a adoptar el PNV. Después de estudiar detenidamente la situación con los pocos datos que se pudieron recoger, y teniendo en cuenta que la sublevación tenía carácter exclusivamente militar..., tomamos la decisión de colocarnos al lado del Gobierno con la idea inicial ‘exclusiva’ de guardar el orden público...".

La misma mañana (del 19) se publicó en el órgano oficial de partido -"Euzkadi"- una nota dando cuenta al pueblo de la postura que se adoptaba. Decía: "Ante los acontecimientos..., el PNV declara -salvando todo aquello a que le obliga su ideología...- que planteada la lucha entre la ciudadanía y el fascismo, entre la República y la Monarquía, sus principios le llevan a caer del lado de la ciudadanía y de la República, en consonancia con el régimen democrático y republicano que fue privativo de nuestro pueblo en sus siglos de libertad".

A la vista de que los partidos del Frente Popular comienzan a organizar sus milicias, con los consiguientes peligros, el PNV constituye, el 8 de agosto, las suyas -Euzko Gudarostea-. Veintiocho batallones, el grupo más numeroso y fuerte, dirigido por Ramón Azkue y Lucio Artetxe. El día 6 había sido radiada en la zona rebelde la pastoral firmada por los obispos de Vitoria y Pamplona, pero escrita por el cardenal Gomá -el mandado de Franco ante el Vaticano-, que condenaba la actitud del PNV. Ninguno de la dirección de partido la oyó.

Reconstruida en lo principal, según lo recordado por varios afiliados, el PNV, entonces partido católico, se vio en un aprieto. Artetxe cita varias de las personalidades eclesiásticas y religiosas consultadas. El medio inusitado de comunicación, el aislamiento de los prelados de la zona no rebelde y, sobre todo, la unanimidad de los consultados, que descartan la obligación de obedecer y animan a continuar en lo emprendido, tranquilizan las conciencias. Sólo el P. Güenechea, S.J., disiente, pero basado en razones "políticas y militares".

Así prosigue Artetxe hasta aquel 20 de setiembre de 1940. Hubo un episodio discutido del que ni Artetxe ni ninguno de la directiva peneuvista tuvo conocimiento. Poco después de las elecciones, algunos elementos de las derechas de San Sebastián habían preguntado a algún guipuzcoano de relieve en el partido si éste estaría dispuesto a luchar contra el comunismo, a lo que habría contestado que sí. Si estas conversaciones existieron, el PNV como tal, ni intervino en ellas, ni las conoció.

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