Los catalanes han aprobado en referéndum un nuevo Estatuto de Autonomía que sustituirá al de Sau. Los ciudadanos de aquella parte del mundo disfrutarán de una mayor capacidad de autogobierno que, sí, es menor de la recogida en el texto del Parlament, pero es un avance cierto. Se sigue la estrategia del zig-zag para subir al monte, más lenta, pero más segura. O aquella otra de los dos pasos adelante y uno atrás.
A pesar del avance cierto, la impresión que queda en el ambiente es que, tras un largo proceso, ha habido un solo vencedor y muchos vencidos. El vencedor ha sido, sin duda, CiU. Ha demostrado que, a pesar de todo, sigue siendo la fuerza hegemónica en el nacionalismo catalán e imprescindible en el campo democrático. Subió el listón en Barcelona y, finalmente, cerró el acuerdo bueno en Madrid con Rodríguez Zapatero. De paso, ha dejado "tocados" a Maragall, Piqué y Carod. Jugada perfecta.
El gran derrotado ha sido, sin duda, el PP de Rajoy. Nadie se creyó nunca la tontería de Mayor Oreja de que el nuevo estatuto era resultado del acuerdo entre ETA y Carod Rovira. Ahora que la derecha está empeñada en rentabilizar la abstención, parece que ni quienes fueron a la playa, ni quienes votaron que sí (total más del 80 por ciento de la ciudadanía con derecho a voto) estaban preocupados por la sacrosanta Constitución de 1978, ni por la unidad de España. Siguen al PP en su amarga derrota, el sector ultra de la Conferencia Episcopal, la Cope, los Ciudadanos de Cataluña o el Foro Ermua.
Lo de ERC es sintomático. Le falta poso y seriedad. Pactó con los "españolistas" para hacer un gobierno anti CiU. Parece ser que, mientras que los dirigentes optaban por una cosa y sus bases por otra, el electorado "republicano" hizo una tercera diferente. ¿Qué creían? Ahora que estoy repasando la historia de Galeuzca en 1940, te das cuenta que, al final, ERC es un partidito. ¿Se marchará Carod a casa?
El tercer derrotado ha sido Pasqual Maragall. No logró hacer cumplir su promesa a Rodríguez Zapatero (aquélla de que respetaría los que decidiesen los catalanes). No supo prever la estrategia de CiU en la negociación del proyecto, y, desde luego, no se dio cuenta que, en su partido, no todos pensaban exactamente igual que él. Maragall está amortizado.
En Cataluña queda dibujado un horizonte estratégico -que es el del texto del Parlamento catalán- y un proceso más que interesante, consistente en saber si el PSOE será capaz de llenar de contenido el Estatuto aprobado por los catalanes el domingo.