Entrevistas
11Junio
2006
11 |
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Josu Erkoreka (El Correo)

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Junio 11 | 2006 |
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El Correo


Erkoreka: "Si Batasuna era imprescindible para la normalización, el PP también lo es"
Josu Erkoreka parece encontrarse en su salsa. Los juegos de mayorías y minorías en el Congreso dejan hacer política al PNV, cuyo portavoz se reafirma en la lealtad sin fisuras a Zapatero en el proceso de paz, aunque alerta de los riesgos que entraña el desmarque del PP.

-¿Tiene el Gobierno motivos para inquietarse por la manifestación de ayer de la AVT?

-Sí, una convocatoria de esas dimensiones es un serio hándicap.

-No parece una dificultad fácil de resolver.

-Creo que hay que hacer una apelación a la responsabilidad del PP, que parece tener un cierto ascendiente sobre ese colectivo de víctimas. Lo peor que puede ocurrir es que se produzca un enfrentamiento entre víctimas, o entre víctimas organizadas y los responsables de la política antiterrorista.

-Defina con un adjetivo el ambiente que se respira en el Congreso tras la ruptura de Rajoy y Zapatero.

-Revuelto, muy revuelto. Por quitarle dramatismo.

-¿Y qué cabe esperar de la comparecencia de Zapatero para iniciar el diálogo con ETA? ¿Están abocados a repetir la bronca de esta semana?

-Casi fatalmente sí, y no me parece un acierto hacerlo. Respeto la decisión del presidente y reconozco que tienen razones para esforzarse en atraer también al PP. Pero como no es previsible que esa actitud vaya a cambiar a corto plazo, debería haber aprovechado el debate del pasado martes para dar el banderazo de salida hacia el final dialogado de la violencia y, en el camino, ir haciendo gestiones discretas para recuperar la confianza del PP. No sé que podemos decir distinto de lo que hemos dicho ya, y tampoco el presidente. Francamente, no siento ninguna pasión por ese Pleno. Le veo muchos más inconvenientes que ventajas.

-¿La quiebra de los populares con el Gobierno es irreversible?

-Espero que no, aunque existen dificultades objetivas para recuperar esa sintonía. Se ha ido muy lejos y probablemente hay intereses, no todos confesables, que contribuyen a que la ruptura continúe.

-¿Pueden llegar a buen puerto la paz y la normalización sin el apoyo de un partido que representa hoy a diez millones de ciudadanos?

-Hombre, pues es más difícil sin su contribución activa. De la misma manera que veníamos diciendo que la plena normalización no era posible sin incorporar al proceso político a un 15% de la población, que era lo que representaba Batasuna en el mejor de los casos, hemos de admitir lo mismo en este caso. Hay una doble urgencia para incorporar al PP: no sólo estrictamente vasca, porque una normalización no sería completa si excluyera a una parte de la población, sino porque esa población entronca con una formación que tiene el peso que tiene en el Estado, decisivo también para marcar el rumbo futuro de la política institucional en Euskadi. El problema es doble.

-Su precupación por el desmarque del PP, ¿es real o sólo una pose?

-Es real, no hay necesidad de pose. Es una posición que guarda coherencia absoluta con lo que hemos venido manteniendo con respecto al mundo de Batasuna. Si Batasuna, lo que representa Batasuna, era imprescindible para normalizar políticamente el país, el PP y lo que representa el PP son también imprescindibles. ¿Caben soluciones mayoritarias ante la hipótesis de que la unanimidad sea imposible? Pues sí, pero entramos en un terreno más escabroso. En democracia las mayorías se imponen a las minorías, pero cuando hablamos de marcos de convivencia las unanimidades o las mayorías colindantes con la unanimidad son deseables y preferibles.

-Usted ha dicho que el PNV «hará lo que pueda» para reconstruir el consenso. ¿Eso en qué se traduce?

-No lo hemos analizado todavía. La iniciativa (sobre la paz) que presentamos el martes perseguía recuperar el consenso que existía en 1998. Pero hemos visto que las cosas han cambiado y que no todo el mundo está dispuesto a reeditar el apoyo a aquella moción. Vamos a explorar otras posibilidades en esa línea, reconociendo que es un cometido muy difícil. Si me lo permite, es como pretender resolver los asuntos entre marido y mujer, que puedes salir malparado.

-¿Les ha pedido alguien que ejerzan de consejeros matrimoniales?

-(Sonrisa) No, no, nadie lo ha hecho. Pero no rechazamos la posibilidad de volver a poner en marcha alguna iniciativa que ayude a recomponer esa situación; bienintencionada, no agresiva, que nadie pueda interpretar como una ofensa y que contribuya a recomponer las piezas desparramadas.

-¿Se sienten más cómodos con su actual papel, tras vivir arrinconados en el último mandato de Aznar?

-Sí, evidentemente, aunque es mucho más complejo. En aquella época, la escenificación era muy dura y la hostilidad abierta, pero la estrategia parlamentaria resultaba más sencilla: oponerse a todo lo que presentaba Aznar porque todo era malo y estaba pensado para perseguirnos. Ahora hay que jugar más con las sutilezas, las complicidades, con las colaboraciones de otros grupos Y esto exige un esfuerzo.

-Si el proceso avanza sin acuerdo, quizá tengan que elegir entre mantener la lealtad con el Gobierno y que el PP se quede en la cuneta.

-No tenemos problema: tomamos partido por los nuestros (ríe). Ese dilema me lo han planteado desde el PSOE en los momentos de mayor encono de la legislatura: "Ah, pues tendréis que elegir entre ellos o nosotros". Y nuestra respuesta es sistemática: "No, nosotros estamos con los nuestros".

-Pero en la búsqueda de la paz sí están del lado de los socialistas.

-Sí, porque ahí tienen una responsabilidad enorme. El Gobierno es el que tiene siempre los instrumentos en su mano que pueden hacer efectiva la paz, tiene la política penal, la penitenciaria, los servicios de inteligencia, las redes diplómatica y consular, que son las que permiten que haya reuniones en Zurich y en Oslo Con el que hay que ser leal en un proceso así es con el Gobierno, siempre que se coincida con el objetivo que persigue. Y en última instancia, aunque el PP no se incorpore al consenso, Zapatero tiene derecho a avanzar en el proceso si está convencido de ello.

-Los populares son el tercer partido de Euskadi. Da la sensación de que ustedes no quieren cerrarse esa puerta ante lo que pueda ocurrir electoralmente en el futuro.

-Ése es un terreno especulativo. Si el proceso de paz prospera y nos encontramos ante la desaparición definitiva de ETA, eso tendrá consecuencias en el panorama político. Una será la recomposición del mapa político, más simplificado que el actual, y otra, que los cruces de alianzas serán más complejos. Los muros que levantaba la violencia previsiblemente desaparecerán y serán posibles alianzas que ahora son inconcebibles, se multiplicarán. Ahí, el PP es uno más, con una fuerza no desdeñable de 15 escaños, que servirá para formar oposición o mayorías de gobierno. Y no digo más, estamos en el terreno especulativo.

-¿Están molestos, sienten celos, del protagonismo que ha recuperado la izquierda abertzale?

-En absoluto. En esta fase, el protagonismo inevitablemente corresponde al Gobierno y a ETA. Interferir ahí te puede llevar a resultados casi ridículos y constituir un error desde el punto de vista de la imagen, porque puedes dar impresión de nerviosismo o que estás poniendo palos en las ruedas. Por eso vamos a ser leales, lo que no significa que no estemos puntualmente informados. En ocasiones, la mejor manera de ayudar consiste en no estorbar. Y cuando llegue el momento de abordar las cuestiones políticas, nuestro sitio va a ser preferente.

-La confirmación de Zapatero de que abrirá este mes el diálogo con ETA y la reunión del PSE con Batasuna, ¿han servido para sortear la primera crisis seria del proceso?

-Yo creo que el proceso había entrado en un momento crítico, pero porque el PSOE estaba intentando llevar a cabo algo casi imposible. Está operando con un bloque legislativo diseñado para la derrota militar de ETA, cuando ahora ha cambiado de clave y se ha situado en las posiciones a favor del final dialogado de la violencia recogidas en el Pacto de Ajuria Enea. Ese bloque normativo está condicionando cada uno de los pasos del Gobierno, que se ha venido encontrando en los dos últimos meses con una situación esquizofrénica. Así les hemos visto incurrir en muchas contradicciones, que tenían que explotar antes o después y que están generando problemas a otros, como acaba de ocurrir con la querella contra el lehendakari. A lo que hemos asistido en estas dos semanas es a un reencauzamiento de la situación, pero todavía la contradicción no está resuelta del todo. Antes o después, la legislación tendrá que ser objeto de revisión.

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