Editorial
Opinión
Noticias de Gipuzkoa
OCHO páginas de un periódico son demasiadas páginas para una entrevista, por más que el diario Gara haya hecho un esfuerzo de diseño para aligerar su presentación. Ocho páginas en las que los dos enmascarados contestan a las oportunas preguntas del entrevistador sin ninguna respuesta clara.
El discurso, casi monólogo, de los representantes de ETA está plagado de contradicciones dando la impresión de que no se despegan del viejo ideario aunque dicen estar en un escenario nuevo para el que no presentan novedades mencionables. Como suele ser habitual, los enmascarados descalifican a todos los partidos que no les son afines, pero al mismo tiempo dicen alentar el acuerdo y el consenso como procedimiento.
Evitan, en lo posible, los entrevistados cualquier asomo de amenaza, pero de sus expresiones puede deducirse una inquietante voluntad de control del proceso, dato que será blandido por el PP para su guerra particular. Su insistencia en situar a la autodeterminación y la territorialidad como determinantes para la solución tampoco acaba de ser asumida con coherencia, o con suficiente contundencia, puesto que esos dos principios deberán ser fruto de una fórmula consensuada "entre todos los agentes". ETA está en un momento histórico clave en el que debiera construir un nuevo discurso, pero hasta ahora sólo se ha quedado en el amago. Quieren, pero no pueden porque sus dirigentes todavía están condicionados por una frágil cohesión interna que les obliga a no abandonar el piñón fijo.
Da la impresión de que ETA está dispuesta a dar el paso, pero mentalmente sus portavoces no están preparados para expresarlo. De hecho, la mayor parte de las manifestaciones hechas a Gara por los dos enmascarados resultan calcadas al contenido doctrinal del Zutabe fechado en el pasado mes de abril. Le va a costar a ETA despegar de la nueva pista de aterrizaje en la que le ha situado la circunstancia histórica del proceso de paz y normalización, al que ha contribuido de manera trascendental con su alto el fuego permanente. En la entrevista publicada ayer, y quizá de puro extensa, ETA pretendió un discurso tan denso, tan exhaustivo, que no profundizó en ningún asunto ni formuló ninguna idea clara. Ni nueva.