Nación de valores
Tiempo de reconocimiento y memoria
Han pasado muchos años desde aquel 27 de marzo en Bilbao, cuando miles y miles de esforzados arrantzales, baserritarras, pequeños empresarios, obreros de las fábricas de la época, emakumes, jóvenes y ancianos acudieron al llamamiento del Partido Nacionalista Vasco y fueron protagonistas del luminoso y emocionante primer Aberri Eguna, el gran día de nuestra Patria.
Aquel Domingo de Resurrección de 1932, las calles de Bilbao se vieron desbordadas de abertzales convocados a reconocerse como comunidad viva y reivindicar juntos los derechos nacionales de Euskadi. “Mañana, o ahogar o a Bilbao” decía un arrantzale bizkaitarra la víspera de aquel Primer Aberri Eguna mientras preparaba el viaje por mar, tal como aparece reflejado en el diario Euzkadi de aquel tiempo.
El periódico El Día describía así lo acontecido en Bilbao: “Serenidad y entusiasmo. Tranquilidad y optimismo. Paz y fortaleza. Potencialidad y dominio de sí. Fe en el porvenir y actuación en el presente. Eso y mucho más fue el Día de la Patria Vasca”.
Un año más tarde, en 1933, fue Donostia la que acogía con gran alborozo y cierto asombro la avalancha de gente que acudía a celebrar el Aberri Eguna. Nuestro Partido, de vocación europeísta desde su nacimiento, escogió el lema Euzkadi-Europa para dar a conocer internacionalmente la causa vasca y nuestra reivindicación abertzale de Nación Vasca en Europa.
Recordamos las palabras de D. Manuel de Irujo en el mitin de la campa de Atotxa: “había que unir de modo solemne las inquietudes de nuestra liberación con las que sienten los restantes pueblos de la tierra, latir juntos en democracia, hacer que “el pueblo, todo el pueblo” participara de las emociones, quedando incorporado como colectividad nacional a la corriente del derecho de gentes. A eso tiende y no otra cosa significa el lema Euzkadi-Europa”.
Gasteiz fue el escenario del Aberri Eguna en 1934 con un excepcional ambiente festivo, cultural y patriótico en un momento histórico en el que se cuestionaba la inserción del territorio alavés en el proceso estatutario vasco. El diario Euzkadi destacó de aquel día, “el empeño de todos y cada uno de los patriotas en poner de manifiesto que Araba es una parte inexcusable y especialmente amada de euskadi”.
Iruñea fue la capital escogida para 1935. Superando la prohibición y la tensa situación política del momento, el Partido Nacionalista Vasco logró celebrar el Aberri Eguna el 30 de junio. Tal como señalaba aquel día el Napar Buru Batzar “lo que la historia perdió, el nacionalismo lo gana para Nabarra. Éste es el sentimiento de la fiesta de Aberri Eguna. …. Es una hermosa fiesta de hermandad vasca. Y casi pudiéramos decir que no tiene otro contenido”.
La tragedia de 1936 sembró Euskadi de muerte, sufrimiento y represión pero no logró matar la semilla de libertad, democracia y sentimiento nacional vasco que había germinado y consolidado en los años de la República. Y los Aberri Eguna se fueron sucediendo a lo largo de aquellos negros años, entre la celebración, la reivindicación y la represión, en todos los rincones de Euskadi, recordando y proclamando que Euskadi es la Patria de los Vascos.
Este año celebramos la 75 edición del día de la Patria Vasca. Hoy Aberri Eguna 2006, cuando han transcurrido 70 años desde la sublevación militar que tanto pisoteó la democracia y tanto dolor causó, iniciamos un nuevo tiempo de esperanza y compromiso. Es el Año de la Memoria, porque memoria es, y no pasado, todo aquel sufrimiento, todas las miles de personas represaliadas merecedoras de un justo reconocimiento.
Hoy somos más nación
Es tiempo de nación vasca, de apuesta por seguir construyendo este país, de visión estratégica para seguir escuchando con atención las ansias de la mayoría social vasca y transformarlas en expresión política y en proyecto nacional.
Euskadi es hoy más nación que nunca. La apuesta asumida en 1979 por la mayoría social y política vasca ha logrado que Euskadi haya pasado de ser una formulación ideológica del nacionalismo a convertirse en una realidad sociológica y jurídico-política. Hoy, la definición jurídica de "Alava, Bizkaia, Gipuzkoa así como Navarra" emana de la "expresión de su nacionalidad", de su ser nacional vasco, gracias al camino que la amplia mayoría de este pueblo inició hace más de 25 años, liderada por la confianza dada al Partido Nacionalista Vasco, frente a quienes decidieron usurpar violentamente la voluntad mayoritaria del Pueblo Vasco.
Euskadi es hoy más nación también desde el punto de vista social. El Parlamento, el Gobierno, el Lehendakari, nuestras instituciones propias, son las más valoradas por la ciudadanía; nuestros hijos e hijas conocen y utilizan el euskera en proporción muy superior a las generaciones anteriores; zonas del País como Tierra Estella, Margen Izquierda, las Encartaciones, la Llanada o la Rioja en las que nuestra lengua llevaba siglos de retroceso o incluso de desaparición, comienza a recuperar este signo de identidad nacional vasca, no sólo como símbolo sino también como instrumento de comunicación y de creación y difusión del pensamiento y de la cultura.
Parece ya prehistoria aquel tiempo en el que un recién designado presidente Suárez decía, no sin mostrar cierto paternalismo, que no se podía enseñar Física Nuclear en euskera. Han transcurrido escasamente tres décadas y en Euskadi ha dejado de ser noticia el hecho de que se realicen en euskera tesis doctorales sobre nanotecnologías, cinética de polímeros o terapias génicas.
Vivimos en un país y formamos parte de una generación que se educa, se comunica, se conecta a la red y expresa sus sentimientos en euskera, una lengua que se ha abierto al mundo y ha entrado en interacción con otras en un contexto plurilingüe. No en vano somos la comunidad del Estado con mayores niveles de competencia lingüística en euskera, castellano, francés, inglés y alemán. Somos una comunidad que es referencia europea en educación plurilingüe, tal como acreditan los certificados internacionales de calidad y los galardones obtenidos por nuestros centros educativos. Sin olvidar a numerosos jóvenes profesionales que se comunican entre ellos en euskera a la vez que aprenden el mandarín, el portugués o el checo en el ejercicio de sus responsabilidades directivas en la bahía de Sanghai, en Sao Paulo o en Moravia.
En una perspectiva de 25 años hemos dado un salto de gigante en la construcción nacional, construcción política, social, cultural, lingüística. Todo esto no hubiera sido posible sin aquellas decisiones, sin el compromiso continuado de muchas personas que han compartido nuestros ideales de hacer una nación vasca libre y con capacidad de decidir su futuro. Gracias a ello, hoy somos más nación.
Euskadi es más nación también hacia adentro. Y seguimos trabajando para que la Nación Política sea una meta alcanzable, para lograr la cohesión territorial basada en el respeto a la voluntad democrática de la ciudadanía de los tres ámbitos jurídico-políticos de Euskadi. Porque el respeto es la clave para ganar el pulso democrático de la construcción nacional: pensar más en Navarra tomando en consideración sus sentimientos y escuchar más a Iparralde, tratando de convertir en comunes sus sueños y sus objetivos.
Tiempo de liderazgo, tiempo de autoestima
Octubre de 1997. La inauguración del Museo Gugennheim marca el inicio de una transformación de nuestro país. Debajo de esas placas de titanio se esconde una nación líder, una nación que en unas circunstancias políticas y sociales complejas, ha sido capaz de convertirse en un referente en Europa.
Euskadi es atractiva. Muchas personas nos visitan y pasan unos días entre nosotros. Los estudiantes de la generación del Erasmus empiezan a incluir las universidades de Euskal Herria entre sus preferencias. Pero lo que es más importante: nosotros mismos, tras años de autoestima golpeada, empezamos a percibir nuestra propia situación como la de un pueblo líder, una nación que es referencia en Europa por el afianzamiento de su propia identidad, por su capacidad de innovación y crecimiento, por su compromiso con la solidaridad y la cooperación.
La integración social en Euskadi, cuantificada a partir de la tasa de riesgo de pobreza, está ahora por encima de los parámetros medios europeos. Nuestra esperanza de vida se coloca entre los primeros países del mundo. La tasa de actividad crece, muy especialmente en los colectivos de jóvenes y de mujeres, con lo que ello significa de inversión en futuro y apuesta práctica y real por la consecución de la igualdad de todas las personas.
El nivel tecnológico de nuestras exportaciones crece, nuestros hospitales compiten con los centros punteros de Europa en referentes de innovación y nuestro medio ambiente evoluciona hasta convertir en atractivas vías fluviales integradas en magníficos entornos urbanos lo que hasta hace 25 años eran los ríos más contaminados de Europa.
El nacionalismo, con la cooperación de los sectores políticos y sociales, ha sido capaz de liderar esta transformación. Cuando algunas opciones políticas llegan 25 años tarde a la apuesta que el Partido Nacionalista Vasco llevó a cabo entonces, es conveniente recordar que hoy somos una realidad viva, una sociedad que tiene en muy alta estima el autogobierno logrado, un pueblo consciente de sus derechos sociales y políticos, individuales y colectivos, una comunidad exigente con sus líderes y que constituye un referente y una promesa de futuro para otras realidades nacionales de nuestro continente.
Recordamos las palabras de nuestro Partido en el Aberri Eguna de 1991, tan actuales 15 años más tarde: "la reflexión que hemos hecho en el PNV en torno al Aberri Eguna de este año se refiere a la contraposición de quienes entienden el nacionalismo a partir de una definición nítida y previa del marco jurídico-político, necesaria para iniciar la construcción de la nación vasca, y quienes pensamos que la nación se hace día a día desde el interior, desde la potenciación de la economía, el bienestar y la defensa de nuestras señas de identidad".
Ésa ha sido la apuesta del Partido Nacionalista Vasco en los momentos de especial trascendencia: asumir la responsabilidad de construir la nación vasca en los espacios de juego que teníamos a disposición sin renunciar a otros más amplios y sin subordinar las personas a las estructuras, desde la convicción de que tenemos una ciudadanía comprometida con su país, con Euskadi, para abrirnos paso en Europa y encontrar nuestro espacio en el mundo. Todo ello, en coherencia con las decisiones democráticas que los vascos y las vascas vayamos adoptando en cada momento histórico para seguir construyendo Nación Vasca. Los retos de hoy son diferentes, son los propios del siglo XXI, pero nuestro objetivo, el objetivo de EAJ-PNV, sigue siendo el mismo: Euzkotarren Aberria Euzkadi da.
Tiempo de oportunidades y amenazas
Los ciclos políticos y vitales en el siglo XXI son muy cortos. Y conviene prestarles atención, nos conviene, sobre todo, a nosotros que somos un pueblo con capacidad de adaptación y liderazgo.
Apenas han pasado 6 años del comienzo de milenio y el mundo ha cambiado de manera notable: en el año 2000, Internet y el comercio electrónico estaban apenas despegando y hoy, 6 años después, una información casi infinita está disponible a un coste casi cero. Las consecuencias sociales, económicas, culturales y políticas de este fenómeno están empezando a producirse ya y nos es difícil de imaginar hasta dónde pueden llegar.
La globalización no es un fenómeno nuevo. La novedad reside en quiénes son ahora los que cooperan o compiten en esta nueva etapa de la globalización. Hasta bien entrado el siglo XIX, eran los estados los que competían, los que forjaban alianzas y los que se disputaban hegemonías.
A lo largo del siglo XX han sido las empresas multinacionales las que han convertido en mundiales los mercados y el trabajo y ello ha contribuido a crear gérmenes de grandes estructuras políticas y económicas que han modificado el Estado-nación, como es el caso de la Unión Europea o los más incipientes de Mercosur o el Tratado de Libre Comercio norteamericano.
La novedad de los últimos seis o siete años consiste en que es que la universalización de la red de intercambio global de información y servicios está provocando que los agentes sean las personas. Hoy en día, una persona con formación, talento y capacidad de creación de un producto o servicio puede competir en un mundo global.
Ésta es la razón fundamental por la que, ahora más que nunca, Euskadi debe volcarse en el único activo válido para construir nación: su gente, nuestra gente.
El tránsito de una cultura industrial a una sociedad creativa, lo haremos, por lo tanto:
desarrollando nuestra capacidad de cooperación y apertura al exterior;
apostando definitivamente por las universidades como polos de talento, innovación, cultura y creatividad;
definiendo la educación integral de las personas como la máxima prioridad de la construcción nacional;
haciendo del conjunto de Euskadi un modelo urbano competitivo que basa su bienestar futuro y su modelo social en una nación integrada.
Situar a Euskadi en este mundo de nuevas oportunidades –no exento de amenazas- y hacerlo de modo que, al mismo tiempo, se fortalezca y consolide nuestra identidad, es nuestro gran reto, el reto del Partido Nacionalista Vasco.
Una nación de valores
Ser nación hoy supone incorporar nuestra identidad, nuestros modos de hacer, nuestras tradiciones, todo aquello que nos ha caracterizado históricamente a los vascos, a las realidades actuales, al tiempo que incorporamos nuevos valores. Valores que deben de ser los pilares de nuestra nación en un siglo en el que hay tres poderosas razones por las cuales una nación pequeña como la nuestra puede tener su oportunidad.
La primera razón, el motor interno para impulsar un proyecto abertzale en el siglo XXI, es identitaria y cultural. El mundo y la economía se globalizan, y la CNN llega a Bangalore y a Larrabetzu. Nos vamos a trabajar a Milán o a Shanghai y parece que el mundo es uno. Consumimos las mismas películas en todo el mundo y las noticias traspasan los continentes a la velocidad de la luz. Este fenómeno puede asustarnos. Es una competencia dura en un mundo abierto. Pero el ser humano necesita raíces. Necesita la cultura propia, la comunidad, su pueblo, la realidad con la que se identifica. Por eso tiene más sentido que nunca la identidad de las realidades comunitarias. Nación vasca es hoy identidad cercana. Es nuestra alma para movernos por el mundo.
La segunda, complementaria a la primera y necesaria, es económica. En el siglo XXI, el dinero y la información son trasnacionales, las unidades pequeñas pueden ser económicamente viables y más competitivas. Las verdaderas historias de éxito de los últimos años las han escrito estados pequeños como Finlandia e Irlanda, o las regiones económicas que surgen con fuerza, como Baviera en Alemania, Lombardía en Italia, Flandes en Bélgica o Kansai en Japón. Son "zonas económicas naturales", pueblos con fuerte dinamismo, abiertos económicamente al mundo e integrados en la gran economía. Y si tienen una identidad propia, personalizada, son capaces de movilizarse, de plantearse retos, de remar conjuntamente, es porque tienen un alma común, porque sienten una identidad común. Y por ello, son capaces de competir. Hoy, apostar por la nación vasca, es también una oportunidad para la competitividad y la calidad de vida.
Hay todavía una tercera razón: la solidaridad. En la sociedad competitiva, incluso despiadada, la miseria se ceba con quienes padecen la enfermedad, la ignorancia y la desestructuración social. Y la comunidad tiene un valor importante para construir una red solidaria universal. Esta es la tercera razón de ser de un proyecto abertzale en el siglo XXI. Sin olvidar que la solidaridad debe trasladarse a otras comunidades y a cualquier ser humano.
Por lo tanto, apostar por ser nación en el año 2006 supone implicarnos en construir una sociedad vasca innovadora, capaz de adelantarse a los cambios, basada en personas formadas que conozcan la importancia del trabajo bien hecho, con fuerte sentido de identidad de lo que nos es propio, con pertenencia a una comunidad que se implica en la solidaridad activa a todos los miembros de la misma y que comparte un proyecto a largo plazo. Una nación vasca abierta al mundo, a la diferencia creativa, capaz de atraer a personas de otros lugares que quieran desarrollar su talento y su creatividad entre nosotros. Que encuentren aquí un espacio de identidad, de dinamismo y de comunidad. Que se sientan atraídos por ser vascos con nosotros. Garantizar la pervivencia y el desarrollo de la nación vasca en el siglo XXI supone ser capaz de que los valores que identifican a los vascos y desarrollamos los vascos sean atractivos para aquellos que quieran compartir su vida con nosotros.
Identidad, apertura, formación, creatividad, innovación, comunidad, solidaridad. Valores que debemos definir, interiorizar, trabajar y desarrollar para construir nación.
Una nación que apueste por construirse a sí misma, abierta a los demás, buscando los mecanismos de autogobierno que le permitan poder liderar estos retos de la identidad, la formación de las personas, la innovación y la solidaridad. Con capacidad de decisión para marcar sus políticas, sus prioridades y las necesidades de sus gentes, sin estar sometida. Con la capacidad de decidir y la responsabilidad y el compromiso de pactar. Comprometida con la libertad, la decisión, el pacto y la corresponsabilidad.
Tiempo de cooperación nacional
Hoy los patriotas vascos celebramos nuestro día. El Aberri Eguna. Y en el Partido Nacionalista Vasco lo celebramos con un discurso profundamente radical. Porque nada hay tan radical como la ratificación de un compromiso serio, de un compromiso por construir la nación vasca.
Es tiempo de radicalidad. No en la acepción más común del término, en el que radical se convierte en sinónimo de exaltación coyuntural, de grito o de urgencia sin que quede fuerza posteriormente para construir aquello que se exige, sino en el sentido de compromiso a fondo.
EAJ-PNV es, sobre todo, la fuerza del compromiso con Euskadi. Compromiso radical con perseverancia y tenacidad para construir nación. Compromiso largamente demostrado durante años, en situaciones cambiantes, con la meta en el horizonte y avanzando paso a paso construyendo nación. Compromiso radical de los que sin complejos hemos defendido siempre que Euskadi es nuestra prioridad. Convicción que nos ha animado siempre a dialogar, a acordar, a comprometernos y a avanzar, sabiendo que en cada paso no sólo no perdemos nuestra razón de ser sino que construimos la nación con la que soñamos, en la que nos reflejamos y a la que aspiramos para nosotros y nuestras hijas e hijos.
Necesitamos perseverancia y confianza. Necesitamos personas para las que Euskadi siga siendo su prioridad, por encima de conveniencias, intereses personales o partidismos. Necesitamos compromiso radical. De aquellos que están dispuestos a sentar las bases sólidas para construir la nación vasca en un momento crucial en nuestra historia.
Estos días hemos comenzado a vivir una esperanza. Tras décadas de tragedia, vislumbramos un amanecer de paz y de libertad. No será un camino sencillo, estará probablemente repleto de dificultades. Pero vamos a ganar la paz. Es el anhelo de este pueblo. Es una exigencia de nuestras gentes, de todas las personas que amamos a este país. Y lo vamos a hacer desde el compromiso, y con la convicción patriótica de los que tenemos fe y confianza en nuestro discurso y proyecto político. Estamos dispuestos a priorizar en el tiempo la consecución de la paz a cualquier otra cuestión por importante que sea para nuestro país.
Pero en una Euskadi en la que se vaya asentando la paz y la libertad, el respeto a la voluntad democrática de la sociedad vasca y su reflejo en el marco jurídico-político no puede ser obviado. Ese el camino para abordar un acuerdo de normalización política en los próximos tiempos, una vez que la sociedad vasca vaya ganando la paz y los acuerdos puedan contribuir a asentar la convivencia política y social.
En este proceso necesitaremos nuevamente poner en práctica lo mejor de cada uno de nosotros:
compromiso radical y actuación coherente, así como perseverancia en favor de un acuerdo que asiente de forma sólida las bases para construir la nación vasca.
convicción en la defensa de la integración de las diferentes sensibilidades e identidades políticas de este país en un acuerdo de futuro;
Es la apuesta decidida por la cohesión de nuestra nación, por una nación sólida que integre a todas sus personas, con la perseverancia necesaria para recorrer el camino paso a paso, con una visión a largo plazo y desde la confianza en el futuro.
Lo decíamos en el Manifiesto del Aberri Eguna de 1988, y hoy, aquellas palabras tienen más valor que nunca: "La nación es cohesión, identidad, compartir categorías de valores, sentir colectivo. Y muy especialmente abordar conjuntamente los retos básicos de los que depende el ser o no ser de un pueblo. Nuestro primer reto es llegar a ser un Pueblo, plural pero homogéneo, superando o aminorando las divisiones internas que padece".
Éste es hoy nuestro reto nacional. El reto de los que creemos en Euskadi, de los que estamos convencidos que en el siglo XXI, en un mundo en red en el que las tecnologías de la información y la mundialización transforman sociedades y culturas, la economía y las estructuras políticas, la nación vasca tiene más sentido que nunca. Una nación asentada en valores. El valor de la identidad. El valor de la innovación. El valor de la formación y el conocimiento. El valor de la cohesión social. El valor de la solidaridad. Valores con un compromiso radical en torno a los mismos. Valores para construir nación día a día. Una nación construida a partir de la realidad misma de la sociedad vasca actual y de su libre voluntad.
Gora Euskadi askatuta.
16 de abril de 2006