Opinión
06Abril
2006
06 |
Opinión

Nuevos tiempos

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Abril 06 | 2006 |
Opinión

Dos partes se han delimitado ante el famoso alto el fuego: quienes se han alegrado hasta la euforia, bando en el que nos incluimos sin reservas, quienes muestran un tono solapadamente apesadumbrado, puesto que parcialmente se derrumba un argumentario de gran solvencia personal o electoral; bando este en el que se inscriben ese mundo tan cercano a los arcanos de la derecha de ayer y de hoy, así como sus brillantes intelectuales orgánicos.
Sin embargo, el nuevo tiempo de distensión exige la adopción, desde hoy mismo, de practicas novedosas: una ágil interlocución que alcance a la generalidad de los partidos políticos y sindicatos de clase; una convivencia civilizada entre todos, al margen de ideologías; un respeto por las posiciones que discrepen de la propias. En síntesis, una expresión democrática en el interior de una sociedad civilizada. La dialéctica amigo-enemigo debe representar los malos usos de una época afortunadamente superada o al menos en claro estadio de extinción. Buenos propósitos y mejores deseos que no deben ser manifestación de un voluntarismo carente del mínimo realismo. Que habrá dificultades desde el principio, no es una previsión sino una constatación, comenzando por los efectos de esa insolidaridad o individualismo a ultranza que asola particularmente a sectores de la sociedad vasca -especialmente a la juventud- individualismo que es un producto espúreo de la acción combinada del terrorismo y de una penosa confrontación partidista; situación que conduce a no tomar parte activa en cualquier proceso abierto, y a recluirse en el hogar de los intereses privativos. Desidia que puede lastrar gravemente el tan necesario compromiso social en la salida del negro túnel y en el propio proceso convivencial en curso.

Otro riesgo inducido es el derivado de las elecciones generales de 2008. En su perspectiva, el actual partido mayoritario de la oposición puede proseguir en la presente vía de sistemático hostigamiento al poder, de su conformación como un partido rupturista y antisistema, de bloquear cualquier proceso innovador y de pretender colapsar al actual gobierno hasta la desesperación tal y como lo hizo ya y con éxito, con el ultimo Felipe González.

Cuenta para ello con potentes medios de comunicación, tan carentes de escrúpulos como para seguir manteniendo que ETA estuvo involucrada en el atentado del 11-M, por mas que no exista el mas somero indicio razonable en esa dirección. Con una Conferencia Episcopal, activamente beligerante contra el Gobierno socialista o las instituciones representativas catalana y vasca, propulsando una cadena de radio, ejemplo de mala educación y peor política. Con una judicatura tributaria de concepciones propias claramente retrogradas al menos en sus cúpulas dirigentes. Con un empresariado, dirigido por el insigne José María Cuevas que acredita diariamente su condición de buen vasallo .

Y sin embargo, esos mismos nuevos tiempos obligan a dialogar con el PP; a razonar con ellos como nadie entra voluntariamente en las catacumbas; a debatir sobre el infantilismo de considerarse solos y excluidos, por causa de la ajena maldad.

Sobre todo a exigirle responsabilidad en un momento en que los estadistas deben prevalecer sobre los cortoplacistas sanchopancescos. Que su vuelta al poder por el sufragio universal puede estar a la vuelta de la esquina, y ya desde el poder una política de rechazo a cuanto se hizo con anterioridad será a todas luces nefasta. No sabemos si el ejemplo les servirá de algo: cuando el clérigo ultraunionista Ian Pasley ganó las ultimas elecciones en Ulster, la victoria no le fue suficiente para gobernar puesto que todos, incluidos el resto de partidos unionistas, le manifestaban su mas frontal oposición. Riesgo propio de una política visceral y de confrontación con tirios y troyanos que conduce directamente al mas atroz de los aislamientos, que en política significa el no poder gobernar. Desde esta perspectiva hay que dar cancha a los exponentes liberales y abiertos -que indudablemente los hay- en el citado partido. El reino de España no puede permitirse el lujo de una derecha ultramontana, que se manifiesta en contra de todo aquello que le sea ajeno.

Por ultimo, el nuevo tiempo y proceso, debe suponer la desaparición de prácticas y modos utilizados habitualmente por la izquierda radical, como propias de épocas de resistencia e impropias de momentos democráticos. Tarea ciertamente difícil, pero confiamos en que lo consigan, de lo que nos congratularemos todos, incluso ellos mismos.

Como se ve el panorama es ciertamente difícil, aunque confiamos en que la voluntad inmensamente mayoritaria del pueblo vasco y de sus ciudadanos permitirá avanzar hacia una Euskadi con pleno autogobierno y en paz.

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