Opinión
01Febrero
2006
01 |
Opinión

La táctica del avestruz

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Febrero 01 | 2006 |
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El Correo


El revuelo causado por la aplastante victoria de Hamás en las elecciones al consejo legislativo palestino ha impresionado a la opinión pública occidental y a la diplomacia de sus países, que han reaccionado exigiendo declaraciones por parte de aquel grupo reconociendo a Israel y renunciando a la violencia.
Lo cierto es que nadie puede reprochar a Hamás que no haya ganado por métodos estrictamente democráticos. Eran las elecciones más observadas de la historia y Hamás era consciente de ello. En los colegios electorales sus apoderados se comportaron de una manera correcta evitando cualquier signo de violencia o malas maneras ante observadores y electores, tanto fuera como dentro de los colegios electorales. Hamás sabía que podía ganar y estaba decidida a no dejar ninguna excusa que pudiera servir para empañar su mayoría por parte de los medios occidentales. El desarrollo pacífico de los comicios fue absoluto y apenas queda empañado por el enfrentamiento puntual ante el Parlamento palestino entre partidarios de Fatah y Hamás tras la declaración de los resultados. No vale maquillaje alguno. Hamás es mayoritario entre la población palestina, guste o no.

Esta obsesión por conseguir que se hagan declaraciones de condena y rechazo es una tendencia que conocemos bien por aquí. Pero es un error intentar que Hamás haga manifestaciones grandilocuentes aceptando la existencia del Estado de Israel y renunciando a la violencia. O que Angela Merkel, reunida con Olmert, haya declarado que no se hablará con un Gobierno dirigido por Hamás o que Rice diga que no se ayudará financieramente a un Gobierno liderado por Hamás.

Porque más que grandes palabras, que son imposibles de conseguir de la noche a la mañana, la comunidad internacional debería centrarse en hacer que Hamás simplemente se mueva en esa dirección. No olvidemos que Fatah era una organización terrorista hace una década y hoy es la contraparte deseada por los mismos que la calificaban de tal. Y ese movimiento no es imposible al haber señalado Hamás que estaría dispuesta a llegar a una tregua indefinida con Israel sobre la base del reconocimiento de las fronteras de 1967 y de los presos palestinos, lo cual no es incompatible con la Hoja de Ruta.

Más que declaraciones rimbombantes, a Hamás hay que pedirle adhesión a los principios democráticos: respeto a las minorías, a la libertad de pensamiento, a la libertad religiosa (algunos cristianos han sido elegidos en la lista de Hamás), a los derechos de las mujeres, rechazo a la violencia partidista de sus milicias, fin de los atentados suicidas e impulso a un Estado de Derecho. Por ingenuo que parezca, esto podría ser posible pues Hamás está asustado con su propio éxito para el que no estaba preparado y necesita contactos a nivel internacional, así como un período de tranquilidad para organizar el buen gobierno palestino. De hecho muchos de sus votantes sólo pretendían decir que estaban hartos de la situación y de la corrupción de Fatah confiando en que, como decían las encuestas, Hamás quedaría en un 40%. No es previsible que al principio tomen medidas radicales de tipo religioso. Claro que no podemos olvidar que ciertamente el programa máximo de Hamás es de un fundamentalismo evidente y que otro de los deberes de la comunidad internacional será presionar para que no den pasos en esa dirección de cara a su propio pueblo. Presión pues en política interna y externa, pero ello sólo podrá hacerse desde una situación de interlocución, nunca ignorando a las autoridades legítimas de la ANP.

Si la comunidad internacional sigue financiando a la ANP sin cejar en exigir los parámetros de claridad y democracia que tanto ha solicitado para celebrar las pasadas elecciones, podrá haber una esperanza para la paz. E incluso para la alternativa política, pues no deja de ser significativo que en un lugar como Kalkilia, rodeado completamente por un muro con una estrecha salida controlada por el Tsahal, donde tienen la experiencia de haber elegido a un alcalde de Hamás, haya sido sin embargo Fatah quien se llevara los dos escaños de la circunscripción. Y lo mismo ha sucedido sorprendentemente en Rafah, el sur de Gaza donde Hamás ejerció la guerrilla urbana contra Israel a un nivel mayor que en otros lugares.

Ese giro futuro es posible, pero para ello deberán darse pasos que consoliden el marco jurídico palestino como, por ejemplo, la adaptación de las fuerzas de seguridad en un cuerpo neutral que permita con la consolidación de la ANP la desaparición de las milicias de partido o la creación de un sistema judicial realmente independiente. Es dificilísimo pensar en primera instancia que Fatah forme parte del Gobierno de la ANP porque el grado de enfrentamiento ideológico lo hace dificilísimo hoy. Tampoco puede pedirse de Mahmud Abbas lo que no puede hacer, gobernar por encima del Gobierno palestino. Paradójicamente se recortaron las competencias de la figura del presidente de la ANP (entonces Arafat) para reforzar al futuro primer ministro Abbas, quien posteriormente se ha convertido en presidente capitidisminuido en sus poderes frente al Gobierno. Pero Fatah podría, si acaba con el faccionalismo interno, contribuir al proceso en un papel de oposición que puede resultar fundamental.

A pesar de lo expuesto, Israel insiste en que Hamás reconozca al Estado israelí y pide a la comunidad internacional que se les ignore si no lo hicieran. Israel juega con ventaja y lo hace conscientemente. Porque a pesar de la tan cacareada Hoja de Ruta, en Palestina, como dice Shlomo Ben Ami, no hay un proceso de paz en marcha. El Estado judío no tiene, a tenor de sus hechos durante los últimos años, ninguna intención de facilitar la creación de un Estado palestino dentro de las fronteras de la línea divisoria de 1967 (Cisjordania y Gaza). Y lo digo con pesar, desde la admiración y respeto que tengo hacia el pueblo judío. Porque a pesar de sus buenas palabras, Israel sigue construyendo asentamientos constantemente. Cuando hablamos de asentamientos tendemos a pensar en unos cuantos pueblos provisionales creados por radicales ortodoxos en territorio cisjordano, pero la realidad es muy distinta. Pues los asentamientos son auténticas ciudades, que motean por doquier el territorio de la orilla izquierda del Jordán, con una población superior a los 250.000 habitantes. En el caso de Jerusalén, la ciudad ha sido rodeada hacia el este por enormes asentamientos (Ma"ale Adumin, etcétera) que quedarían englobados por el muro que se construye, impidiendo de este modo convertir en realidad cualquier acuerdo que pudiera tomarse sobre la jurisdicción en la ciudad santa, y expulsando de facto a los palestinos que, aunque trabajando en la ciudad, residieran extramuros.

Por otra parte, las ciudades palestinas están rodeadas por el muro o bien cercadas militarmente de manera que sólo puede accederse y salir de ellas por limitados "check-points" del Ejército. Muchas carreteras están vedadas a los palestinos. El muro divide barrios y rodea ciudades, adoptando curvas inverosímiles. Si a eso sumamos la corrupción de muchos de Fatah y la sensación de cuasimonopolio político de este partido, unidos a los "avisos" de prominentes políticos europeos llamando a no votar a Hamás, se entiende el resultado electoral.

Y por si fuera poco, ahora Israel se niega a entregar el dinero de aduanas e impuestos que corresponde a la ANP según los Acuerdos de Oslo. Dejar sin presupuesto a la ANP es, entre otras cosas, provocar el amotinamiento de las fuerzas de seguridad que acumulan meses de retrasos en sus salarios y generar de este modo el desorden y la guerra civil entre los palestinos, lo que llevaría a Israel a continuar con su política expansionista sin estar atada a ninguna Hoja de Ruta. Tácticamente inteligente por su parte, pero ésos no deberían ser los objetivos de la comunidad internacional. Ésta no debe preocuparse sólo de presionar a la ANP; también debe presionar a Israel. De lo contrario, los palestinos seguirán viendo al mundo occidental como un actor no neutral.

Palestina ha hablado y Hamás ha sido designada como mayoritaria y en consecuencia como interlocutor legitimado. Europa y la comunidad internacional no deberían hacer como el avestruz que prefiere meter su cabeza bajo tierra para no ver la desagradable realidad que tiene delante.

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