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2005
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Bertso Exhibition Centre

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Diciembre 20 | 2005 |
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Diario de Noticias de Álava


Más de 13.000 personas dentro del recinto del BEC y miles de personas más desde las pantallas de Euskal Telebista. Cifras mágicas han rodeado la final del Campeonato de Bertsolaris que ganó magistralmente el zarauztarra Andoni Egaña.
Con esta última competición, el bertsolarismo ha pasado una de las páginas más importantes de su larga historia y ha demostrado al mundo euskaltzale su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. De ser una cita cultural fundamentalmente del ámbito rural, el cambio generacional que ya se vislumbraba hace algunos años, la intensa labor desempeñada por las escuelas de bertsos y la implicación de las ikastolas y centros de enseñanza han creado una dinámica renovada y muy enriquecedora para la cultura vasca. Ante la uniformidad cultural que nos acecha, cada comunidad trata de defender e impulsar los rasgos de su propia identidad y es ahí donde habría que situar el universo del euskara y sus manifestaciones culturales, que son, o deberían ser, patrimonio de toda la sociedad.

Como cultura minoritaria, sin embargo, acechan peligros y el principal de ellos tiene que ver con su patrimonialización. Que la comunidad castellanoparlante no considere como propios el euskara ni la cultura euskaldun es un elemento a corregir en el futuro. Cualquier iniciativa que vaya resolviendo este divorcio es positivo, como la iniciativa que se ha visto estos días de traducir los bertsos al castellano, a fin de que se aprecie la riqueza de esta expresión cultural.

Pero del mismo modo, resulta preocupante que una actividad como el bertsolarismo llegue a identificarse con un sector muy determinado del espectro político vasco a través de una manifestación que hace una única lectura del drama de la violencia en este país, que agradezca públicamente por sus esfuerzos a favor del bertsolarismo a una única red de enseñanza y que permita de forma sistemática que se pite ostentosamente a cada representante institucional que se acerca a entregar premios al estrado. Instituciones que, por otro lado, conceden dotaciones económicas importantes para que estas actividades puedan seguir desarrollándose. Librar a la cultura vasca de estos gestos sería, sin duda, algo beneficioso.

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