EUSKADI Es mi nación, desde luego. Y la de otros muchos. De todos los que son, y se reconocen, nacionalistas vascos, para empezar. Y con posibilidad de serlo para otros, hoy, quizás, no tan convencidos.
Los llamados Estados-nación han pretendido apoderarse en exclusiva de las naciones, nacionalidades y, en casos, hasta de las regiones de su ámbito territorial, y convertirse en los supuestos únicos detentadores de la soberanía política, y, si por algunos fuera, de todas las soberanías: económica, social, lingüística, cultural y del orden que fuere.
Ésa es la desgracia de los denominados por Xavier Rubert de Ventós p.p.p. –países políticamente pobres–, como el nuestro. Y de otros muchos. Al no disponer de Estado propio, se nos niega también nuestro ser de nación. Y se nos somete a un eterno cuestionamiento de nuestro ser nacional. Da igual la historia, la lengua, la cultura y la voluntad propias. Eso, dicen, no cuenta, a la hora de la verdad.
Los Estados no han dudado, cuando entendían que era el caso, en usar la fuerza en este tema. Las fronteras de los Estados nación, por ejemplo en Europa, son auténticas cicatrices de la historia. Por mucho que, en ocasiones, se intente disimular, como hoy en Europa. Con tal fin, los Estados-nación, y aquellos que no se sienten miembros de un p.p.p. han elaborado un amplio espectro de teorías. El arranque, la perspectiva, puede ser diversa. El final, idéntico siempre. Piense lo que piense, sienta lo que sienta, Ud. es necesariamente ciudadano de la nación-Estado o Estado-nación que le viene dado. Para eso están, por ejemplo, el artículo dos (y si hiciera falta el ocho) de la Constitución española. Lo demás es ensoñación en el mejor de los casos (abarrotada de calificativos, por cierto: racista, etnicista, esencialista, etc. Nunca democrática, claro). La contundencia de los argumentos que algunos exhiben sólo es comparable al temor que a esos mismos les infunde el hecho de que alguien no comparta esa nación al servicio del Estado al que, al parecer, encomiendan todo su propio futuro.
Esto está pasando en España, ahora mismo. Puro decibelio. Pura enseña. Puro empeño en que algunos, al menos, nos aturdamos. Y olvidemos lo elemental: que existe, también, una nación vasca. Como existen otras, la catalana, la española y tantas otras por Europa. Ninguna ella sola, se haya fundido o no con un Estado. Ninguna por encima de otra. Nadie por encima de nadie. Porque, entendemos, es a partir de ahí como es posible construir sociedades y mundos, políticos, económicos, administrativos, sociales, culturales, lingüísticos libres, solidarios y seguros para un futuro mejor para todos.