Opinión
22Noviembre
2005
22 |
Opinión

Bolonia para novatos

Opinión
Noviembre 22 | 2005 |
Opinión

Escribo estas líneas con la esperanza de que alguien de entre quienes (estudiantes, de forma abierta y profesores, entre bambalinas) han promovido un día de fiesta y asueto en la Universidad, al que han llamado ´huelga de protesta contra Bolonia´ se tome la molestia de detenerse en alguno de los párrafos que siguen a continuación. Huelga decir que mi esperanza es más angelical y retórica que real. Ya el día de la inauguración de curso fui el primer sorprendido cuando una pareja de dos, exactamente de dos, interrumpió el acto académico gritando ´Bolonia ez!´. Me quedé asombrado de que alguien pudiera enarbolar ese lema, y con esa convicción. Ahora han promovido un día de fiesta, con notable éxito, no hace falta decirlo, no en vano han elegido un jueves lluvioso.
Leyendo los carteles que han puesto en las cristaleras, y hablando con alumnos que me han contado las proclamas leídas en las clases, he atisbado algunas razones que, en forma de eslogan y traducidas a un lenguaje coloquial, podrían resumirse así: "Bolonia va a privatizar la universidad, la va a convertir en elitista, va a mercantilizar la enseñanza, se van a eliminar las carreras poco rentables y va a imponer el inglés como lengua única. Además, los estudiantes vamos a tener que trabajar mucho más mientras que los profesores van a tener más horas libres". En fin: la universidad al servicio de los intereses empresariales. Esas creencias, más cercanas a la religión que a la realidad, muestran un desconocimiento de tal envergadura sobre lo que supone el proceso de Bolonia que he creído conveniente sintetizar de forma esquemática algunas de las ideas centrales que subyacen en la globalidad del proceso.

El sistema universitario europeo, tomado en su conjunto, y visto desde la perspectiva del estudiante, muestra un desorden cercano al caos: distintas titulaciones; distintos sistemas de acceso a la enseñanza superior; distintas formas de certificar títulos; años y ciclos que varían, según países, para obtener similar titulación; estudios que en algunos países se cursan en la universidad, son ofrecidos en centros no universitarios en otros; sistemas de estudio diferentes; estructuras variables en las titulaciones, etcétera. Todo eso por no hablar de precios de matrícula, relaciones entre sistemas públicos y privados, relaciones con la empresa o de investigación. Con todo, el sistema universitario dentro de cada país funciona razonablemente bien. Los problemas comienzan cuando se quieren homologar estudios entre distintos países, bien sea porque un alumno quiere completar sus estudios en el país vecino o, simplemente, porque quiere encontrar trabajo y ver reconocidos los estudios cursados. Las consecuencias del desorden, desde esta perspectiva, pueden ser nefastas para los estudiantes. Pues bien: lo que se conoce como "Bolonia" quiso poner las bases para solucionar este problema.

Bolonia empezó, en realidad, en París. En 1998 se produce la Declaración de La Sorbona, firmada por los ministros responsables de la educación de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido. Plantean participar en una «iniciativa de creación de una zona europea dedicada a la Educación Superior, donde las identidades nacionales y los intereses comunes puedan relacionarse y reforzarse para el beneficio de Europa, de sus estudiantes y, en general, de sus ciudadanos». El año siguiente, 29 países firman la Declaración de Bolonia (dos folios), que impulsa de forma definitiva lo que se conoce como Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), un espacio en donde todos nos podamos mover en unos parámetros más o menos homologables. A los dos años, en mayo de 2001, se vuelve a dar otro paso más con la Declaración de Praga, firmada por 32 países. En septiembre de 2003 se firma la Declaración de Berlín, de 9 páginas, la más extensa hasta la fecha. Finalmente, en mayo pasado, 45 países firmaron la Declaración de Bergen (Noruega), que repasa el cumplimiento de los objetivos trazados por parte de los distintos países. Hablamos de un proceso lento que se inició en Bolonia, donde se marcaron una serie de objetivos y, más o menos cada dos años, se han ido ajustando, añadiendo otros nuevos y estudiando el grado de éxito alcanzado hasta el momento. Todo el proceso, en sus puntos fundamentales, debe terminar antes de 2010.

Pues bien, ¿qué persigue Bolonia? Quiere impulsar cambios paulatinos en los sistemas universitarios de cada país de forma que se establezca un sistema comprensible y comparable de diplomas y títulos en toda Europa. Las propuestas más importantes son las siguientes:

1. La estructura de las titulaciones universitarias en todos los países será similar, en cuanto a duración: estudios de Grado (entre tres y cuatro años) y de Posgrado (Máster y Doctorado). Todos los alumnos graduados recibirán el Suplemento al Diploma, redactado en un idioma de amplio reconocimiento en Europa, en donde se dará información sobre las materias cursadas por el alumno que ha obtenido la titulación.

2. Cada "unidad de curso" (asignatura o seminario, en la actualidad) requiere la superación de un número dado de créditos, cuya suma será como máximo de 60 por año. Los créditos se computarán de forma similar en todos los países (horas de presencia en clase, prácticas en laboratorio, realización de trabajos individuales...). Así se avanzará en el reconocimiento mutuo de diplomas y periodos de estudio.

3. Se asegurará la calidad en la enseñanza superior mediante el establecimiento de agencias de calidad que trabajen de forma coordinada y la participación de agentes externos que evalúen el trabajo que realizan las universidades en sus departamentos y centros.

4. Se impulsará el Aprendizaje Permanente. La universidad debe ser la institución que garantice la formación «de por vida», estableciendo programas específicos y fórmulas que permitan participar en la enseñanza superior a personas que ya no están en el sistema educativo.

5. Se promoverá el atractivo del EEES, tanto dentro de Europa como para estudiantes de otras partes del mundo. Europa debe ser una potencia competitiva también en ese ámbito. Y recuerdo que la competitividad no es algo que nos dejen elegir.

Por supuesto, hay más propuestas, pero todas van en esta misma línea. Eso, que parece tan fácil de poner en marcha, tiene gran complejidad cuando cada universidad intenta adaptar su estructura a las nuevas directrices. Nadie, en ningún lado, habla de privatizar, de lenguas que desaparecen o de eliminar carreras (esto no viene en el paquete de Bolonia). Bolonia supone un avance importante en materia universitaria y está muy lejos de lo que algunos han querido vender, como se ve. Quizás si se hubiera hecho la huelga para protestar contra las propiedades nutritivas de la espinaca se habría acertado más.

COMPARTE