Opinión
13Septiembre
2005
13 |
Opinión

La hora de la política

Opinión
Septiembre 13 | 2005 |
Opinión

Javier Elzo

Opinión

El Diario Vasco


Rara vez la situación política ha sido tan difícil de definir como la del momento actual. El término incertidumbre quizás sea un buen calificativo. Que sea con el tendero de la esquina, el vendedor de periódicos, el amigo periodista catalán con el que hablas por teléfono, el comentario en el bar de la universidad con tus colegas, la conversación con los amigos, la cuestión es siempre la misma: ¿qué va a pasar ahora? Esta vez, ¿va en serio? ¿Se va arreglar de un vez? Parece que al menos se hablan, dirá uno. El clima ha cambiado, dirá otro, apostillando que no todos están por la labor. Aunque si te encuentras con un amigo empresario, o comerciante exitoso, te dirá que vuelven las cartas, las amenazas y los chantajes; aunque lo de volver es un eufemismo pues nunca han desaparecido. En definitiva, esperanza sí, pero esperanza mitigada por la historia de tantos fracasos anteriores que hace decir, a un compañero de trabajo, que él vive en un estado de ´desesperanza expectante´.
Verlas venir sería, a la postre, la actitud básica de una ciudadanía harta, hastiada y aburrida de que un grupúsculo, ETA, que ha sido capaz de crear una sociedad endogámica dentro de la sociedad vasca, traiga en jaque al conjunto de esa sociedad tantos años, cerca de cuarenta, matando y aterrorizando. Además, arrogándose el papel de intérprete y defensor de las esencias del pueblo vasco. Cómo es posible tanto engaño, tanta burla, y durante tantos años, es cuestión que aún me deja perplejo.

La legislatura anterior estuvo dominada por el increíble enconamiento de Aznar y por el plan Ibarretxe, del que se habló hasta la saciedad en todas partes menos en el Parlamento, con el desastroso final que sabemos. Tras las elecciones del pasado abril, con la prohibición de presentarse a las mismas a HB y Aukera Guztiak y la permisión de hacerlo a EHAK, (con triquiñuelas jurídicas que la ciudadanía no comprende o, quizás, ha comprendido muy bien) la composición del Parlamento vasco obliga a las fuerzas políticas a entenderse. A todas luces Zapatero no solamente tiene mejor talante que Aznar, lo que tampoco es muy difícil, aunque no sea eso lo esencial en un político, sino que ha mostrado comprender que la España una y unívoca no es la España real, que existen Euskadi y Cataluña como entidades diferenciadas -no sea más que por la voluntad de sus gentes-, que nacionalismo no es igual a terrorismo, que frente a ETA estamos la practica totalidad de vascos, también la mayoría nacionalista.

En la cúpula del PNV, tras la deriva lizarrista de la que todavía quedan, como bunkerizados, no pocos nacionalistas, soplan, sin embargo, vientos que son, junto a los de algunas gentes del PSE, EA, IU y Aralar, de lo más fresco que circula hoy por Euskadi. Fresco y actualizado. Reconforta leer que si de soberanía hay que hablar sería de soberanía compartida o cosoberanía. Reconforta, aún más, que en la mente de Imaz, salvo error de interpretación por mi parte, el concepto de soberanía, políticamente hablando, sea ya un concepto obsoleto y, a la postre, estéril, cuando no contraproducente para la resolución del contencioso vasco. Me gustaría poder decir lo mismo de la cúpula de EA, aunque tengo la (estimulante) impresión de que ese planteamiento también es mayoritario en sus filas y en no pocos de sus dirigentes.

Recomiendo la lectura del artículo "Subsidiariedad: en busca del equilibrio" del ministro de Asuntos Exteriores británico, Jack Straw (EL CORREO, 9-9-2005). Ciertamente el ministro barre para casa. Su tesis es que en lo que pueda decidir el Parlamento británico no interfiera el europeo. Entiende que así ambas instituciones saldrán reforzadas, que mejorará la eficacia de la gestión y que los sentimientos de pertenencia (múltiples) de los europeos no se verán lesionados teniendo que optar entre ser inglés, francés, holandés o europeo; lo que, entre otras razones, ha provocado el no al Tratado Constitucional de la UE de Francia y Holanda. Mi acuerdo es total con un solo, pero importantísimo matiz: que no se limite el principio de subsidiariedad a las relaciones entre los parlamentos de los Estados miembro y el Parlamento europeo. Aplíquese también a los parlamentos de las diferentes regiones, naciones, landers, comunidades nacionales o como se les quiera llamar.

Desde este planteamiento de fondo cabe dar una salida política al contencioso vasco. Es además la única salida que veo factible pues responde, por un lado, a la sociología profunda de la sociedad vasca, que tercamente muestra ser una sociedad mayoritariamente nacionalista, pero de un nacionalismo que no es mayoritariamente antiespañol; y, por el otro, entronca con la nueva configuración geopolítica que se está abriendo ante nuestros ojos, dando lugar a la globalización: un mundo global y mundializado, con grandes enclaves regionales (Europa, África, América del Norte, China, India, etcétera) y el auge de lo local y próximo, donde los ciudadanos se expresan y viven según su cultura, su idioma, su idiosincracia, su estilo de vida, su religión y hasta su gastronomía. Este es el planteamiento de fondo. Esta es la situación de fondo desde la que hacer política. Hablando, discutiendo, debatiendo, desde la realidad social y no pretendiendo, en su torre de marfil, imponer sus propias concepciones políticas a los demás.

Maragall en su mensaje institucional a los catalanes la víspera de la Diada lo acaba de decir: «si el nuevo Estatut ha de ser la guía del autogobierno de Cataluña para toda una generación, es necesario un debate en profundidad». Y ha añadido: «podemos abrir una nueva etapa más fraternal y también más genuina con el conjunto de los pueblos de España. Todo esto, aunque parezca difícil, es perfectamente posible, os lo aseguro». Yo también lo creo.

Ciertamente hay que acabar con ETA. Es nuestra urgencia y prioridad. Pero, ¿ya entiende ETA algo de lo que pasa en la sociedad globalizada? Peor aún, ¿ya entiende la gente de su mundo que los conceptos de soberanía y territorialidad son inservibles en el siglo XXI? Aunque puestos a preguntar, ¿sigue pensando el PP (y también gentes en el PSOE) que la soberanía, en el Estado español, reside exclusivamente en el Parlamento español?

En la legislatura que, de hecho, ahora comienza tras las vacaciones, no nos enredemos en las mesas, en las patas de las mesas, en quien habla con quien, en exigir a fulano que no hable con mengano como condición para hablar con él, y todos mirando a lo que hace ETA, para que puedan darse los diálogos previos, los de intercambio de documentos, los de los técnicos, los de los políticos, los resolutivos y así hasta el aburrimiento infinito. Es la hora de la política, es la hora de los políticos, como acaba de indicar el obispo de San Sebastián. Ya basta de dilaciones. ETA lleva cerca de dos años y medio sin matar a nadie. Pero el diálogo no debe estar condicionado a la acción de ETA. Hay que decirlo, una y mil veces, ese proceder supone dejar la iniciativa de la acción política en manos de ETA.

En fin, tendrá que entender, no solamente ETA, sino también la gente de su mundo, que las expectativas de paz no suponen en absoluto que todo terrorista, mientras siga en sus trece, pueda campar a su anchas y que la Policía deba mirar a otro lado. Y debieran entender, también, que cuando la Justicia llama a declarar a un líder del MLNV sus protestas de que con tal proceder se va en contra del proceso de la pacificación son pura verborrea mientras sigan calladitos cuando, por ejemplo, las dependencias de la Ertzaintza son asaltadas por la guerrilla callejera que no se deciden a finiquitar. Ya sabemos que no los van a condenar, pero ¿estos son, acaso, los pasos de la izquierda abertzale en la resolución del conflicto?

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