Opinión
10Junio
2005
10 |
Opinión

La manifestación

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Junio 10 | 2005 |
Opinión

El Partido Popular fue fundado en 1976 (como Alianza Popular) por seis ex ministros de Franco (Manuel Fraga Iribarne, Laureano López Rodó, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Licinio de la Fuente y Gonzalo Fernández de la Mora) y Enrique Thomas de Carranza, que fue secretario de la Confederación Nacional de Excombatientes (franquistas). Los llamaban ‘‘los siete magníficos’’. Más tarde, se incorporó nada menos que Carlos Arias Navarro. El nuevo partido fue presentado en setiembre de aquel año. En aquellos momentos tenían muy claro cómo tenía que ser la democracia (según Manuel Fraga): «Creemos en la democracia, pero en la democracia con orden, con ley y con autoridad» (subrayado en el original).

La necesidad de dotar de un partido a Adolfo Suárez (un falangista que era nada menos que el ministro-secretario general del Movimiento) ‘‘forzó’’ el nacimiento de la Unión de Centro Democrático que basa su organización en la estructura asentada del Movimiento Nacional: alcaldes, jefes locales, procuradores a Cortes,... una estructura que perduró hasta las elecciones locales de la primavera de 1979. Es cierto que a la UCD también se sumaron gentes de trayectoria democrática, pero la organización era la que era. A partir de este año, cuando comienza a desmontarse realmente el Movimiento Nacional, la UCD entra en crisis y la derecha, mayoritariamente de estirpe franquista, comienza a reagruparse en torno a Alianza Popular, partido que, en 1982, ya había logrado superar a la UCD tras la humillación de 1977. En 1989, Alianza Popular cambió su denominación por la de Partido Popular. Eso sí, sus dirigentes seguían siendo los mismos que en AP.

El ‘‘aznarato’’ (1996-2004) es una vuelta a las esencias de la Alianza Popular de los ‘‘siete magníficos’’ con los toques ‘‘joseantonianos’’ (que tan certeramente señaló el historiador Xavier Tusell).

Entre 1978 y 1995, las dos ramas de ETA (m y pm) y los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA) atentaron contra antiguos jerarcas franquistas, políticos de la UCD, del PSOE y del PNV (Iñaki Ibargutxi, en 1981). Un año antes, contramanifestantes de la llamada ‘‘izquierda abertzale’’ asesinaron en Bilbao al también jelkide Ramón Begoña. El único miembro del PP (AP) asesinado en aquel período fue Vicente Zorita. ETA militar vinculó el atentado a un conflicto laboral en la empresa Olarra. Como señalaba un articulista de ‘‘El País’’, con el asesinato de Gregorio Ordóñez y los demás concejales del PP y de la UPN, ETA contribuyó de forma decidida a homogeneizar en la ‘‘lucha por la libertad’’ a los partidos de larguísima tradición democrática y a una derecha que, en su movimiento pendular, volvía a sus esencias franquistas. En esta situación, Aznar consiguió sin dificultad que el PSOE se sumase a la estrategia de ‘‘democracia con orden’’, señalada por Fraga y los otros ‘‘seis’’ magníficos en 1976. ETA (y las víctimas que genera, aunque no todas) siguen siendo sostén de la ‘‘democracia con orden’’. O, por lo menos, lo fue hasta el 11 de marzo de 2004.

Al PP jamás le ha importado las otras víctimas del terrorismo (del franquismo, de la extrema derecha, de la ‘‘guerra sucia’’). Si tuviese que escuchar a todas tendría que escuchar cosas que no tienen nada que ver con la ‘‘democracia con orden’’. Por eso, a Pilar Manjón la insultan un día sí y otro también. A veces van mucho más allá. Hace unos días, Federico Jiménez Losantos, en la emisora de los obispos, trataba a Eduardo Madina de ‘‘retrasado mental’’ por no decir lo que dice la AVT.

La manifestación de Madrid convocada por la AVT y organizada por el PP y los gobiernos autonómicos, ayuntamientos y otras instituciones que gobierna (como en los mejores tiempos de la ‘‘demostración sindical’’ o de la ‘‘exaltación del caudillo’’) se parece bastante a un esfuerzo supremo por evitar el fin de la violencia de otra forma que no fuese por la vía del exterminio (derrota total y rendición incondicional): el IRA, los talibanes, los seguidores de Sadam, Hizbola,...ni han sido derrotados, ni se han rendido incondicionalmente. Franco, a pesar que como recordaba el embajador de Hitler en Burgos, Von Stöhrer, acabó con más de 300.000 personas tras la guerra (en los campos de Castilla y de Andalucía siguen apareciendo fosas comunes con víctimas de las escuadras falangistas) nunca derrotó totalmente a los demócratas.

Es el momento de Rodríguez Zapatero y de ETA. Los demás tenemos que contener la respiración y rezar porque todo salga bien. La manifestación de Madrid no puede determinar la acción del Parlamento. Si esto fuese así, otros tenemos más experiencia que la derecha en estas lides. Es cierto que para el PP hay manifestaciones y manifestaciones.

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