Editorial
Opinión
Diario de Noticias de Álava
Aunque puede considerarse normal como discurso hacia los militantes y votantes del PSE, parece aventurado el anuncio de Patxi López a Ibarretxe de su propósito de disputarle la presidencia del Gobierno vasco. Del resultado de las elecciones vascas debe concluirse que los ciudadanos que votaron prefirieron evitar las mayorías absolutas y obligaron a los partidos a pactar. Al parecer, esos pactos no van a resultar fáciles. El candidato socialista, que hizo muy bien en concurrir a las elecciones ofreciéndose como alternativa, sabe perfectamente que ese ofrecimiento no puede ir mucho más allá de la pura retórica o el reclamo electoral. Sólo con el apoyo del PP y de EHAK podría proclamarse lehendakari, pero se trata de apoyos que expresamente ha rechazado en la campaña. Cualquier cálculo con IU-EB o Aralar no solamente parece impensable sino que, además, sería insuficiente. Por más vueltas que quiera darle, cuenta con sólo 18 escaños y la mitad de votos que la coalición PNV-EA, escaso bagaje para tan ambiciosa intención. Se le achica, por tanto, el espacio para disputar en serio la lehendakaritza con un Ibarretxe que parece haber optado ya por el mismo Gobierno tripartito de la anterior legislatura, también en minoría, aunque con menos votos.
No puede plantearse tampoco López la posibilidad de liderar un Gobierno PNV-EA-PSE, primero porque los nacionalistas no se lo permitirían y, sobre todo, porque aún no está consolidada suficientemente la estabilidad del Gobierno del PSOE en Madrid, y esa posibilidad en Euskadi haría implacable la tarea de desgaste por parte del PP. Siendo realista, Patxi López tendrá que hacer realidad la intención que expresó ayer de participar desde el Gobierno o desde la oposición en el diálogo entre todas las fuerzas parlamentarias para la pacificación, la normalización política y la definición del marco jurídico político.
Ahí, en ese trabajo responsable y compartido es donde la fuerza del PSE tendrá que hacerse valer, tejiendo entre todos un escenario de complicidades y acuerdos. Un escenario ausente de la política vasca y de sus instituciones desde hace demasiados años y en el que a los socialistas les corresponde un papel fundamental.