Opinión
04Febrero
2005
04 |
Opinión

Decidir y pactar

Opinión
Febrero 04 | 2005 |
Opinión

Xabier Gurrutxaga

Opinión

El Correo


A pesar del rechazo rotundo que reflejó la votación del Congreso, el lehendakari ha salido reforzado del reto que representaba la defensa en Madrid del Nuevo Estatuto. A sabiendas de la derrota y de las limitaciones que le imponía la polémica tramitación parlamentaria, el lehendakari aceptó el reto y con ello comprometió al nacionalismo vasco a tener que asumir la defensa de su proyecto fuera de casa con todo lo que ello supone de incomodidades e incomprensiones, pero también con la ventaja de poder comunicar sin tergiversaciones a la sociedad española y a sus representantes el verdadero contenido del acuerdo del Parlamento y para empezar a tejer solidaridades.

Del debate han salido reforzados los tres grandes protagonistas: Ibarretxe, Zapatero y Rajoy. Si bien los primeros beneficiados van a ser los partidos catalanes. Como reconoció el presidente a los periodistas en un encuentro informal posterior, el lehendakari se ha visto beneficiado y reforzado ante su propio electorado. Pero, además, se ha colocado con una vis atractiva propia´ ante dos tipos de electores distantes. Por una parte, ha logrado dar solidez a una corriente de simpatía existente en una buena parte del electorado de la izquierda abertzale por su firmeza en la defensa del ´derecho a decidir´. Por otra parte, desde la sorpresa por la aprobación del plan, el presidente del EBB y el lehendakari han adaptado inteligentemente su discurso convirtiendo las ideas de la negociación y el pacto en el eje central de su estrategia. Así, han conseguido contextualizar razonablemente la otra gran idea de su discurso que es la de la consulta. En dicha estrategia, el objetivo central es crear las condiciones para que el Estado se vea obligado democráticamente a entrar en una dinámica de pactos.

Con una lógica aplastante Josu Jon Imaz desvelaba hace poco la razón de ser de la consulta, cuando señalaba que con ella fundamentalmente lo que se pretende es forzar la negociación. Esta supremacía concedida a las ideas de la negociación y la obligatoriedad del pacto coloca a ese nacionalismo pactista en una zona de contacto influyente con una parte del electorado no nacionalista que, sin apoyar el plan, defiende como única salida la obligación del pacto entre las instituciones vascas y estatales. Forman parte de ese 70% de la población que en las encuestas habría manifestado su posición favorable a la negociación entre el Congreso y la delegación del Parlamento. Seguramente es esa parte de la población que se identificó con el lehendakari cuando afirmó que existe un punto de encuentro basado en el derecho a decidir de los vascos y en la obligación de pactar. Al señalar desde ahora la fecha electoral, el lehendakari refuerza su capacidad de iniciativa y extiende su área de influencia y control sobre la situación política. Solamente ETA, con una declaración de cese de violencia y la consiguiente legalización de facto de Batasuna, puede alterar la situación prevista de aquí hasta las elecciones.

 

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