MANIFIESTO DEL PARTIDO DEMOCRATA EUROPEO
09Diciembre
2004
09 |
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MANIFIESTO DEL PARTIDO DEMOCRATA EUROPEO

MANIFIESTO DEL PARTIDO DEMOCRATA EUROPEO
Diciembre 09 | 2004 |
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En algunos períodos de su Historia, los pueblos ha tenido que tomar decisiones decisivas. Eso es lo que nos ha ocurrido a nosotros los europeos en este comienzo del siglo XXI. Debemos hacer frente a profundos cambios que transforman el mundo y Europa, y que nos plantean nuevos retos.


Europa es la única respuesta democrática y efectiva para afrontar estos retos.

 

Es únicamente aunando nuestras fuerzas como podremos apoyar y defender nuestros valores en Europa y fuera de ella. En lugar de responder pasivamente a la nueva apuesta mundial, esforcémonos por armonizar nuestros intereses comunes para conciliar mejor nuestras divergencias nacionales.

 

Los países europeos ya no pueden, en el mundo actual, garantizar por sí solos a sus ciudadanos la seguridad y la prosperidad; o bien persisten en aferrarse a sus antiguas estructuras nacionales lo que vemos que es un impasse político, o bien deciden una mayor integración política dentro de la Unión Europea. Ante la globalización, para los Estados Miembros de la Unión Europea no hay futuro sin Europa. No hay futuro fuera de Europa...

 

UN NUEVO MOVIMIENTO POLÍTICO PARA UN FUTURO COMÚN EN EUROPA

 

Necesitamos una fuerza política que se dedique a la promoción de la integración política europea. Esta fuerza debe estar decidida a batirse para que sean las soluciones europeas las que ganen las próximas batallas políticas. Esta fuerza debe llevar el debate europeo a nuestras sociedades y trabajar con constancia en este objetivo, tanto a nivel europeo como nacional, regional o local.

 

Hoy día, falta en la Unión Europea un movimiento político transnacional, clara y profundamente volcado a la integración más avanzada de nuestro continente, un movimiento que reúna a todos los que creen en el futuro europeo y están determinados a trabajar para que su visión de Europa se convierta en realidad. Millones de europeos no se sienten bien representados a nivel de la Unión Europea; ven a las principales formaciones políticas en el Parlamento Europeo como organizaciones heteróclitas, sin alma, y no como a verdaderos partidos basados en valores e intereses comunes. Estos europeos están esperando una respuesta, y esa respuesta debe comenzar por una fuerte afirmación de nuestro objetivo – para construir una Europa democrática, libre y atenta, una "unión cada vez más cercana" pensada para hacer más viva la integración europea en el corazón de los ciudadanos.  Necesitamos una nueva fuerza política europea que pueda atraer a todos aquellos que creen con entusiasmo en el futuro de Europa. Necesitamos una fuerza política europea capaz de elaborar y desarrollar relaciones con los partidos cercanos. La relación con el Partido Demócrata americano ayudará en particular a la promoción de una visión euroatlántica de la comunidad internacional, reforzando nuestros valores de paz, cooperación y solidaridad en todo el mundo.

 

Necesitamos un compromiso de Europa que ya no sea el resultado de compromisos basados en el mínimo común denominador, sino en la certeza de una historia europea compartida y la voluntad de vivir juntos nuestro futuro político. No debemos perder nunca nuestra visión última de la integración europea: construir una Europa política, próspera y solidaria.

 

Ante los euro-escépticos y los euro-miedosos, cuyo rechazo o reticencia a compartir las soberanías nacionales explican la mayoría de los fallos de la actual construcción europea, ya es hora de crear un nuevo movimiento político en Europa: el Partido Demócrata Europeo.

 RECONSTRUIR EL MÉTODO COMUNITARIO

 

El éxito de la integración europea ha estado basado siempre en el "método comunitario". Democrático, eficaz y sencillo, está basado en un equilibrio entre las tres principales instituciones europeas: el Parlamento europeo, expresión directa de la opción democrática de los ciudadanos europeos y ejemplo único de democracia supranacional en el mundo; el Consejo de Ministros, constituido por Gobiernos de los Estados Miembros que toma decisiones; y la Comisión Europea, órgano independiente que representa y fomenta el interés común europeo. Estas tres instituciones constituyen la clave del "método comunitario".

 

Actualmente, este método sigue siendo la clave la construir la Europa del mañana.

 

No existe futuro para la Unión ampliada sin democracia. El veto nacional que conservan los Estados Miembros deberá ceder ante la norma de la doble mayoría de los Estados y de las poblaciones en el Consejo. La Comisión deberá reforzar su capacidad para defender y favorecer el interés colectivo en su calidad de guardiana de los tratados y mañana de la Constitución. El Parlamento deberá asumir políticamente la codecisión legislativa con el Consejo y el control parlamentario de la Comisión. La Unión pasará así la página de las negociaciones opacas realizadas lejos de la mirada del público y de los pequeños acuerdos entre gobiernos. Ha llegado la hora de que nuestras instituciones trabajen de forma más transparente al servicio de los ciudadanos y de dar en su nombre un nuevo impulso a la Unión.

 

NUESTROS VALORES: PAZ, LIBERTAD, DEMOCRACIA, SOLIDARIDAD Y EDUCACIÓN

 

El proyecto europeo no se limita a crear un mercado interior y una moneda común, aunque se trata de etapas imprescindibles para la construcción comunitaria. El motor esencial ha sido siempre una visión compartida de Europa, basada en un profundo sentimiento  de que tanto el presente como el futuro se apoyan en valores fundamentales comunes.

 

La paz es la matriz de Europa. La integración de nuestro contienen ha sido primero y ante todo una respuesta a la guerra y la violencia. La paz ha triunfado al espíritu de hegemonía y la dictadura. Europa ha elaborado una especie de derecho a la paz. La paz entre nacionales y pueblos que han estado siempre en guerra unos contra otros es una de las consecuciones más formidables y extraordinarias de la aventura europea.

 

Después de la paz viene la libertada, libertada para cada hombre y cada mujer para dar lo mejor de ellos y aprovechar la posibilidad de construir una vida digna para ellos y sus familias, libertad para desempeñar un papel activo en la comunidad dentro de una sociedad democrática, y libertad para vivir y trabajar en un entorno seguro y estar protegidos contra los avatares de la vida. La justicia comprende también la libertad contra la opresión y el derecho al equilibrio y el tratamiento justo ante la ley. Las libertades económicas y civiles son a la vez valores y un objetivo de nuestra unión.

 

Una Europa justa es una Europa en la que cada cual tiene la libertad para ejercitar verdadera y totalmente sus derechos democráticos. La democracia no es un derecho adquirido, es una planta frágil a la que se debe cuidar todos los días, un valor al que hay que alimentar, por el que hay que saber luchar contra el auge de los populismos y los extremismos. Para afirmar nuestra visión ante las inquietudes y las frustraciones, debemos poder convencer de la justeza de las soluciones europeas. Una Europa democrática no puede tolerar la exclusión, la discriminación étnica, sexual, religiosa, nacional o basada en la lengua o el origen social. La Europa que nosotros queremos es una Europa en la que cada cual pueda aprovechar la libertad que ofrece la economía social de mercado, en la que todos y cada uno de nosotros pueda sentir que pertenece a una comunidad basada en la solidaridad y la redistribución de las riquezas y en la que todas pueden participar en la vida democrática.

 

Esta participación debe expresarse lo más cerca posible de los pueblos. En este momento en el que la ampliación pone a prueba los vínculos de nuestra comunidad política europea, existe en nuestros Estados Miembros una necesidad de profundización de las comunidades locales y regionales. Europa no puede esperar unificarse políticamente si no es respetando una subsidiaridad real y renovada. Los ciudadanos europeos deben sentirse más implicados y saber que tienen algo que decir en los procesos de toma de decisión a nivel europeo. Las diferentes comunidades locales, regionales y nacionales constituyen la esfera política europea, al mismo título que las instituciones comunitarias, y participan todas ellas en la democracia europea. Nuestra ambición política es una democracia dinámica y próspera en la que todos los protagonistas de la sociedad se sientan implicados y asuman sus responsabilidades.

 

Esta democracia participativa debe hacerse oír con el diálogo, tanto dentro de la Unión como entre la Unión y el resto del mundo. El diálogo es la base de la democracia en Europa y de la paz en la escena internacional. Europa tiene una importante responsabilidad hacia todo el mundo. Europa es multicultural y debe inspirarse en ese modelo para fomentar el diálogo entre sus ciudadanos y los pueblos del mundo, y desarrollar una nueva filosofía de las relaciones internacionales volcadas hacia el multilateralismo. En este aspecto, Europa necesita hablar con un voz única en los foros y organizaciones internacionales, en particular en las Naciones Unidas. Para tener un peso en la escena internacional, Europa deberá desarrollar una política de defensa común, principalmente definiendo de nuevo la Alianza Atlántica para que la imprescindible relación transatlántica repose sobre dos pilares iguales, un pilar americano y un pilar europeo. Estos desarrollos deben tener por objetivo contribuir a lograr un mundo mejor, un mundo más seguro, más eficaz y más justo; un mundo en el que la estabilidad y el desarrollo mutuo se refuercen a todos.

 

Los Padres fundadores de Europa deseaban una construcción solidaria, caracterizada por una distribución más justa de los recursos y las oportunidades y un alto grado de justicia social. Cincuenta años después, esta expectativa por una sociedad más justa continua siendo de actualidad a pesar de los avances conseguidos y consolidados por la Unión Europea. Una sociedad más justa es una sociedad basada en la solidaridad. Para los gobiernos, marcar su solidaridad consiste en cooperar más, poner más en común los recursos y compartir más estrechamente las soberanías. Para los ciudadanos, mostrar su solidaridad significa que cada uno debe contribuir al bienestar de la comunidad. Con esta perspectiva, la solidaridad y la libertad son indisociables y forman los dos instrumentos para eliminar la exclusión y erradicar la pobreza de toda Europa.

 

Los valores de solidaridad y libertad determinan nuestro modelo de desarrollo económico europeo, la economía social de mercado. Este modelo encarna la democracia europea que aspira a armonizar, en la teoría y en la práctica, tanto la protección de los derechos sociales y culturales, como la de las libertades civiles y económicas de sus conciudadanos. Todos los derechos fundamentales simbolizan a la Unión Europea, única democracia mundial que inscribe el principio en su Constitución.

 

La solidaridad es esencial en la Europa actual y lo será también en la del futuro. La solidaridad y la justicia social no sólo son necesarias en la sociedad de hoy día, son que también son vitales para la prosperidad de generaciones futuras. Una comunidad europea construida sobre la justicia social y la solidaridad será beneficiosa para todos. Necesitamos acercar las generaciones. Debemos dar sustancia a la idea de solidaridad, reconociendo resueltamente que una Europa unificada es aquella en la que la cohesión social debe ser tratada como un reto común, una Europa en la que las buenas prácticas deben ser intercambiadas y las buenas soluciones aplicadas en las poblaciones y regiones, tanto las ricas como las  pobres, las más centrales como las más periféricas, reconociendo el papel estructurador de los servicios de interés general en la acción política de la Unión y de sus estados miembros.

 

La libertad la democracia y la solidariedad, sólo pueden ser conservadas si nosotros tomamos en mano nuestro presente y nuestro futuro. La primera inversión en el futuro atañe a la educación, porque la educación es la clave de la autodeterminación y la emancipación. La educación, junto con la investigación y el desarrollo, es la clave de una Europa próspera y debe constituir el cemento de la reforma de nuestros modelos de mercados sociales. Europa no debe olvidar que desde hace más de un siglo, la educación de las sucesivas generaciones alimenta su prosperidad de hoy. Continuar en la misma vía no puede sin contribuir al auge de una Europa pacífica, en la que la cultura, la cohesión social y las libertades civiles forjen una sociedad sólida y preparada para medirse con los demás protagonistas mundiales.

 

Estos valores son esos sobre los que se ha construido Europa, los valores que inspiraron a los Padres de Europa –Konrad Adenauer, Alcide de Gaspari, Robert Schuman, Jean Monnet, Paul-Henri Spaak y Altiero Spinelli- cuando decidieron instaurar la integración de los Estados y los pueblos de Europa. Estos valores también han guiado la visión política de otros líderes europeos – como François Mitterrand, Helmut Col, Jacques Delors, Valery Giscard dEstaing y Romano Prodi – que han desempeñado un papel en la construcción de una unidad política europea. Ellos han inspirado a todos aquellos que, en Europa Central y Oriental, como Vaciav Have y Bronislaw Geeremek, han luchado por restaurar la democracia en sus propios países, sin perder de vista la unificación final de Europa.

 

La visión demócrata de una Europa próspera y pacífica es un proyecto común basado en valores comunes. Una visión compartida por la nueva generación de hombres de estado europeos, determinados a continuar el camino sus antecesores hacia una integración más estrecha de Europa, punto de anclaje de la estabilidad de nuestro continente. Estos valores guiarán a los demócratas europeos en su actuación hoy y mañana.

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