Se refería D. Roberto Jiménez el pasado10 de septiembre en el pleno monográfico sobre autogobierno al derecho a decidir. Señalaba que, como concepto, desde una perspectiva democrática tiene su lógica, pero que la clave estaba en el ámbito de decisión, es decir, en el sujeto político. Dicho de otra manera, en quién decide o puede decidir determinadas cuestiones. Hasta aquí, razonablemente de acuerdo.
A continuación, subrayaba que la continuidad de Navarra en España, o la de Cataluña, afecta a todos los españoles (citaba por ejemplo a andaluces, extremeños) y que, por lo tanto, esa decisión no compete sólo a la ciudadanía navarra sino a la ciudadanía de todo el Estado. Destacó que ese concepto para él y para su partido era angular. Ahí está el meollo y nuestro profundo desacuerdo.
Veamos. La ciudadanía escocesa va a decidir en solitario su futuro. Y es obvio que la continuidad o no de Escocia en el Reino Unido afecta también a Inglaterra, Gales o Irlanda del Norte. Nadie discute eso. Es incuestionable. Y sin embargo deciden sólo los escoceses y las escocesas. Y no creo que el Sr. Jiménez piense que el Sr. Cameron se ha vuelto loco.
Me atrevería a decir más. En un mundo tan interdependiente como éste, cada vez de mayores soberanías compartidas, lo que decida la ciudadanía escocesa también afecta al resto de Europa. Nos afecta a los navarros y navarras, y afecta también, por ejemplo, a la ciudadanía catalana, andaluza, bretona, corsa o bávara. Y no sólo nos afecta Escocia. También lo que está sucediendo en Ucrania y en qué medida pueda ello modificar el actual mapa europeo. Vivimos, y es algo inexorable, en un mundo lleno de realidades que afectan a la ciudadanía navarra y sobre las que ésta no puede decidir.
La cuestión, en consecuencia, no es a quién afecta o no, sino si Navarra es una sociedad que, fruto de múltiples factores, es autopercibida por sus ciudadanos como una sociedad con identidad propia y diferenciada, ni mejor ni peor que nadie, como una sociedad madura que quiere tomar las decisiones más relevantes sobre su destino, consciente obviamente del mundo global en el que vivimos.
En este terreno, es verdad que tan legítimo es sentir que Navarra sí tiene esa identidad propia como creer que no, que puede tener ciertos rasgos propios pero insuficientes para poder calificarlo como sujeto político diferenciado.
La pregunta es: ¿está listo el PSN para aceptar, con la vista puesta en el futuro, que lo esencial es cómo se autoperciba la sociedad navarra, o considera el PSN que, piense y sienta la mayoría de la sociedad navarra lo que sea, existe una línea roja según la cual Navarra nunca podrá decidir sola su rumbo porque esa decisión corresponde por definición a toda la ciudadanía del Estado? Si le hacemos caso al Sr. Jiménez, la respuesta es clara. Nunca los navarros y las navarras podrán decidir solos ciertas cosas, aunque mayoritariamente quieran hacerlo.
Es cierto que, hasta ahora, desde el final de la dictadura franquista, los partidos políticos que defienden que no corresponde a la ciudadanía navarra decidir si Navarra continúa dentro o fuera de España, sino que Navarra, con sus especificidades, forma parte inseparable de España han obtenido un respaldo mayoritario en las urnas.
En la actual legislatura, UPN, PSN y PPN representan 32 de los 50 miembros del Parlamento Foral. Somos conscientes de esa realidad y la respetamos. Trataremos de convencer a cada vez más ciudadanos de que Navarra es un sujeto político capaz de tomar sus propias decisiones, trataremos de que cada vez más navarros y navarras sientan de esa manera, y en paralelo, en el marco legal vigente, trabajaremos con todas nuestras fuerzas al menos para defender y mejorar el autogobierno que tenemos reconocido, convencidos de que las decisiones tomadas desde Navarra se adaptan mejor a los problemas específicos de nuestra ciudadanía, un autogobierno que de facto se ha visto limitado en los últimos años.
En cualquier caso, ¿cuál será la actitud de UPN, PSN y PPN si los resultados en las urnas no siguen respaldando esa mayoría? ¿Será la misma que PP y PSOE están dando ahora en Cataluña? ¿Será la misma que ya dieron PP y PSOE en su momento a la CAV? ¿La de señalar que da igual que haya una mayoría en Cataluña o en la CAV que sienta de una determinada manera, ya que eso lo decide España? ¿Tendrán la capacidad de dar de verdad el salto al siglo XXI e interiorizarán que un matrimonio no se puede mantener si una de las dos partes no quiere? ¿Se darán cuenta de que ya no es como en el siglo XIX que la mujer no se podía divorciar sin el permiso del marido? ¿No les parecerá imprescindible saber lo que piensa y quiere cada una de las partes? ¿No reconocerán a Navarra como una de las partes aunque una mayoría amplia se sienta como tal? ¿Reconocerán que, tanto si se desea seguir juntos como si se prefiere seguir caminos separados, la forma de hacerlo deberá ser acordada también por las partes?