Koldo Mediavilla
03
Febrero
2014
Opinión

"Será lo que quiera ser"

Koldo Mediavilla
03
Febrero
2014
Opinión

Vaya chasco me he llevado. Inocente de mí. En los últimos días había escuchado citas que me inducían a pensar que, al fin, la sensatez se asentaba en la política, pero no. Todo fue un equívoco. Había oído a varios dirigentes socialistas hablar del “derecho a decidir” y de “ser lo que quiera ser”. Y se me alegraron los oídos.

Con ingenuidad, observé otro titular. Esta vez protagonizado por la presidenta vasca del PP. Hablaba con serenidad de que “unos se van y otros siguen. Es ley de vida” y pensé que se refería a Escocia, Catalunya o en Euskadi. Y soñé despierto. Pero no. Que calamidad. Eran frases sacadas de contexto.
Los socialistas hablaban para su parroquia. Y aplicaban “el derecho a decidir” a Rubalcaba. A si decide presentarse o no la reelección en el próximo proceso de primarias.

La cita de Arantza Quiroga tampoco tenía que ver con la actualidad política vinculada al devenir de los pueblos. Era algo más doméstico dirigido a Mayor Oreja o San Gil. “Unos se van y otros siguen” pero en el PP. Kakazaharra!.La primera en inducir a equívocos fue Susana Díaz, la emergente dirigente andaluza, de bolos por el Estado en una interminable campaña de primarias que comenzará, oficialmente el mes de noviembre.
La presidenta de la Junta de Andalucía acudió el sábado a Euskadi en visita privada. Vino para arropar a Patxi López en unas jornadas que prometían mucho pero que sólo han servido para exhibir el perfil candidatable del portugalujo en el escaparate de “caucus” primario. Fotos y más fotos a la búsqueda de avalistas en un proceso interno que se nos va a hacer eterno. Al ex lehendakari le hubiera gustado que Susana Díaz le ungiera como el “elegido” del nuevo socialismo español. Y, en el momento, la escenificación indujo a pensar que lo había conseguido. Las palabras de Díaz, sonaron como un isopazo, pero, vistas con perspectiva , no fueron sino la palmadita en la espalda que la andaluza está dispuesta a dar a todo el que se le acerque buscando su complicidad. Lo dijo el pasado sábado en Donostia; “Patxi López será lo que quiera ser”, y lo repitió el miércoles en Madrid, pero con distinto destinatario; el secretario general socialista de Castilla La Mancha, Emiliano García Page quien, a su juicio, también “será lo que quiera ser”.
No dudo en que Chacón, Madina o cualesquiera otro postulador a líder del PSOE serán, a juicio de la presidenta andaluza, “lo que quieran ser”, una fórmula educada e ingeniosa de quitarse compromisos del medio. Hasta el propio Alfredo Pérez Rubalcaba entra en ese ámbito autodeterminista. Lo ha dicho el alcalde de Toledo: “Alfredo se ha ganado el derecho a decidir sobre su propio futuro”. Acabáramos. A los parlamentarios del PSC que votaron a favor del derecho a decidir se les abría expediente de expulsión mientras que a Rubalcaba se le reconocía explícitamente tal derecho. Como diría Calimero; es una injusticia.
Lo de la articulación política del Estado sigue siendo una asignatura pendiente que ninguno de los grandes partidos españoles parece estar dispuesto a hincar el diente. El PP, con Rajoy como cabeza visible, alimenta la confrontación con Catalunya. “No habrá referéndum” y “no se desgajará una parte de España”.
Los socialistas por su parte intermedian con una propuesta de reforma federal que nadie sabe qué es, ni qué dibujo territorial plantea. En tal sentido, Rubalcaba ha enviado un escrito al presidente del Congreso por el que solicita la creación de una subcomisión que analice una posible reforma constitucional. Una subcomisión para un subdebate. ¿No resulta subestimar el problema?.

En lo que sí parecen haberse puesto de acuerdo socialistas y populares es en recuperar el recurso previo de inconstitucionalidad en las reformas estatutarias. De facto, el recurso previo convertiría al Tribunal Constitucional en una tercera cámara legislativa. Es decir que, con anterioridad a que los proyectos estatutarios sean aprobados en sede propia o en las Cortes, con anterioridad a que el acuerdo político entre partes sea ratificado plebiscitariamente, una de ellas, o las mayorías parlamentarias que se establezcan, podrán recurrirlo ante la más alta instancia judicial. De esta manera, se facultará al Tribunal Constitucional a laminar el texto sin pasar el trámite bochornoso del “cepillado” post referéndum, como ocurrió con el Estatut catalán. Más cortapisas, más obstáculos a una posible “convivencia pactada”. Más centralismo, más puertas cerradas al reconocimiento de realidades nacionales que no sea su España eterna.
Quienes no dudaron en sumar sus fuerzas para, en quince días, y sin pasar por las urnas, modificar la Constitución de cara a establecer los márgenes de estabilidad presupuestaria, vuelven a unir voluntades para garantizar la inalterabilidad de la Carta magna frente a la “amenaza nacionalista”. Siguen sin comprender que desatender las reivindicaciones de las nacionalidades históricas, condenarlas a la subordinación y encorsetar la voluntad de su ciudadanía , lo único que puede generar es mayor conflicto, mayor distanciamiento social. Un desarraigo que actuará como levadura social del independentismo.
En la cuna de la democracia moderna, en el Reino Unido de la Gran Bretaña nadie duda de la capacidad de decisión de los sujetos políticos que lo componen. Es un principio democrático compartido y no cuestionado. De ahí que el gobierno presidido por Cameron haya admitido, sin aspavientos ni histerismos el referéndum de independencia en Escocia. Cameron defiende y lo hará vehementemente el “no” a la independencia, y su apuesta por la unión, con toda la contundencia que le permitan, jamás interferirá en el pronunciamiento libre de los escoceses. Ni condicionará el mismo a la participación total de los ciudadanos del conjunto de la Gran Bretaña.
Rajoy no es Cameron. Ni la democracia encontró cuna en España. Aquí, hasta el más pequeño debate, como el mantenido estos pasados días sobre la posible celebración –en el año 2020- de la Eurocopa de fútbol, destapa la pasión del “Santiago y cierra España”.

Basta que los nacionalistas digamos que nos gustaría que Euskadi pudiera participar oficialmente en dicha competición y que si llegara a clasificarse –por méritos propios- pudiera jugar como escuadra anfitriona en el estadio de San Mamés, para que se nos desacredite ferozmente por quienes siempre han hecho valer su posición predominante.

Basta que hayamos dicho que queremos tener la oportunidad de que unos deportistas, los que así lo estimen, defiendan el color verde de nuestra camiseta, con el mismo rango que otros equipos, para que se nos descalifique como “rancios nacionalistas”, “quiméricos aldeanos de ensoñaciones absurdas”.

Sí, esta misma semana, algunos refinados imitadores de “Manolo el del bombo”, nos han tildado de “irresponsables”, de “vivir obsesionados con España”, de “hacer el ridículo”. Simplemente por pedir, con respeto, que se reconozca oficialmente a nuestros deportistas, con equipo propio, participar en grado de igualdad en competiciones internacionales. Y, por qué no, en la Eurocopa 2020. El mismo grado de oficialidad y reconocimiento con el que lo hacen Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda del Norte, Andorra, las islas Feroe o hasta Gibraltar.

Cameron seguro que lo permitiría.

¿Y Susana Díaz? . ¿Qué pensará al respecto?. Con un poco de suerte, nos responde que “seremos lo que queramos ser”. Eso sí que sería maravilloso.

Nuestra aspiración, simplemente, es ser la verde. Ser Euskadi.
En contrapartida, prometemos no presentarnos a las primarias. Palabra de vasco

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