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De Madrid a Panamá sin pasar por Euskadi

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Enero 08 | 2014 |
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Deia


Acabamos de conocer que la ministra de Fomento, Ana Pastor, ha viajado el pasado fin de semana a Panamá para mediar en el conflicto surgido entre la autoridad panameña y una constructora española, Sacyr Vallehermoso, por el contrato de las obras de la ampliación del Canal de Panamá. No conozco los pormenores de cómo fue el proceso de adjudicación de las obras de ampliación del Canal de Panamá, pero lo que sí queda meridianamente claro a la luz de casi todas las informaciones (se puede afirmar) es que la empresa española resultó adjudicataria después de una baja económica descomunal, al estilo marca España de los mejores momentos de la burbuja inmobiliaria. Es plausible que una ministra entre a mediar entre el gobierno panameño y una constructora española, evidentemente siempre que lo haga dentro de los obvios cánones de legalidad y transparencia, y no tengo por qué dudar en ese sentido de la actuación de la ministra de Fomento. Ahora bien, el lector tiene que entender que, en mi calidad de senador vasco, me genere extrañeza la actitud de Ana Pastor, puesto que ella no se aplica el cuento en obras que su Ministerio adjudica. Evidentemente, me refiero a la Y vasca. Me refiero a la infraestructura más importante que se está construyendo y que, probablemente, jamás se haya construido en nuestra tierra, en Euskadi. Una línea de Alta Velocidad que, inicialmente, tenía que haber estado finalizada para 2010 (más tarde, este calendario se pospuso a 2013, a excepción del tramo guipuzcoano, que quedó aplazado a 2015 o 2016).

A la vista de la visita relámpago de Pastor a Panamá, cualquiera diría que la ministra tiene su casa totalmente organizada, pero mi percepción y la de muchos vascos es que el Gobierno que preside Mariano Rajoy no considera oportuno ni necesario adecuarse y atender los criterios de prioridad expresados por la Unión Europea respecto a la obra a la que nos referimos. Recordemos que los inicios de este proyecto se remontan a 1989, es decir, nada más y nada menos que la friolera de 24 o 25 años. Expresándolo de otra manera: en el caso de la Y vasca, no se está respondiendo a la prioridad planteada por la Unión Europea. La realización de inversiones en estos momentos resulta un factor importante tanto para el presente como para la búsqueda de competitividad en el futuro. Es imprescindible tener en cuenta que, entre otras muchas razones, la importancia de este proyecto radica en que el Arco Atlántico al que nos estamos refiriendo concentra entre un 30% o un 40% del PIB de la zona euro.

¿Cuál es la situación actual? Que el año 2013 ha terminado con las obras retrasadas, y no solo eso: en los tramos tanto alavés como vizcaíno, los que dependen directamente del Gobierno de Madrid, se ha paralizado el tajo. Por no hablar ya del tramo Burgos-Vitoria, en el que ocurre otro tanto de lo mismo. A su vez, tenemos que recordar que algunos de estos tramos reciben ayudas por parte de la Unión Europea. Esto quiere decir que estas obras van a ser vigiladas en su cumplimiento por diferentes instituciones de ámbito europeo. ¿Qué va a hacer la ministra Pastor mientras viaja a mediar en obras de otros países? ¿Perder ayudas de la Unión Europea? ¿Tener unos tramos para los que todavía no tiene ni siquiera los proyectos, y tener al mismo tiempo otros tramos de obra finalizados, como el ramal guipuzcoano, de cuya ejecución se ha responsabilizado en exclusiva el Gobierno Vasco?

Mientras la ministra Pastor se va a Panamá a arreglar el problema de una constructora española, y para ello se cita con el presidente panameño, en Euskadi la ministra no se quiere reunir con la Consejera de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi, para hablar de los problemas que vive en estos momentos el proyecto de Alta Velocidad en Euskadi. Pero hay más. Entretanto, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, Adif, está trasladando a las constructoras que ejecutan la Y vasca la orden de ralentizar las obras que ya están en marcha. Todo ello sin un calendario, sin una planificación a la que podamos atenernos. Si analizamos los Presupuestos Generales del Estado para el recién finalizado 2013, observaremos que el Ministerio de Fomento tenía presupuestados 3.302 millones para la alta velocidad: para el tramo vasco, y pese a ser un proyecto prioritario para la UE, únicamente se habían destinado 190 millones de los 3.302 millones (apenas el 5,75% de la inversión total). Pero hay más, y peor. Para el año 2014, los Presupuestos Generales del Estado vuelven a recoger 190 millones de euros para la Y vasca, una cantidad que resulta a todas luces insuficiente para poder cumplir los objetivos de Alta Velocidad en Euskadi, a los que el propio presidente Rajoy se comprometió ante diversas instituciones.

En estos momentos, el Ministerio de Fomento tiene en el conjunto del Estado español como inversiones más importantes tres corredores, de los cuales dos entran dentro de la prioridad de la Unión Europea señalada anteriormente. Pues bien, el Corredor del Noroeste logró mantener en 2013 el 88,64% del presupuesto de 2012; el Corredor del Mediterráneo mantuvo el 94,34% del presupuesto previo; y el Corredor Norte de alta velocidad, que se corresponde con el Eje Atlántico en el que se encuentra la Y vasca, únicamente recoge el 50% del presupuesto de 2013 con respecto al de 2012. Dicho de otro modo, el presupuesto de la Alta Velocidad baja a la mitad solo en Euskadi. Alguien tendrá que dar alguna explicación a esta importante bajada.

Para finalizar, dos conclusiones. Primera conclusión: observamos con alarma y preocupación que el PP y el Ministerio de Fomento, o sea Madrid, están abandonando la obra de la Y vasca de una manera peligrosa. Hay empresas que se ven obligadas a parar los trabajos y las obras porque el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias les induce a trabajar al 15% de sus posibilidades, y algo mucho más grave: incumple cualquier ley y cualquier criterio moral el hecho de que desde la Administración central se pidiera en algunos momentos a algunas de las empresas adjudicatarias que no certificasen obra ya realizada. Es decir, las empresas no iban a poder todavía cobrar lo realizado, lo ejecutado. Segunda conclusión: en el año 2013, tal y como he planteado, 190 millones para Euskadi de 3.302 millones de inversión en Alta Velocidad, es decir, el 5,75% de la inversión presupuestada, dato claramente insuficiente para los compromisos ya adquiridos.

La conclusión final, evidentemente, no puede ser otra: el Gobierno de Mariano Rajoy está priorizando otras infraestructuras que hacen que la conexión con Europa a través de Irún quede relegada. Y yo me pregunto: ¿Tiene sentido que la ministra de Fomento vaya a arreglar a otro continente los mismos problemas que no es capaz de afrontar, gestionar y solucionar su propio Ministerio?

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